Las luciérnagas mudas del verano
se pierden con las chispas de la hoguera,
rondan los restos de esta ropa vieja
que se quema en la noche del amor.

De mis casas y gentes,
objetos y artefactos.
De todas mis ideas,
de todos mis intentos.
De todo lo querido,
de todo lo buscado.
De todos los caminos,
de esta confusión mía,
de esta ambición de ser,
está quedando solo la pequeña
alma amante desnuda.

Todo lo demás era para tí,
para que sea el cuerpo de tu tierno vacío,
y que le des la forma que prefieras.

Y mis últimas luces se apagarán despacio
en el azul profundo que proteges.
Yo quedaré cumplido,
dispersado en ceniza y gratitud
al día que me diste.


Fuego lento (de Plegarias del cuerpo)

A veces oigo un eco, a veces lo imagino.
No sé de dónde viene. Lo pongo aquí en palabras,
por si no es para mí. Ya discernís vosotros.

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