Poemas

1 El esplendor del Rey

Añadir poema

1 Solo andar

Solo andar,
sobre la plenitud del mundo abierto.
La misma claridad del horizonte
está ya en cada paso.
En la tierra y el cielo
la misma luz.
Sin sombras y sin puertas.
Sin preguntas.

2 Todo lo que me das

Todo lo que me das.
Todo lo que ya estaba
y no veía.
Esta vida
una y completa
la reconozco en tí.
Te veo.
Te reconozco en mí.
Se deslucen los nombres de las cosas,
pero las cosas tienen
su propia luz
y en ella llegas,
me ves
y hablar no es necesario.

3 Esta calle

Esta calle
tantas veces andada
y conocida
hoy es nueva y abierta
en deslumbrado asombro.
Ir hacia alguna parte con esfuerzo
y volver como el agua,
viendo cómo está lleno el mundo
de la vida.
Cómo no existe tierra permanente
donde el miedo pudiera establecerse.

4 La delicada claridad

La delicada claridad.
El suave viento que eres
en el fondo del cuerpo
y en el cuerpo del mundo.
La alegría final de la certeza.
Reconocerme vivo,
desprendido y completo.
El corazón tranquilo.

5 Siempre nueva

Siempre nueva,
no nace a cada instante.
Siempre está ahí,
atravesando los seres desde el centro,
mostrando el camino a los aún dormidos
mediante el dolor de su ausencia,
el calor atrayente de su llamada,
el anhelo de verla.
Ellos saben
que aún no están allí.
Ellos sufren e ignoran
que están ya aquí,
con ella,
desde siempre.
Que ya ven con sus ojos,
aman con su corazón,
viven con su vida,
son con su mismo ser.

6 La boca de mi amor

La boca de mi amor,
no vista, no tocada, no posible,
me llama
con su silencio
y voy.

7 ¿Qué le falta a la vida?

¿Qué le falta a la vida?
¿Qué me lleva a las flores
que recojo?

8 La lluvia de la noche

La lluvia de la noche
dejó pequeños charcos
estrechando
la linea del camino.

9 Nunca puedo

Nunca puedo
saber de dónde vienes.
Siempre nos encontramos
a la orilla del mar.
Y cuando, consumido,
vuelvo al sueño,
te vas.
El mar borra tus huellas
y me quedo
otra vez anhelando.

10 No quieres que te espere

No quieres que te espere
ni te siga.
Esto quieres:
Quieres que ame el jardín,
que cuide al niño,
que respete al vecino,
que cure las heridas de cualquiera,
que prepare alimento para todos.
Que me ame, me cuide, me respete y me cure
y así
viva de tí.

11 ¿Quién eres?

¿Quién eres,
que no puedo conocerte en tí misma
sino en los seres que amas?

12 Flores de primavera

He cortado
flores de primavera
al borde del camino.
Ahora mi corazón
está otra vez cautivo.

13 Vuelves del sueño

Vuelves del sueño.
el mundo queda limpio.
En la vigilia muda de mis ojos
se abren tus ojos.
Llega la mañana.

14 Lluvia tranquila

Lluvia tranquila.
Brillan
las piedras del camino.

15 El caminante sigue

El caminante sigue
por el margen estrecho de la playa.
Olas pequeñas
van borrando las huellas.

16 Mediodía

Mediodía.
Solo el peso del sol cubre los campos.
La cigüeña
se adormece escuchando
la palabra vacía de los grillos.

17 Fresco

Fresco, fácil y vivo es ahora el camino,
feliz se eleva y se despliega el canto
desde el corazón agradecido.

18 El agua baja al fin

El agua baja al fin
por los torrentes secos
dando vida al espacio
entre las piedras.

19 Las palabras

Las palabras
han perdido el veneno
y han conservado el filo.

20 Menos

Menos que claridad,
menos que cercanía,
menos que santidad,
menos que paz,
menos que bienaventuranza,
menos que don,
menos que ligereza,
menos que canto,
menos que silencio,
menos que centro,
menos que nada,
menos que abandono,
menos que amor.
Más breve, más profundo, más ligero,
más real, imposible y necesario.
Más escondido. Menos cosa.
Menos.

21 Palabras más pequeñas

El poema que querría escribirte
necesita palabras más pequeñas
que todas las palabras que conozco.

22 Esta lluvia

Esta lluvia
que no llega de afuera
que arrastra las sospechas de este cuerpo
y lo nutre, lo abre,
lo libera y lo hace
dichoso territorio de intercambio.
El latido ubicado
en cada punto de la piel
del cuerpo y de la vida que lo abraza.
El abrazo
del mundo iluminado
sobre el cuerpo
que se transforma en gozo.
La gradual unidad de la experiencia de vivir.
Limpieza del cristal del no saber
que libera de todos los trucos.
Gratitud pura a todo.
Sujetas al misterio
las conjeturas, dudas y certezas.
Este misterio,
cálido y familiar.
Tan dentro como lejos.

23 Las grullas

Cruzan las grullas
lentas
el azul apagado.
El aire de la tarde
lleva rastros
de fuego de hojarasca.

24 Mis pasos

Mis pasos
levantan a los pájaros.
En el aire
el halcón se dispara.

25 La luna

La luna
solemne, lenta y fría,
despierta y tensa el aire en el jardín.
En las sombras hay rumores de vida
que acompañan este extraño desvelo.

26 Me miras

Me miras
y soy capaz de ver.
Agradecido,
te doy mi libertad
y mi libertad crece.

27 Otoño

Otoño. Hoy los recuerdos
son los frutos silvestres del sendero.
Paso sin detenerme y los entrego
a los seres hambrientos.
El camino se ensancha
difuminado en bosques
y laderas sin huellas.

28 Un breve grito

En el silencio, un breve grito.
La presa y el halcón.
¿Quién se aleja?

29 Oigo tu voz

Oigo tu voz completa y luminosa
que conoce mi nombre como nadie.
Ahora soy el amado.
Y se termina así
mi obcecado destierro.

30 ¿Qué me falta saber?

En todos los caminos
te he buscado
con mi luz de mendigo.
Nunca veo tu rostro.
Oigo tus pasos.
Me detengo cansado
y siento que me esperas.
Cambio de rumbo y sigo.
Vuelves a caminar
por delante de mí.
¿En qué lugar, qué día
quieres estar conmigo?
¿Por qué no hablas?
¿Por qué ocupas el punto
donde mi fe no llega?
¿Qué me falta saber
para coger tu mano?

31 El alma no conoce tu camino

El alma no conoce tu camino.
Los caminos del alma
están llenos de cosas y figuras.
Llenos de vida y muerte,
de víctimas y fieras,
de matices de sombra y luz,
de arrullos y de gritos.
Los caminos del alma
nunca encuentran su meta.
Herida, esperanzada,
en su anhelo de tí, sigue buscando.
En cambio tu camino,
el que lleva hasta tí,
no tiene más de un paso.
Irrepetible, extenso y despejado.
Tan hermoso e inmenso
e inmediato,
que no admite razón.
Tan breve, amor,
que el alma no lo encuentra.

32 Salto de mí­ hacia tí

Salto de mí hacia tí.
De la esperanza oscura
al corazón de todo.
De la herida incurable
al pleno amor.

33 Has sido amado

Aún habiendo roto
el pilar que sustenta la felicidad propia,
alejado de todos los seres que podían salvarte,
despreciada como guía la experiencia,
aún convencido esclavo de la razón del yo,
tomadas todas las decisiones erróneas,
perdido el recuerdo de la primera fe.
Aún habiendo dañado,
con decisión o por indiferencia,
a los corazones cercanos.
Aún ciego al visible dolor de los otros
y sordo al rumor profundo de tu angustia.
Aún habiendo compuesto razonables excusas para el mal.
Aún obcecado siempre en parecer desierto,
seco, solo, perfectamente autónomo.
Al fin has sido amado.
Inmensa y perdurablemente amado.
Han pasado a tu lado personas incomparables
y algunas por un tiempo se han quedado contigo.
Has recibido lluvia de claridad
y toda cosa que necesitabas.
Han sido sanadas tus heridas.
Se han roto tus magníficas defensas.
Y se han abierto para tí las puertas.
Y esto que no mereces,
esto que no es posible,
esto que rechazabas,
esto eres tú,
bendito desde siempre.

34 Agradezco

Agradezco
las formas de experiencia
que se me han concedido.
Abro mi puerta a todos los seres
que han compartido un día
conmigo y mis asuntos.
Venero a los maestros que he dejado
buscando al último maestro.
Con todos permanezco para siempre.
Regalo este momento
a los momentos tristes de mi vida.
Reconozco el amor que me sostiene
desde el primer recuerdo.

35 Este instante contigo

Este instante contigo
es un acto de amor
a todos los pasados momentos
carentes de esperanza.
Y con ellos se une
para dar claridad
al misterio del tiempo.

36 El no nacido

Ha vuelto el no nacido,
su experiencia de amor ilimitado,
la inesperada suavidad del mundo,
el mundo antes hostil
que ahora te completa y te defiende
como envuelven los brazos de la madre,
retoñando los huesos en zarcillos,
restituyendo
toda la tierra en flor.
Identidad de vida
disuelta en mayor vida
para jugar ahora
a este juego gozoso.

37 Todos estos regalos

Todos estos regalos,
todas estas certezas,
aún son pequeñas flores,
delicados anhelos
envueltos en ideas.
Para dar este paso
aún te sobra su carga.

38 El mendigo se esconde

El mendigo se esconde.
Vuelve a sembrar dolor.
Cree que no es posible
abrir la puerta,
recibir las flores.

39 El rey abre la puerta

El rey abre la puerta.
El sol entra en la vida.
¡Las hojas han caído
tantos días
para nutrir el suelo
de este momento!

40 Amo la luz

Amo la luz
que sabes poner en la memoria,
esta manera tuya
de respetar mi error
y convertir en obras compartidas
lo que viene de tí­.

41 Sello de la certeza

Sello de la certeza
es para mí­ el asombro
de hallar en lo profundo de mis pozos
el manantial
de tu sereno rostro.

42 Cada instante de vida

Cada instante de vida es un regalo
tan hermoso
que no puedo guardarlo.

43 Tu casa y mi camino

Tu casa y mi camino,
tu verdad y mis nombres,
el ser y la esperanza,
tú estable y yo disuelto.
Yo, tu sonoro corazón.
Tú, mi callado centro.

44 Descanso en la ribera

Descanso en la ribera
donde arrulla un rumor de palabras.
Pero en el agua salta el pez magní­fico
y el eterno silencio se renueva.

45 Ocaso

La profunda
respiración del mar
no interrumpe
la calma del ocaso.

46 Pues sé que estás aquí

Pues sé que estás aquí
me quedaré despierto mientras pueda,
alerta en esta noche silenciosa.
Pues sé que no te gusta detenerte
seguiré caminando
y encontraré tus huellas.
Pues nada sé de tí
sino que no me apartas,
cantaré tu palabra por los campos
aunque sea evidente mi locura.
Escucharé las voces y el silencio
hasta hablar en tu lengua.
Haré lo que tú haces.
Miraré con tus ojos.
Seré lo que hay presente.

47 El rey no tiene trono

El rey no tiene trono.
El rey no está sentado.
En la casa del rey hay una sola estancia.
Sus muros transparentes no detienen la brisa.
El rey ha reunido a los pobres del camino
y les abre su casa.
Sentados a su mesa recuperan una vida infinita.
En la casa del rey no hay sirvientes ni llaves,
pues el rey no conoce los reflejos del oro.
El esplendor del rey
llena de luz las manos de los niños,
el silencio del cielo,
la danza del humilde,
la leche de la madre
y tu sonrisa.

48 El que conoce al rey

El que conoce al rey
ha dejado olvidados
el miedo y la tristeza
y no lo pueden ver
los que hacen daño.
Tiene en el pecho
la suave brisa azul,
la canción silenciosa que no acaba
y el vacío estrellado.
Uno más con la gente,
trabaja, baila, juega,
comparte el pan y el vino
y en soledad se sienta cada noche
agradecido.

49 Mi amigo va conmigo

Mi amigo va conmigo.
Anda ligero y habla con cualquiera.
No se detiene a contemplar su vida.
Juega, disfruta,
come con gusto lo que encuentra.
No se adhiere al dolor
ni atesora la luz.
Y va por el camino
como sopla la brisa.

50 Esto es la vida

Creía que al llegar
dejarías desdibujado el mundo
y reinarías ocupando el centro
de dimensiones nuevas.
Ahora que me has dicho tu secreto,
lo proclamo riendo abiertamente
y lo comparto como quieres.
Todo en tu voz se alegra,
de tí sale, a tí vuelve, en tí descansa
y acompaña mis pasos
en un mundo sin reino
ni camino.
Los seres que me encuentran
me reconocen.
Abro y cierro los ojos,
velo y duermo.
Veo y divago.
Juego, me pierdo y vuelvo.
Comparto el vino y el dolor,
el pan y el hambre,
el hogar, la alegría y el trabajo.
Ando y descanso
y vivo con vosotros.
Esto es la vida
largamente esperada
y deseada.
Siempre presente aquí
desde el principio.

51 Las manos

Las manos
mezclan y cocinan el pan
para los hijos.
Los hijos se alimentan
de la tibia intención de las manos.
Las manos son mezcladas en el pan
por el calor atento.

52 Estos ojos

Estos ojos
que se llenan
de la luz de las cosas
¿de quién son estos ojos?

53 En el centro del puente

Me detengo
en el centro del puente
sobre el arroyo.
A un lado vibra y canta
la pequeña cascada.
Tranquilo se desliza al otro lado
el rumor de las aguas.
Aquí
siempre ha estado mi casa.

54 La corriente

La corriente del río
me llama y se despide.
Canta y gime.
Se enamora y se cansa.
Se alegra y se entristece.
Añora y abandona.
En ella la envoltura
del corazón
que espera y sigue al agua
se disuelve despacio.
Pero su centro
silencioso e inmóvil
permanece radiante,
generando la vida,
vacío
de cualquier otra cosa.

55 Todo mi camino

Este lugar es todo mi camino.
Aquí quiero llegar.
Aquí estoy.
Por aquí estoy pasando.
Aquí quiero vivir
hasta el último día.
Este momento
es el tiempo completo de mi vida.
Aquí espero
amar sin ataduras
y sin otro propósito.

56 Me esperaban

A la orilla del río me esperaban
las almas del camino.
En el agua
han quedado sus voces.
Los hermanos.
La lluvia, el sol, la tierra.
La tortuga, el ratón, el gavilán, el zorro.
El mendigo, el soldado, el labrador.
La paloma, la luna.
Y todos.
Aquí están todos.
Aquí se juntan todos.
Han venido a la fiesta.
Solo aquí puedo verlos.
Desde aquí empiezo a caminar de nuevo,
compartiendo la vida.
Todos cruzan conmigo
y el agua no se opone.

57 La palabra

La palabra que te muestra quién eres.
Escrita, proclamada y escuchada.
Mas no creada.
No mata, pero corta
la vida en dos mitades.
A un lado lo que sobra,
al otro lo que falta.
Y ya no puedes escapar de tí.
Pues eres la palabra.
Esta brecha en el mundo,
esta corriente clara
que no contiene nada,
que todo ampara,
que no tiene sonido,
que no se escucha,
pero te hace bailar
fuera del tiempo.

58 Tu llamada

El universo entero
en tránsito de abrirse
exhala la tensión de tu llamada.
Ya no conozco nada
ni quiero conocer,
tras el calor de tu secreto abrazo.
Que se cumpla esa eterna promesa.
Que sean uno el cuerpo y la palabra.
Y terminen tus manos de llevarse
la nube que me encierra.

59 Son serenos tus pasos

Son serenos tus pasos
y tú mismo sonriente y ligero
cuando ya se ha disuelto suavemente el anhelo
en el flujo de la mansa corriente
y solo queda el hecho
puro y real de tu presencia en todo.
No hay adónde llegar
y sigues caminando
pues es ésta la forma de vivir.
A nadie hay que esperar
porque a cada momento ya se cumple la vida
y todos los que amas
se reúnen contigo para siempre.
Simple y hermosa
de manera que ya no admite duda,
vives aquí esta vida
que lo contiene todo
y que te une a todos,
que hace sagrado y fácil
el paso que estás dando.

60 La flor que no sembraste

Sorprendido
has abierto las manos.
La vida enamorada
te da
la flor que no sembraste.

61 Ahora estoy contigo

Ahora estoy contigo.
Entre nosotros
solo hay cosas sencillas.
La sombra de las hojas
meciéndose en la mesa.
La llamada del pájaro.
El silencio. El reposo.
La confiada espera.
Tus manos, tan amadas
que no quiero cogerlas.
El júbilo de estar
cerca de ti y de todo.

62 Como un niño

Como un niño,
en tus brazos
no necesito luz,
calor, palabras
ni ninguna otra cosa.
Igual a tí.
Fundido en tí.
Despierto en tí.
Perdido ahora en tí.
Ya no soy nada
y tengo ser en tí.

63 Mi maestra

Se mueven
hacia los horizontes
reflejos de tu clara sonrisa de certeza.
Eres tú mi maestra
en este paso,
el latido de carne y esperanza
del corazón mayor
que habitas desde siempre.
Mi casa, adonde llego
revestido de júbilo,
vacío.

64 Hierba

Cubierta de rocío
la hierba frente a tí.
Ancho reflejo del amanecer
en tus ojos despiertos.

65 Incertidumbre

¿Tiene que haber también
días de incertidumbre
en que el peso del tiempo
amenaza la vida?
Dentro de mí, llorando,
aquél que va conmigo,
el que siempre
necesita mi abrazo.
En este abrazo estás,
te encuentro y te renuevas.
Vengo sin condiciones,
busco refugio
en el silencio oscuro donde reinas.
Voy hacia tí,
me alejo de tu imagen.
Apaciguar al niño, consolarlo,
y seguir adelante.
Despejar la esperanza
con la fuerza invencible de tus brazos.
Andar sin pensamiento en el amor
y aceptar las razones del dolor.

66 No me alejo de nadie

Para acercarme a tí
no me alejo de nadie.
Me uno a todo en tí.
No descuido a ninguno
cuando en tí me desvelo.
El mismo anhelo,
el mismo despertar,
la misma abandonada soledad
en el mismo camino.
Tu llanto está en las lágrimas
de todos los que amo.
Tu júbilo en su canto.
Tu presencia completa
en el misterio
de su presencia en mí.

67 A tu tibia ternura se disuelve

Escuchas y recoges
en tu silencio claro
tantas palabras, tantos
excesos de esperanza.
La parte que tenían
de la mentira antigua,
a tu tibia ternura se disuelve.
Ya están aquí otra vez, reales,
contigo mis hermanos.
Y podemos vivir sin escapar
de las pequeñas cosas familiares.

68 Dejar las manos sueltas

Dejar las manos sueltas,
dejar la voz serena,
no sujetarse al júbilo ni al duelo,
dejar que todo cambie,
dejar que todo sea,
permanecer en nada,
abrir todas las puertas.
Que no quede sospecha.
Que se lave la piedra.

69 Te amo

¿De cuántos modos ya
te he dicho que te amo?
Ya sé que no hace falta,
pero ¿qué voy a hacer?
He nacido con voz
y nunca supe
para qué serviría.

70 Abro la puerta

Ya que no está en mis manos
darte la vida,
abro la puerta hoy
para dejarte libre.
Para que nunca vuelva
la tristeza a tus ojos.
Para que no se cierre
definitivamente tu sonrisa.
Para saber que el aire
se mueve por tu vida
y caminas y llegas
a donde quieres ir.
En cuanto a mí,
quede abierta la puerta para siempre
aunque nunca se cierren las heridas,
ensanche el sol las grietas del tejado
y que pueda aprender
a dormir bajo el cielo.
Que vengan los que quieran
a llevarse las piedras.
Sea todo mi mundo
escuela bulliciosa
de pobladas colinas
y se llene de hierbas
y madrigueras.
Y sea yo aprendiz
de todo ser
que ama y canta en la tierra.
Piérdase la memoria
de esta marea.
Y si aprendes también
la danza de la vida,
que pasen tus caminos
por mis alegres ruinas.

71 Tanta cansada pena

Hay en tus ojos
tanta cansada pena,
tanto llanto
que no puede salir
y se transforma
en cortinas de niebla.
Amor, ¿por qué has creído esa mentira?
¿Por qué piensas
que no mereces ver?
¿Qué dolor es tan hondo,
qué miedo tan temible?

72 Intentando

Aquí estoy,
intentando
caminar a tu paso
a través de los días
para entrar
al dorado descanso de tí misma.
Haz el último esfuerzo,
busca en el corazón
restos de confianza.
Porque, amor, no podemos
vivir en la tristeza.

73 Aunque sabes

Aunque sabes
que la luz es el centro de las cosas,
por costumbre
aún buscas en las calles, en las tiendas,
en la turbia llamada de los sueños.
Pero pronto se agota ese placer
y vuelves a encontrarte
enamorado y solo.
Bajas, cruzas, renuncias, cabalgas el aliento,
entras al ancho río,
permaneces inmóvil con los ojos abiertos
para que el agua vaya deshaciendo tu cuerpo,
para que el tiempo vaya rompiéndose en instantes
y la ilusión antigua se desprenda
de tu frágil visión.
Y después te levantas y quizá
vuelves a preguntarte si no habrá algún regalo bajo el árbol.
Así está bien.
La vida no te exige que te arranques la piel.
Sin embargo,
ya que no estás hambriento,
deja que todo ocurra y permanece callado
sin dar nombre al instante,
sin controlar el pulso,
sin querer que suceda.
Calla y déjate ser
ese profundo no que no conoces.
Para el hombre vacío
vivir es resultado de haber muerto
-una vez, muchas veces-
pero siguen las ropas tendidas en el prado
blanqueándose al sol.

74 Tiempo de espera

Hablábamos ayer del misterio del tiempo.
Hoy es tiempo de espera
y echo en falta tu voz.
Ahora cada uno está en sus cosas
y el viento de septiembre me pregunta
si mañana estarás al otro lado,
si yo podré cruzar para encontrarte.

75 Llenarlo todo

El amor como el agua quiere llenarlo todo.
Y mis defensas ya se han derrumbado.
Entras en mí y ayudas a vaciar la casa.
Que se cumpla la ley de bienaventuranza
y que sea tu mano la mano del misterio.
Que sea siempre todo
sencillo y evidente como tú.
Que esta alegría siempre quede libre
de mis manos.

76 El movimiento del agua

No el contenido impulso
De la flecha en el arco
No la mirada vertical del águila
Sino más bien
El movimiento en expansión del agua
Para llenarlo y fecundarlo todo
La tranquila emoción
Segura de tener la fuerza de la vida
La visión que retira los vestidos sobrantes
Desechando belleza, control, sabiduría
Y se queda fundida en el instante justo
Siendo solo contacto
Solo pura presencia
Llegando a donde estás

77 Ya no quiero esconderme

Ya no quiero esconderme
Dejo la puerta abierta
Que el gozo y el dolor puedan entrar si quieren
No me defenderé de quien me ama
El universo entero me llama desde tí
Y entran todas las voces con la tuya
A cantar en mi canto renacido
Serán días de luz para todo lo nuevo
Comprender las heridas
Sanar lo que podamos
Vivir el júbilo que se nos ofrece
Llorar todos los llantos al calor de tus brazos
Explorar el camino de regreso
Sostener tu desánimo en todos los desiertos
Dejando amor en todos
Aceptando cualquier don de la vida

78 La gracia que esperabas

La gracia que esperabas
no era al fin un regalo delicado
ni un expolio.
No le da ni le quita nada al mundo.
Solo aparta la venda de los ojos.
Limpia y deshace la ilusión
y desposee de su poder al miedo

79 Me hablas

Me hablas y levanto a tí los ojos
Y veo el rostro claro
De la verdad sin sombras
Pues todo lo que encuentras
Me lo ofreces
Con el temblor
De tu pecho inocente
Fuego que de tí sale
Renaciendo en tu centro
Y hace cenizas tanta sangre estancada
Luz sembrada en la tierra
Por donde caminamos
Cogidos de la mano
Aprendiendo otra vez a respirar
El aire fresco
del infinito y misterioso amor

80 Ahora que estoy vivo

Ahora que estoy vivo
Ahora que soy libre
Es mi deseo verte
Mientras la luz aumenta en tu mirada
Ahora que renaces
Y te atreves otra vez a cantar
Envolverte en mi ropa transparente
Que los seres hambrientos no te vean
Tampoco el que yo mismo llevo dentro
Verte crecer
y ver cómo te abres a la vida
Oir esta alegría de tu voz para siempre
Ver cómo reconoces lo que es tuyo
Y caminar contigo
Hasta que reines en tu libertad

81 Ver, no mirar

Ver, no mirar.
Por la ventana abierta
entra la luz alegre y transparente
a fundirse en el cuerpo y en las cosas
trayendo la presencia,
llevándose la imagen y la idea

82 Tú eres la puerta

El umbral eres tú, tú eres la puerta
Por tí llega la luz, en tí respiro el aire
A través de tu voz me llega el cántico que deseo cantar
De tí tomo el saber que me sostiene
Erguido en el instante
Ofrecido a la vida
Añadir poema

2 Circo

Añadir poema

2 La cuerda floja (en serio)

Por amor a vivir,
no por miedo a la muerte conocida.
Existiendo tan solo en este paso.
Con la vida sujeta a la atención.
Sin objetivo ni memoria ahora.
Sin considerar nada.
Uno en la línea.
Solo en el umbral.
Siendo este paso el único.
Caminando
en el tiempo vacío
entre el flujo y el reflujo del mundo.

3 La cuerda floja (en verso)

El equilibrista no piensa en el cable,
no espera la meta, no siente el avance.
Pero con sus manos que todo lo saben
se aleja del mundo, se apoya en el aire.

4 La cuerda floja (en broma)

El vértigo y la pértiga
hacen una pareja de conveniencia.
En eso voy pensando
para reírme un poco
mientras caigo.

5 El payaso tonto

¿Quién es éste que toca el clarinete?
Que no sabía pensar muy deprisa,
que no le salía muy bien andar despacio,
que hacía unos ridículos falsetes cuando hablaba.
Y ahora que no debe pensar, caer ni hablar,
ahora que tenemos el corazón alegre,
toca una melodía que no es ni mucho menos tonta
y nos lleva de pronto a otro lugar,
a salir de la risa,
a entrar en la sencilla sonrisa de los hijos.

6 El augusto

Puntilloso escribano de verdades baratas,
ahorrador de prudentes raciocinios,
empeñado y ufano de lo serio. Aún así
su cara de cadáver se redime
ayudando al idiota,
sirviéndole -por compasión o admiración- de diana.
Quizá porque los juegos de ese loco
sin él resultarían payasadas.
Quizá porque le aterra
perder toda esperanza de aprender a jugar.
Y con el saxofón se transfigura
y casi ya no vemos el necio maquillaje.
Y yo lloro también la enorme lágrima
que cada tarde pinta
en el pañuelo blanco de su cara
para hacernos saber por qué van siempre juntos
el dolor y la risa.

7 Los perrillos artistas

Están ansiosos.
Quieren a toda costa agradar,
hacer lo que deseas.
No paran de mirar la expresión de tu cara
para evitar que escapes sin amarlos.
Y aprenden tonterías prodigiosas,
no por ese terrón de azúcar
que dura unos instantes en su boca,
sino por tu presencia.
Eres bueno con ellos.
Les hablas y les cantas.
Te mezclas en sus juegos.
No empleas la violencia.
Entiendes que dependen por completo
de estar cerca de tí
y no rehuyes nunca sus excesos.

8 La familia de elefantes

El ser pequeño y sabio se mueve entre nosotros,
nos guía y nos educa.
El nos da de comer, nos enseña su danza,
y nos transforma a semejanza suya.
Seguid sus pasos, haced lo que desea,
porque sin duda un día, cuando aprendamos todo,
nos dará libertad, seremos como él,
nos llevará a la puerta de los cielos.

9 La trapecista

Si viniera esta noche la lluvia de centellas.
Si perdiera la tierra su hiriente gravedad.
Si callase un instante la música del mundo.
Si el rumor de la vida pudiera detenerse
sin detener el pulso.
Si pudieras estar, amor, siempre conmigo
y no acabara nunca de pasar aquel momento.
Si tuviera tus brazos alrededor de mí.
Si pudiera vivir solo jugando, como en aquellos días.
Si no fuera preciso mantener la voluntad despierta
y ejercitar sin pausa el equilibrio.
Si pudiera reir, jugar, dormir, dormir contigo,
descansar en tu pecho.
Si me fuera posible descansar.
Pero no estás, te has ido,
no volverás, no puedes ayudarme
y tengo que volar para encontrarte,
para llegar adonde me querías llevar.

10 La arena vacía

Nada queda después.
Los niños ávidos se han llevado los ecos.
Aquí nunca se oyeron gritos, risas y música.
Todos se han ido aprisa.
¿Quién querría quedarse a descansar aquí?
Está cerrado el círculo.
Ni siquiera es total la oscuridad.
A través de la lona
entra la escasa luz que necesita
la arena para verse vacía como es.

11 El león

Mi reino.
Mis mujeres.
Mi autoridad innata.
Los inmutables genes que transmito.
La armonía y el orden que regalo.
Mis deseos. Mi pelo. Mis músculos. Mis dientes.
Mi casa. Mi total satisfacción.
Mis barrotes. La paja de mi lecho.
Mi descanso.
¿Por qué preferiría
tener que perseguir la carne que consumo?

12 Las leonas

¿Oís, hermanas, la canción lejana?
Nunca se calla, porque está en la sangre.
Esa brisa nocturna
trae el rastro de caza prometida.
Lluvia que azota enormes extensiones de hierba.
Tempestades que incendian el horizonte
y cierran los caminos igualando el valor de las vidas.
Aromas que nos llaman, oscuros movimientos.
Latidos que traicionan
la posición de corazones tibios.
Los juegos de los niños sobre el cuerpo
de víctimas ganadas con esfuerzo.
Es el hambre, que ya no recordamos
pero vuelve a movernos siempre con ligereza
a través de los túneles de rejas
hacia el espacio abierto.

13 El tigre solitario

Solo me quedan vagos recuerdos de la infancia,
retales imprecisos,
dudo a veces si no serán deseos.
Quizá es por eso que no sé cómo soy.
No recuerdo paisajes, palabras ni contacto.
Apenas un color, una voz, unos ojos.
Solo en aquellos trazos
reconozco una luz que se parece a tí.
Desde que sonreiste ante mi puerta
supe que yo también tenía corazón,
descansé del impulso penoso de matar
y cayó mi disfraz.

Todo ya se resume en la intención
de seguir tu camino, ser tu sombra,
protegerte y amarte sin esperar de tí
nada excepto que estés.
Aunque hables otra lengua,
que no calle tu voz.
Aunque seas distinta y nunca vayas
a tumbarte a mi lado,
que me siga llegando tu ligera caricia
cuando acaba el trabajo cotidiano,
que acepto
porque tú me acompañas y me guías
y pones ante mí los juegos que imaginas
y que yo realizo como si fueran míos.

Amada.
Entonces, siempre
todo es nuevo y distinto.
Todo late con fuerza.
Solo ante tí en las tardes luminosas,
mirados con envidia
por los débiles seres de la sombra,
hacemos nuestra danza,
te demuestro cómo entiendo tu idea,
cómo yo mismo puedo
desarrollarla y mejorarla un poco
-en los tiempos vacíos de tu ausencia-.

Nos unimos despacio
en la voz, en la mente y en los ojos
y te veo vivir ese momento
con mi mismo placer,
cómo nace en tu cara la idea y el deseo
de la próxima tarde.
Igual que en la tibieza de la niñez,
soy amado y aprendo
y me proyecto a un ser distinto y propio.

14 La carpa (por dentro)

A veces, entre luces,
vemos la piel incierta de las cosas,
la delgadez extrema del presente,
la pregunta de acero que no cesa,
el desconsuelo de la vida
en el centro del cuerpo,
que nos hace dudar
si es adentro o afuera donde está el espectáculo.
Si es real algo de lo que sucede
en el espacio de los sentidos.
No están claros los límites,
los mantenemos tensos y pintados,
queremos definirlos, reforzarlos,
ganar seguridad en nuestro propio juego.
En las noches de viento
nos asusta el temblor de la lona
y se hace necesaria la música estridente
que, sin atenuarlo, controla el pánico
por el tosco sistema de atarnos a la silla.
El corazón sobrecargado se sostiene
pulsando aún un tiempo más, pero sospecha
que afuera -dado que adentro estamos-
el vacío le espera.
Y, pues no lo concibe, se pregunta
cómo podrá esquivarlo.

15 La carpa (por fuera)

Esto no quita el hambre de verdad.
El circo es un enorme caramelo.
Si has sido malo te atragantarás.
Si has sido bueno no querrás comerlo.

16 El director de pista

Bienvenidos y bienvenidas,
niños y niñas y personas mayores y aún mayores.
Nunca se ha visto antes en la ciudad de equis
demostración de arte que supere a la que vais a ver.
Los mejores artistas del planeta
están ante vosotros, solo por este día,
deseando alegraros, divertiros, mostraros
que se pueden hacer realidad
las cosas que creemos imposibles.
Los elefantes más grandes del mundo,
domados por Yagán,
que forman una torre de treinta toneladas sobre un vaso,
la menuda y elástica contorsionista Li,
que introduce su cuerpo por el ojo de la cerradura,
los perritos que saben escribir y sumar y nunca se equivocan,
bajo la dirección de Master Boo,
la bailarina ecuestre Natal y sus hermanos,
con los caballos blancos de Manchuria,
todos también hermanos,
la trapecista ingrávida Brizanna,
que a cada vuelo enciende el arco iris en el cielo y lo apaga,
el tigre solitario cautivo por amor
de la intrépida y bella domadora Zeraya,
el gigante Sansón que eleva diez personas con una sola mano,
los peligrosos leones recién llegados de Africa,
dominados sin miedo por David
y la pareja cómica de clowns,
que hace reir a las estatuas,
los hermanos Confetti.
Disfrutad de la tarde,
apagad los teléfonos,
preparad la sonrisa y el pañuelo.
Reid, gritad, llorad.
Sobre la arena intemporal
se enciende ahora mismo la luz dorada
y la función empieza.

17 Los caballos

Os he visto moveros en la hierba,
elegir los bocados.
Aparearos, danzar, parir, amamantar,
luchar y reuniros para el sueño.
Correr sin horizontes,
jugar, dormir, callar bajo la luna.
Reflejar las estrellas en los ojos.
La libertad tenía vuestra imagen.
Y yo era con vosotros uno más.
Uno libre y eterno.

Hoy ha sido otra cosa.
Hoy ha sido vergüenza.
He pagado por veros
atados y encerrados.
He pagado por veros
fingiendo ser caballos.
Sometidos y haciendo
cosas que no son vuestras.

He sentido vergüenza.
Después he visto claro.
La libertad no importa.
Importamos nosotros.
La eternidad no importa.
La belleza no importa.
Las ideas no importan.
Solo importáis vosotros.

Solo quiero no atar,
no dañar, no encerrar.
No enseñar, no guiar,
no usar, no redimir.
Hablar lo imprescindible.
Alejarme del oro.
No hacer más que la vida.
No hacer más que el amor,
la lucha, el sueño, el juego,
la presencia, el contacto.

18 El ventrílocuo

Alguien habla por mí.
Alguien pone en mi boca las palabras.
Alguien mueve mi cuerpo.
Porque yo no soy Yo.
Para enseñaros esto
construyo mis muñecos.

19 La contorsionista

Mirad cómo es posible
volver el ojo hacia sí mismo y no ver.
Querer ser lo que sois y no ser nada.
Modelar lo perfecto hasta volverlo inútil.
Hacer raro lo hermoso.
Simular que no existe el sufrimiento.
Renunciar a lo frágil.
Estirar lo irreal.
Ser ricos y felices lejos de la verdad.
Adaptarse a cualquier punto de vista,
siempre que sea lejano e improbable.

20 El público en la sombra

Me dan miedo.
Me abruma el peso enorme
de su ansiedad, su tristeza y su deseo.
Nos miran como el agua
que va a romper la presa
mira al valle.
Han pagado su entrada y nos rodean.
Hermanos, veo el miedo
y lo dejo pasar,
porque recuerdo cómo cada tarde
algo del frío inerte de sus ojos
se ablanda ante nosotros,
envuelto en emociones más ligeras.
Y cuando acaba todo
caminan sonriendo,
aferrados al momento de luz
que han conseguido recordar.

21 El sansón

Siempre te cuidaré.
Estaré cuando tú me necesites.
Nada podrá cansarme.
Llámame cuando quieras.
No dormiré. No apagaré el teléfono.
No soy yo lo importante.
Lo importante eres tú.
Yo vivo para tí.
¿Por qué no ves mi fuerza?
¿Por qué me miras siempre como a un niño?
¿Por qué lloras por mí?
¿Por qué no te refugias en mis brazos?
¿Por qué no crees en mí?
¿Cómo quieres que sea?

22 El escapista

No somos pareja.
No somos amantes.
No somos novios.
No somos amigos.
No estamos casados.
Nos amamos.
¿Qué somos?

No he encontrado respuesta.
El acertijo salta de pared en pared
y no puede abandonar la casa.

Algunas parejas se aman, otras querrían amarse.
Algunos amantes se aman, otros se poseen.
Algunos novios se aman, otros hacen proyectos.
Algunos amigos se aman, otros se divierten.
Algunos casados se aman, otros se dominan o se odian.
Nosotros nos amamos,
no nos odiamos, no nos poseemos,
no hacemos planes, no nos dominamos.
No existe una palabra para esto.

23 El mimo

Emprendí este camino.
Solo dí el primer paso. No sabía callar.
Me vacié de voz, pero no de palabras.
Inventé o aprendí los códigos del cuerpo.
Aún tenía cosas que decir.

Ya no quiero contar ni explicar nada.
No hay nada que explicar.
Todo lo que aprendí estaba equivocado.
No es posible aprender nada correcto.
No es posible enseñar nada bueno ni malo.

Hoy estaré ante tí.
Estaré como siempre bajo la luz.
Me verás. Estaré bien iluminado.
Y me pondré la camiseta blanca.
Me verás, aunque quizá no querrás verme.
Porque no habrá palabras, ni gestos, solo yo.
Solo Yo. Solo Tú.
Y tampoco habrá tiempo,
aunque quizá no podrás soportarlo.

No importa. Ya otra cosa es imposible.

24 El ilusionista

Yo sé muy bien quién es.
Me reconozco en él.
Son trucos y cacharros familiares.
Su alma está perdida.
Cree estar separada de sí misma y se busca.
Pide un tiempo de pruebas, preguntas y respuestas
para dejar que se disuelva el sueño,
para que se despierte la unidad.

Sé muy bien que ese juego
es un juego de amor
en el que los amantes no se engañan,
pero engañan a todos esos ojos atentos
y consiguen sus días de paraíso
refugiados en el ojo de la tormenta,
donde nadie osará buscarlos nunca.
Añadir poema

3 Canciones y coplas

Añadir poema

1 Coplas

Salgo a caminar temprano
porque tu amor me desvela
y en el camino recojo
las flores que a tí te alegran.

Cuando sales a la calle
lloran la puerta y el patio
y la casa no respira
porque se queda esperando.

El sol aprende de tí
A iluminar la mañana
Y ha puesto el amanecer
Con vistas a tu ventana

Las puertas de mi casa
no están cerradas
para que cuando quieras
entres y salgas.

Las puertas de mi casa
las dejo abiertas
para que cuando quieras
vayas y vengas.

Hablaste conmigo ayer
y no me dijiste nada.
Para oir lo que no dices
prefiero que estés callada.

En el corazón me duelen
las cosas que estoy callando.
Cuando te las haya dicho
me contestarás llorando.

Amor de larga distancia
es nido de soledades.
Nubes que pasan despacio
y entristecen los cantares.

Mi corazón va deprisa
y va siempre más allá.
Desde el horizonte llama
y vive donde no está.

He de cruzar este río
y el miedo me hace temblar.
Cruzo porque quiero verte
Y estoy muerto de esperar.

Si no vas a quererme
dímelo claro,
que tan pronto me enciendo
como me apago.

Si tú no me acompañas
a la arboleda,
me iré con otra moza
que me convenga.

2 A la frontera

La paloma que llama a su compañera
Volando al otro lado de la frontera

La frontera del miedo al antiguo daño
Y el oscuro latir de lo imaginado

Lo que teme y espera lo que desea
Ser en la noche clara la compañera

Compañera de dudas y de certezas
Que vienen y se van y sola se queda

Sola para este paso en la encrucijada
Que solo de esperanza va iluminada

Llena de luz, de aire, lluvia y aromas
Aprendiendo la lengua de las palomas

La paloma que vuela, la compañera
Que se acerca al amor sobre la frontera

3 Quiero el aire de Cádiz

De todos los regalos
El que yo quiero
Que me envuelvas a Cádiz
En tu pañuelo

Todo el aire salado
Toda la espuma
Recógela en tus ojos
De noche oscura

Lleve la brisa el agua
Que necesitas
Para lavar el luto
De tu sonrisa

Déjame ver el cielo
De la bahía
Encerrado en el fondo
De tus pupilas

Que te alegre la vista
Lo que yo veo
Que te canten las cosas
Como yo quiero

Y este cantor que pueda
Decir su canto
Desvelado o dormido
Pero en tus brazos

De todos los aromas
El que yo quiero
Es el aire de Cádiz
En tu pañuelo

4 Fandangos del aire

El aire de la bahía
Carga con lanzas de sal
El aire de la bahía
Me quiere desesperar
De estar en pie noche y día
Para verte regresar

El viento no me detiene
Ni me detiene la calma
El viento no me detiene
Me detiene tu mirada
A dudar en los vaivenes
En los temblores del alma

Si el aire puede callarse
y me perdona un momento
Si el aire puede callarse
Y escuchar mi sentimiento
Yo te cantaré al oido
Para verte sonriendo

5 Coplas del andarandán

Abre la puerta, niña, sal de la casa
Y mira el alba clara, cómo te llama

Ponte el vestido nuevo, deja el pañuelo
Ven a correr conmigo por los senderos

Sal al camino, niña, conmigo o sola
A cambiar esas nieves por amapolas

Dime tú si prefieres vivir llorando
Que mientras te decides yo voy andando

Si no vienes conmigo me dolerá
Niña, ven al camino, ven a cantar

Pero aunque tú no vengas, te llevo dentro
Como gotas de lluvia que lleva el viento

Ven a las arboledas, ven a la vida
A despertar conmigo el agua dormida

6 Coplas de la noche clara (Apunte)

Hoy la noche está clara,
claras las dunas,
claros los arenales
bajo la luna.

No imaginamos nada,
nada esperamos.
Hablamos con las olas,
enamorados.

Solo del horizonte
somos amigos,
acompasando el ritmo
de los latidos.

Danzando tu sonrisa
con la cadencia
de espuma y de silencio
de la marea.

Los caminos del agua
nos van llamando
Mis dedos en tus manos
los van buscando

7 Para tí

Los lirios de abril eran para tí.
En ellos conocí al sol renacido.
Ay, si hubieras estado junto a mí,
yo los habría mantenido vivos.

Para tí eran las fresas que cogí.
Les dio su rojo el sol enamorado.
Ay, si hubieras estado junto a mí,
yo las habría puesto en tu regazo.

Las amapolas eran para tí.
El sol se desangraba sobre el trigo.
Ay, si hubieras estado junto a mí,
en la alfombra dorada habrías dormido.

Las uvas del otoño eran para tí.
Se refugiaba en ellas el sol frío.
Ay, si hubieras estado junto a mí,
con el calor final las habrías comido.

El blanco invierno cae por tí y por mí.
Ven a los campos, que te sigo amando.
Las flores y las frutas que cogí
bajo la nieve siguen esperando.

8 Anuncio del invierno

Las uvas del amor no han madurado.
Bajo la nieve están todas las flores
presas de los enigmas del pasado.

Acallando mi voz enamorada,
el viento se llevó las amapolas
a poner su color en otras caras.

Lejos de tí se posará el invierno
sobre el cuerpo vacío y desolado
y dormirá el jardín lejos del cielo.

Así está bien, irás por tu camino.
Encontrarás las fresas del futuro
y beberás el vino y el rocío.

Alegre te verán mis madrugadas
en la distancia que es nuestro destino
darle vida a los cielos de otras playas.

Llévate con mi amor toda la fuerza
de mi voz, mi esperanza y mis anhelos,
que sirva para abrir todas tus puertas.

Aún hay algo que quiero. Ser tu amigo
para escuchar tu voz de vez en cuando
por la tortura de sentirme vivo.

9 Declaración de intenciones

Quiero escribir canciones
que puedan ser cantadas muy bajito,
que puedan ser apenas respiradas
para poner sonrisas
en tus ojos cerrados.

Dártelas de manera que te envuelva
dulce y tibia certeza
y que pueda tu alma,
despierta solo al gozo
delicado y pasivo, confiar
y te recuerden que eres
una niña pequeña en refugio seguro.

Que sean un arrullo y descanses en él
sabiendo que te quiere todo el amor que existe.

10 Canción hablada

Pasear muy despacio por la vereda,
entrar al bosque húmedo y fragante,
descalzarte y andar por la alfombra de hojas
oyendo las noticias de los pájaros,
buscar huellas, mirar, disfrutar los olores de la vida,
sentir en todo el cuerpo
el juego de caricias del sol y de la sombra,
encontrar ranas, fresas, caracoles,
construir con ramitas y guijarros
una cabaña para el ratón silvestre,
escoger flores para la cabeza, para el pecho,
abrir a cada paso más los ojos,
no querer avanzar demasiado deprisa
para poder mirar, oler, tocar todas las plantas,
no querer ni cantar para no perturbar este otro canto del espacio sereno,
mojar los pies en el pequeño arroyo,
descansar bajo el haya que te espera,
dormir un rato en esa alegre calma familiar
y vacía de tí -llena de todo- regresar a la casa
que ya no ves igual que esta mañana.

11 Fábula del topo en abril

Sobre la piedra gris
había un topo ciego
soñando al sol de abril.

El zorro lo buscaba
un palmo por delante
de su zorra mirada.

El sol había fundido
el color de la piedra
y el del topo dormido.

El hocico nervioso
del zorro, convencido
de llegar al objeto delicioso,
le hacia acelerar los movimientos,
atropellar los pasos,
mezclar y confundir los pensamientos.

Y no vio la comida.
Vio la tierra, la hierba, campanillas azules,
piedras brillantes, giros y mareos,
luz deslumbrante.
Y al detenerse exasperado,
vio al sol burlón mirándole en el cielo.

Decidió renunciar, dudando de sí mismo,
y buscar caracoles y lombrices
que no le tocarían las narices.

El topo afortunado
no se enteró de nada
-ni falta que le hacía-
excepto del aroma de las flores,
los trinos, las caricias de la brisa
y la tibia amistad de la mañana.

Y se desperezó sin prisa verdadera
y volvió con un poco de apetito
a su fresca y oscura madriguera.

Sobre la piedra gris
danzaba el aire
con las traviesas sombras
de las flores de abril.

12 Niña que juega sola

Cuando baja la marea
te descubre sus tesoros
durmiendo sobre la arena.

El mar se acerca a mirar
ese castillo de arena
que le vas a regalar.

Te oye cantar mientras juegas
y te anuda en los tobillos
algas como enredaderas.

El mar te toca soñando
y todo te lo daría
para que sigas cantando.

No te canses de jugar,
que yo sigo vigilando
las intenciones del mar.

Cuando la marea suba
querrá guardarte soñando
bajo su falda de espuma.

13 Desánimo (apunte)

Para qué es el alma,
la voz, el cantar.
Mis alas no tienen
a dónde volar.

Es cierto, tus alas
no se mueven ya.
Abrazo tus alas
con mi claridad.

Llévame contigo,
enséñame el mar.
Tal vez en tu barca
vuelva a despertar.

El mar es mi amigo,
puedes descansar.
Cuando sea el tiempo
te despertarás.

Quédate conmigo,
hazme respirar.
Yo sola no puedo,
de tanto esperar.

En la blanca luna
y en la oscuridad
camino contigo,
siempre me tendrás.

Deja que te escuche,
no dejes de hablar.
Ya no tengo fuerza
para caminar.

Desde que naciste
canto sin parar
y ninguna pena
me puede callar.

Al reino que siempre
quise conquistar
Solo entre tus brazos
podría llegar.

Para esto es el alma,
la voz, el cantar.
Para darte cumbres
a donde volar.

14 Tu nombre

Te he dado tantos nombres
Deseando entenderte
Y no lo he conseguido
Solo han sido palabras

Pero entiendo al final
Lo que quieres de mí
Hacer vivo el silencio
Que yo ya perseguía

Dejar mi voz desnuda
De todo pensamiento
Enseñarme a cantar
Con rumor de misterio

La belleza rendida
De las manos abiertas
El color de los ojos
De quien no espera nada

La identidad perfecta
Del amante y su amada
La divina verdad
De lo que no se oculta

La luz que envía el alma
Sobre todas las cosas
Y la luz que recibe
De las cosas el alma

La santa y necesaria
Virtud de los errores
Y el manantial eterno
Que brota en cada herida

Y que no hay dos en mí
Que nada en mí se opone
A que sea feliz
Y viva entre los hombres

Que todo lo que hay
Entre tú y yo nos une
Que no existen yo y tú
Sino para el encuentro

15 Canción para Miguel

Después de haber temido
por tí, por mí, por todo,
sobre todo por tí,
cuando te ví cruzar
la noche sin defensas,
me alegro pues no veo
el miedo en tu mirada.
Me alegro de no verte
esconder la cabeza.

Me alegro de que seas
como yo y no calcules
ni administres el riesgo
de vivir.
Yo me alegro.
Alégrate conmigo.

Es valiente el que entrega.
Es justo el que no juzga.
Es fuerte el que no oculta
su frágil estructura.

No es débil el que pide.
No es injusto el que lucha.
No es cobarde el que llora.
No es mísero el que pierde.

Solo el que no se atreve
pierde lo verdadero
y aplaza el gozo
de sentirse amado.

La vida no maldice
al que entrega su vida
y nadie puede dar
nada sino su vida.

Veo el brillo del agua
transparente en tus ojos
y no encuentro malicia en tí.
Y veo que te quieren
los hijos de la vida
y todos quieren caminar contigo.

Fue la Vida, la Madre,
quien te envió a nosotros,
no solo para tí,
sino para enseñarnos
a amar lo más pequeño.
Tu niñez indefensa,
mi escasa confianza,
cada herida incurable
de los que nos rodean.

Fue la Madre, la Vida,
a través de tu pecho
me llegaba su voz.
Cuando ví mi ceguera,
yo te puse ante mí
para escuchar el canto
que me entregó la vida.

Yo te puse ante mí
como un escudo fuerte
buscando renacer.

Yo te alcé frente a mí
y contigo en los brazos
respiré la esperanza.

Y junto a mí te quiero
cuando entregue el aliento,
para que tú lo pongas
al servicio de todos.

16 El aire de la laguna

Rizos en el espejo
Destellos de luz blanca
Aves de patas largas
Besan mudas el agua

Va a despertar la luna
Se quitará la capa
Será oscura la tierra
Llamará la campana
Añadir poema

4 Viejos límites

Añadir poema

1 Vuelve la noche

Ya las sombras me dicen
que estoy solo.
Pero yo sigo andando
como si aún estuviera
unido a tí en la luz.

Aunque el temor oprime
y el pensamiento enfría el aire
espero que tu voz
-tal vez ahora mismo- lo deshaga
como antes tantas veces.

Y no quiero otra voz,
no deseo descanso, ni otra casa
que este camino de retorno a tí.

2 Bajo hasta el mar

Bajo hasta el mar por donde tú bajabas,
como en aquellos días siguiendo tus caderas
que cantando ondulaban el camino.

Me tumbaré al alcance de las pequeñas olas
como hacíamos juntos. Sonreías.
Te veía dormir y se volvían uno
tu aliento y el del mar.

Tu me sentías cerca y sin tocarme
extendías la lumbre de mis manos
en el altar de arena de tu vientre.

Pero hoy habré de estar con los ojos cerrados.
El agua, el sol, el aire
no laten hoy con aquella tibieza.
Y la luz turbia ataca
con ráfagas hirientes de sal fría.

Me parece imposible
volver a estar tan solo,
tan preso del recuerdo.
Perdido el pensamiento,
el tiempo y el apego de las cosas,
sin esa claridad que solo tuve
cuando estabas conmigo.

3 Aunque cesan las lágrimas

Aunque cesan las lágrimas,
el origen del llanto permanece
arraigado en el centro,
incorporado al órgano invisible de la vida,
en el lugar exacto
que atravesó el fulgor de tu presencia.
Ahora conozco el peso
de la palabra siempre.
Siempre has estado aquí,
llenando este vacío.
Siempre ya estaré solo.
Siempre incompleto, andando,
opuesto a todo, renunciando a todo,
respondiendo preguntas imposibles
para abrir esa puerta
que has dejado cerrada.
Siempre queriendo recordar promesas
que no se pronunciaron,
besos que no se dieron,
vientre seco,
alimento que no se compartió,
cánticos de alabanza
que eran para cantarlos junto a tí
en la subida al monte
donde nos esperaba
el sol final de la perfecta unión.

4 Hemos perdido la canción

Omitiendo una sola palabra
hemos perdido la canción entera,
descompuesto la música,
desvirtuado la enseñanza
y los niños que ya estaban jugando
han vuelto a casa y lloran
su comida sin sal y sin azúcar.

Vida, danos la gracia de coger por sorpresa
al instante feroz de la mentira antigua,
permite que seamos transparentes de nuevo
y podamos oír, decir y dar lo que no fue tejido,
que no admite razón
y es una llama que nos acompaña
a la salida hacia el espacio abierto.

5 Expulsados

Solo un día estuvimos
cerca de las estrellas,
respirando el espacio.
Nos vimos en lo hondo
y quisimos entonces
guardarlo para siempre,
ser sensatos, pensar en el futuro,
respetarnos, construir.

Oh Vida, dime ahora
¿Por qué el jardín está otra vez cerrado?
¿Por qué el futuro no ha llegado?
¿Cómo supo ocultarse la mentira
para entrar en nosotros?

6 Oración

Gracias, Madre, por todas las mujeres
que me han dejado ver tu corazón en llamas.
Guárdalas junto a tí para la dicha
y tú nunca te apartes de mis ojos.

Gracias por la de órbita lejana y paralela,
cuya alma nunca conseguí penetrar,
abandonada a su placer pasivo
en todos los niveles de comunicación,
enseñándome así tantas cosas activas.

Gracias por la que aprendió conmigo
a manipular sus proyectos y los míos
y me enseñó a reconocer lo irreal a la primera ojeada.

Gracias por la frágil bailarina
que sintetizaba ansiolíticos
a partir de las abiertas intenciones del amor
y con su mentira redimió mis culpas.

Gracias por la que se convirtió en imagen
sin pasar por la gozosa fase del contacto,
porque me ha permitido conocer un dolor ideal
sin apenas contaminación de esperanza.

Gracias por la dulce y honrada compañera sin tacha,
ofrecida y abierta, sin ataduras y sin velos de creencia,
que me ha mostrado de ella, de mí y de todo
lo único que no digo
porque es secreto íntimo entre tú y yo.

Y sobre todas, gracias y perdón
por las mensajeras de una o pocas noches
que has enviado para enseñarme a amar en libertad
y que tan lamentablemente han fracasado.

Solo siento tener que decirte
que no puedo darte las gracias aún
por una sola
a la que no soy digno de desabrochar la blusa,
pero que amo y abrazo
en cada pensamiento.

Pues ella es un misterio
que se parece demasiado a tí
y en cierto modo a mí.
Ella es la petición que te presento.
A pesar de mí mismo,
humilde y seria.

7 A mi hermano

El dios de la mentira,
con sonrisa adorable y lógica perfecta,
excava quebradizas galerías bajo los pies del inocente
para hacerle volver a la ceguera.

Por tanto, tú renuncia a cualquier apariencia de saber
y ayuda a tus hermanos
en lo que están pidiendo,
en el dolor que sufren,
en lo precario de sus almas.

Tal vez aún no puedes, pero sabes
que esto es el camino real
que te lleva a la gloria.
Otro conocimiento
útil o inútil, alto o bajo, caro o barato, fácil o difícil
solo será veneno para tí
y extinguirá tu canto.

8 Cómo se hace un poema

La cosa es bien sencilla:
mi voz es solo un eco.
No sé muy bien
en qué nivel del mar tiene su origen.

Como todos los ecos, viene multiplicado y excesivo.
Entonces, ebrio, tenso, codicioso,
echo y echo las redes y acumulo.

El resto ya es trabajo de tijeras
sobre el montón de peces que boquean
y sobran, pues no son sino palabras
-conservo estos dos versos últimos como ejemplo-.

Ya veis que soy un pescador salvaje
más que un orfebre licenciado en peces.

He nacido en el límite, el mar me ama,
su ritmo me acompaña a todas partes
y me regala estas curiosas cosas.
Me gustan, porque son tan tiernamente inútiles.

9 Trampas y refugios

Voy a merodear cerca de tus trampas
por si quieres hacer como que me encuentras
y saltar a encerrarme entre tus brazos.

Voy a acercarme a tu universo de jadeos y caricias,
me dejaré caer en el pozo,
deslizaré mi barbilla enervada por los rubios trigales,
me acostaré en las colinas de la ciudad santa,
de tí, mi Jerusalén, mi Medina, mi Roma, mi Hiroshima.

Atravesaré todas tus puertas,
entraré y saldré de ti por todas,
te conoceré enteramente,
pasearé tus calles,
me dormiré en tus sombras,
subiré a las rosadas cumbres de tus montes
a desatar los manantiales.

El agua correrá como leche por tus huertos
para los jazmines y los manzanos.

Barreré tus altivas colinas con mi lengua,
una larga agonía de gozo las limpiará.

En todos tus lugares sagrados sacrificaré
frutas, perfumes, dedos,
canciones susurradas bajo sábanas húmedas.

Buscaré mi dicha en tus laberintos
donde hay aljibes secretos bajo la luna
y enramadas sobre cantos de pájaros.

En tu centro sin fondo,
sin número, ni pensamiento, ni dioses, ni caminos, ni alma, ni cuerpo, ni ciudad, ni sol,
ni nada excepto noche larga y amor,
solo ahí moriré.
Y solo resucitaré cuando tú me lo pidas
para empezar de nuevo.

10 Un hombre religioso

Soy un hombre religioso.
Pero mi fe parece tan profunda
que a ninguna creencia se acomoda.
A ningún esquema razonable
se someten mis dudas.

Soy la llave del cofre sin cerradura.
Frente al país del alma,
el solitario rey de la frontera.

Tampoco hay que extrañarse.
Desde el primer recuerdo
en mi entorno se desata una tormenta de búsqueda.

No puedo decidirme por lo real,
lo inalcanzable me rehuye.

De las diez clases de hombres solo habría salvado
a los que prefieren la incertidumbre.
De entre todas las mujeres
solo me interesaron de verdad
fluidas abstracciones
que levitan como jirones de niebla
o me rechazan.

Nada fácil de ver.
Nada concreto, señalable.
Nada sólido.

Algo partido en dos.
Algo indeciso
entre ascenso y caída.

Un alegre silencio que abre el cielo.
Una canción que rompe el corazón e inicia
una danza de llanto interminable.

11 Palabras de sabidurí­a

Una vez aceptadas,
las palabras de sabiduría
se resisten con la valentía de un viejo.
No se dejan llevar
a pesar de todos los esfuerzos.

He aprendido con los años
a apartarlas un poco de tí.
Así vacilantes son más bellas.

Se agitan con la brisa del amor
y danzan en tu piel
como la niña que eras antes de conocerte,
felices de presidir nuestra fiesta sin ritos.

Cuando me duermo sobre tus latidos
son gentiles
y se duermen conmigo.

12 Querido Leonardo

Ahora que yaces y te extiendes
y todos los obispos y rabinos y monjes
y las monjas rapadas
te dejan descansar,
ahora que no puedes defenderte,
a título personal te declaro
Maestro Iluminado de la Incertidumbre.
Aunque no de manera definitiva,
pues sé que mereces mejor epitafio;
a alguien se le ocurrirá algo.

Pero ahora ya me he dado cuenta
gracias al Poder de la Atención Serena
de que todas las capas de la aparente cebolla
comunican directamente con la Muerte
y también entre ellas.

Y sé que, poco a poco,
toda la luz que encierran tus billones de células
subirá por los tallos de la hierba
dispuesta a componer nuevas formas de vida,
quizá con ganas de cantar de nuevo.

Así que, por favor,
aunque tu perspectiva actual modifique tu visión,
aunque hayas encontrado una repentina claridad,
aunque hayas quedado limpio de dudas,
o aunque mucho te tiente hacer una pasada cerca del Ballantine's
no vayas a empezar ahora a hacer el fantasma
y no se te ocurra venir a matizar
ni uno solo de tus versos,
y mucho menos a cambiar
una sola nota de una canción,
ni una de las doradas vacilaciones
que has dejado grabadas en mi memoria,
para que no tenga que cambiar mi decisión
y me pueda sentar en tu jardín,
donde vive la mujer de mi vida
con todas las demás
que también sedujiste sin poder evitarlo,
como lo hacías todo.

13 Preguntas privadas al maestro

Querido Viejo Zorro:
Si he comprendido bien,
no sé si estoy a este lado
o al otro.

A este lado
cada cosa es distinta de las otras,
hay madreselvas en el muro
y el dolor me hace sufrir.

Al otro lado
cada cosa es distinta de las otras,
hay madreselvas en el muro
pero el dolor no me hace sufrir.

A mi me da exactamente lo mismo,
porque a mí me encantan las madreselvas
y me parece genial que sean distintas del muro
y el sufrimiento es solo una montaña de dolor.

Pero te prometo
que voy a considerar si me importa
que el muro no sea un poco menos alto,
de modo que un conejo lo pudiera saltar,
suponiendo que olfatease hierba
a este lado o al otro.

Por lo demás
¿Sufre una persona sólida en el proceso
de atravesar el muro?
Y ¿podrías contestar con un sencillo sí o no?

14 Delgado eco

El sonido
de la primera campana
no ha cesado.

Las aves que vigilan sonriendo
desde los campanarios
lo protegen.

Siempre
guardan silencio.

15 La risa del maestro

Cuando llego ante él
el Viejo Zorro está
simplemente sentado
en los arrabales de mi ansiedad.

Me preocupa
esa luz divertida en su mirada
pues no sé si es reflejo
de su confianza en mí
o de la vastedad
de su propia renuncia
a confiar en mí.

Entonces
¿No sacaré de él mi propia fe?

¿Quién sacará de dónde?
parece decir
partiéndose de risa.

16 Sentado

Aquí estoy otra vez
de vuelta del refugio,
saliendo antes que el sol,
dándole a estar sentado.

Tan cerca de lo que importa,
tan lejos de lo que me importa.

Y sin sufrimiento
pero con tanto dolor.

17 Agradecido a la poesí­a

Estoy muy agradecido
al desapego formal y normativo
de la poesía actual
que en este momento me permite
decir exactamente lo que pienso
de ese muro cabrón que me sonríe
delante de todo
lo que quiero alcanzar.

18 Buscando lo esencial

Voy a hacer un esfuerzo.
Salir de esta pequeña cama triste
que me agobia con sus reproches
y ya no se ajusta al tamaño
de mi soñado sueño.

En algún sitio
hay una morada final.
Cuando la encuentre
espero ser capaz
de amarla limpiamente.

Entrar sin negociar,
sin enredarme
en los turbios y anodinos detalles.

19 Purificación

En este retiro
de la suprema visión del Buda
a donde vine a vaciarme de todo,
el momento de más profunda fuerza
es el paso de la bandeja de desperdicios
después de las comidas.

La mirada queda en la mesa inmóvil
como una hoja
y no hay nada más allá del aliento.

20 Agradecimiento filial

Mis hijos agradecen
tener un gato a quien acariciar
y sin deberle nada.

21 No ves bien

Te gustan mis palabras,
pero te gustaría
que las dijera otro.

Te asombran mis poemas,
ves a un poeta en ellos,
pero no ves que los escribes tú.

Querida, ni te ves ni me ves.
No ves bien.
Y yo
voy a lavar mis ojos.

22 No sé si sé contar

Si uno es distinto de dos
y uno no es igual a todos
y dos no son todos
y el espacio entre uno y uno
tiende a infinito
¿Cómo unir dos en uno?
¿Qué puede hacer uno
para -al menos en esto-
asemejarse a todos?

23 Renunciaré

Renunciaré a toda una vida
de equivocado apego.
Saldré de la espiral de donación,
exigencia sutil y sacrificio.

Dejaré mi amor sin objeto.
Lo purificaré hasta que sea
una delgada y fuerte línea espiritual
sin paradas en las caderas de la Mujer.

Después quemaré otra vez
montañas de mentiras pronunciadas y oídas.
Confío en que hagas lo mismo.

Mejor amar que amarte.
Mejor vacío que vacío y solo.
O también:
Mejor nada que nada enamorada.

24 Imagen congelada

En aquella mañana
que no termina nunca de pasar
estás de pie queriendo que me mueva
sin entender por qué estoy delante de tí,
aunque ligeramente ladeado.

Por qué no aporto materiales vitales
a tu proceso de autoconstrucción.
Por qué te miro como si esperara ser demolido.

Y, dado que estamos casi desnudos
y acabo de darte un placentero masaje,
por qué no sigo ahora que me tiendes los brazos
desde esta misma orilla.

Por qué no puedo ver
que te has esforzado para cruzar
y ya estás renacida y esperando.

Por qué me paraliza ese pánico
que confundo, gentil y autocompasivo,
del todo equivocado,
con benévolo exceso de respeto,
como si frente a tí solo fuese
un hermano mayor, o como si quisiera
guardarte urgentemente
en el álbum triste de lo imposible.

Aún no conozco bien
las raíces del miedo
que congeló esa imagen
que no pierde color,
impidiendo que venga
lo que deseo.
Ni por qué, contra toda razón
nos seguimos hablando
sin movernos de allí.

25 Voz

Tu voz
no se ha ido.
Enroscada
en mis tobillos
sube despacio.
Han pasado
incontables instantes
de lejanía y amor
y tu voz sigue aquí
subiendo.

26 Mecanismo parlante (plagio de Momo)

Click
Hola, soy Jesusín,
el muñeco poeta.
Click
Te pertenezco.
Por eso te envidian todas.
Click
Quiero más abrazos.
Llévame a tu camita.
Click
Hola...

(bucle infinito hasta agotar las pilas)

27 Hiedra y sol en el muro

Los dedos quieren
abrazar los talones,
subir por los tobillos,
trepar a las caderas tan despacio
como sea posible
para extender el tiempo.

Desnudar los costados,
formar lienzos y copas,
llenarlas de ternura,
trenzarse sobre el cuello,
hacer caminos hasta la cabeza,
círculos diminutos en la raíz del pelo.

Acariciar los párpados
de modo que los ojos solo sientan
placer de estar cerrados.

Los dedos quieren
bajar ahora un poco más aprisa
al latido que crece dulcemente
y quedarse un momento a descansar en él.

Las manos quieren
avanzar extendidas pero también quedarse
en donde ya estuvieron
y le piden ayuda
a todas las regiones de la piel.

El cuerpo quiere
envolver y adentrarse,
conocer lo que es suyo
y ser lo que conoce.

Al alma que es el cuerpo
le basta vivir esto
solamente una vez
y se vuelve a fundir lo que eran dos en uno.

28 La distancia final

La distancia que duele.
La voz que se recuerda.
La herida en lo más hondo.
El llanto sin motivo.

La pregunta desnuda.
El desconcierto mudo.
Las imágenes tristes.
El cuerpo que se opone
al ciclo del aliento.

El vacío sin límites.
La mañana sin luz.
La casa hueca.

El lúcido deseo
de no vivir así,
pero ¿de qué otro modo?

¿Aún prefieres fingir
que no has visto ni oido?
Escuchas sin rechazo
el impaciente halago
de la muerte,
que ya no se disfraza.

Dejando entrar apenas
la débil claridad de la memoria
que te dice que ahora
no es el momento de cambiar las cosas.

29 Mesa de juego

Para cruzar el río
pones la vida en él
y al otro lado encuentras
que estás solo.
Tus monedas
han sido despreciadas.
¿Adónde irás ahora?

30 La mentira interior

Quise creer en tí,
pues arrastraba demasiada carga.
¿Quién era este milagro
que me había deshecho en pocos días?

Me vacié cediendo a mi deseo,
oyendo claramente
lo que no habías dicho.

No fue posible
dar vida mucho tiempo a la ficción.

Queda un hueco que duele
en el lugar central
y no quiere recibir nada más
que no seas tú misma.

Ahora, mi costumbre suicida
de quemar toda la ropa vieja
me traiciona otra vez.

Aunque me gustaría
encontrar algo útil
para sobrevivir en este tiempo frío,
desnudo seguiré.

Para darme valor diré que ahora,
al despertar de tí,
camino más ligero.

31 El discípulo

El alma
no puede ver la lógica del fuego
ni sabe si la extingue o purifica.
Hace un camino incierto,
sin meta y sin recursos.

Se rinde a cada paso a la verdad,
aceptando que no controla el juego.
Se aferra a las palabras conocidas
solo por un momento e, inútiles, las suelta.

Se ata a la ilusión
de repetir escenas del pasado
y cada vez más rápido reconoce el error.

Inventa nuevas formas de esperanza
y disfraza con ellas el deseo,
pero el engaño cae al poco tiempo.

Tiene miedo.
En los días más débiles
lo reconoce y llama por su nombre.

Y entonces se da cuenta -en ese grito-
de que una luz más clara le llama en lo profundo,
sin ninguna promesa.

Así se reconoce
y se pone en camino,
siempre por vez primera.

32 Recuerda

No te muevas ahora.
Los caminos,
otra vez circulares,
te encierran
y te alejan de todos.
Recuerda y calla.
Has perdido la fe
pero aún
conservas la memoria.

33 No te escondas

Que hable el dolor.
No podrás disfrazarlo.
Hoy es su tiempo.

34 Tentación

He bajado a la orilla
llamado por tu voz.
El rumor y la espuma
me permiten oir
el silencio del fondo.
Quizá es ahí
donde espera tu abrazo.

35 Madre de la fé

Lo que se encuentra abajo,
cuando ya no se puede descender.
Lo que impulsa a iniciar otro vuelo.
Que tiene que vencer al peso enorme
del fracaso circular de la vida.

Y vence. Estalla. Vive. Recomienza
siendo otro.
Sacando de la angustia y de la asfixia
el ritmo virgen del aliento.
Desvelando colores nunca vistos,
cantando con palabras recién hechas.

Esta luz no visible. Esta madre. Esta nada creadora.
Y yo la amo, estoy unido a ella,
creo en ella también cuando estoy débil.
Incluso en el dolor,
que ella me ayuda a ver sin disfrazarlo,
a sufrir claramente, sin medicina alguna.

36 Nana para despertar

Amada, no estés triste.
Es cierto que la luz no se extingue.
Al principio los ojos
no pueden soportarla mucho tiempo
y se cierran.
Nadie puede caminar sin descanso.

Amada, no estoy triste
pues, aunque estás herida
y apenas me recuerdas,
no me alejo ni un instante de tí.

Se agotarán las lágrimas
y buscarás mis ojos
que estoy llenando de tu belleza inmóvil.
Conocerás mis brazos que siempre te protegen.
Y encontrarás mi boca
que te susurra esta canción de cuna
y que quiere aprender ese canto de ángeles que añoras,
para que te despiertes siendo niña otra vez.

37 Hermana mía, no lo llenes todo

Alma, quieres hacerlo sin ayuda.
Quieres ser la semilla, el labrador,
la tierra, el agua, el sol
y hasta el espantapájaros.

No confías en nadie.
¿Por qué quieres hacer lo que no sabes?
¿Cómo quieres vivir donde no hay vida?

Elige con paciencia la semilla,
que en tu interior madura
y es solo tuya y solo para darla.

Haz un hueco en la tierra
que el mismo amor te ha dado.
Nadie puede hacer eso sino tú.

Pero después
deja que sea otro -quizá yo mismo-
quien disponga las lluvias,
quien vigile los fuegos,
hable a las aves y les pida respeto.

Deja que sea otro
-quizá pueda ser yo, porque te amo-
quien calcule el momento de cosechar los frutos
y los tenga dispuestos para quien tú decidas.

38 Que sepamos tu error

Aspiras a ese amor que es una idea
y sobrevive apenas un instante
mientras solo una parte de tu ropa
se deshace en la hoguera.
Así podrás de nuevo acercarte a las tiendas
y añadir un color a tu disfraz.

Pero temes aún el resplandor
que te deja desnudo.
No soportas pensar en esa forma
de morir desangrado y suplicando
que es vivir en el mundo que conoces.

Y no puedes bailar abandonado al gozo
de la sencilla luz de la mañana,
en soledad, como la luz te espera.

Baja al hondo lugar fresco, oscuro y vacío,
para que puedas verte
y no te quede miedo ni sospecha.

Que sea tu canción como tus huesos,
que tu poema nos diga cómo eres,
y no quieras vendernos tus cenizas.

39 Piedad

He dicho: mis contornos se llenan de tibieza
y la alegría nace de mi centro.
Nadie me ha contestado.

He cantado: agradezco la luz
y descanso a la sombra de árboles maestros.
La soledad ha vuelto sobre mí.

He llorado: perdóname, acompáñame,
devuélveme la fe.
Ha crecido el silencio alrededor.

He gritado a la noche: no me escondas tu luz.
Y la noche me mira como a un hijo
que ha bajado desnudo de la cruz.
Me lava las heridas, me canta con dulzura.

40 La que da vida

Escucha la verdad que declara el silencio
detrás del canto del arroyo claro,
en el primer sabor de las fresas de junio,
en el valle de calma entre dos olas.

Aléjate sin prisa. No traces tu camino.
Deja caer la dudas y certezas. Debes llegar vacío.
Cada paso te acerca al bosque oscuro
donde te está esperando.

Ella es fuerte y fragante, alegre y tierna
y su aliento de sal es lo que necesitas.
En ella están y viven los seres que has amado
y entrarás en su danza a completar el círculo.

No mires lo que queda
de las variadas formas del anhelo.
Cuando todo se apaga, lo que queda eres tú
y en ella te disuelves.

41 Transparencia

No te engañes ya más, no nos alejes,
déjanos ver el dolor que te detiene.
No sabemos aún si te queremos.
Si no te dejas ver, no lo sabremos nunca.

42 Piedra inútil (recordemos los salmos)

Todo es inútil
y la vida estéril
si una lluvia divina
no transforma la piedra
en corazón humano.

43 Corazón cautivo

Por lo común
el corazón del hombre es denso como el plomo
y por eso desea
alcanzar la morada de las águilas
y en su lucha impotente se pervierte
construyendo burdeles, oficinas y catedrales ígneas.

Yo sin embargo soy incapaz de eso.
Tengo al enemigo
encerrado en mi jaula de palabras.
A él le gusta cantar, desde el primer aliento
y lo alimento con cualquier poema que me sobra,
con fugaces visiones,
mentiras o verdades que imagino.
Así lo tengo activo y no hace daño.

44 Corazón libre

De tarde en tarde
en mi portal las brujas deliberan
cómo hacerme salir de la esperanza,
cómo cerrar la puerta de los montes
y obligarme a buscar seguridad
en sus sucios asuntos comerciales.

Traen su munición de palabras pesadas
para atacar mi risa,
mis ventanas abiertas.
Desean fieramente convencerme
de que mi corazón es como una mascota,
venderme sus juguetes y jaulas para él.

No me quieren creer cuando les digo
que ya no tengo el corazón aquí,
pues entendí su cualidad salvaje,
le dí la libertad y se marchó.
No quiero que se oculte
en esperanzas ocres y marchitas.

Andará por ahí
cantando sus canciones partisanas,
sus salmos de alabanza,
susurrando palabras inventadas
al oído de alguna compañera.

A mí me gusta así
y lo sigo queriendo como a un hijo
y sabe que su cuarto vacío sigue limpio.

45 No, doctor

Si tengo que morir
-hay consenso en que sí-
quiero morirme vivo.
Por tanto no, doctor, no vamos
a ocupar una cama, ni queremos
desconectar con drogas mis sentidos.
Voy a morir en brazos de la vida,
con el dolor que sea necesario
mientras lo pueda soportar
y hoy puedo.
Quiero a mi compañera junto a mí.
Será su mano,
que me conoce bien,
lo último que suelte
cuando emprenda mi vuelo
con las otras semillas
al mismo sol que la envió a quererme.
Quiero hacer este gesto para ella.
Esa será mi última palabra.

46 Enola Gay Hits (introducción a la poesí­a contemporánea) (apunte)

Es herencia de mi generación
el final del propósito del tiempo.
Casi en el mismo instante agonizaron inservibles,
memoria, entendimiento y voluntad,
la envoltura exterior del alma,
que permitía vivir a la manera humana.

A pesar de las opiniones correctas
Hitler y su familia -somos todos-
hicieron su trabajo muy bien,
al destruir definitivamente
la fe del hombre en la humanidad
y en cualquier otro objeto del lenguaje.
Su enemigo simétrico remató la faena
poniendo en su lugar -el lugar de la fe,
que está en el centro mismo de la vida-
un pánico imborrable.

He aquí la razón del éxito infinito
de las pelis de zombies,
que son nuestro retrato social más acertado.
También es la razón de la dificultad terrible
de educar a los hijos.
Desde entonces educar es mentir.
Ahora podemos comprender a nuestros padres, que lo vivieron.
Cómo cerraron los ojos a estas cosas
e inventaron historias que contarnos.

Aún así, se salvaron algunos
sorteando con indiferencia de piloto
la correcta política.
Muy pocos son inmunes, pero cantan muy hondo
y su voz no descansa,
como un hilo de oro
tendido entre los cielos y el barro de la ciénaga.

Hablan claro, respetan
el antiguo lenguaje del corazón del mundo
y sus palabras salen directas de sus hechos.
Como no mienten, el mundo finge que no se les entiende.

Lo que en la tele y en las redes veas de ellos
no es la verdad completa
y tendrás que acercarte mucho para saberlo.

No puedes encontrarlos en los libros,
sino en las cercanías del dolor y la muerte
enseñándome a mí, por ejemplo, a desprenderme
de mis altas murallas y de mi indiferencia.

Llevando a sus parientes y vecinos
al otro lado de la valla.
Recogiendo a los agonizantes en la calle
para ofrecerles una muerte humana.
Rechazando la compra del tiempo de sus hijos,
rechazando las ofertas por su precioso corazón,
rechazando las salmodias podridas de los templos,
rechazando los elogios
y aceptando la luz y el alimento
en la libertad de su alma.
Rescatando a los niños
y a todo ser humillado,
pero primero a los niños.

Unos están organizados a manera de coros,
otros desde los montes hacen sonar su voz solitaria,
los más viven calladamente a tu lado
y no los oyes, pero si no estuvieran
se cerraría el cielo.
Y todos estos cantan la verdad
redimiendo su voz y la de todos,
que estaba condenada.

47 La madre se me acerca

La madre se me acerca
o yo me acerco a ella.
Su suave calidez
quiere unirse a mi piel recién nacida.

No hay gestos, ni palabras,
pensamientos, acciones o experiencias,
sino un inmenso anhelo
de que nadie esté fuera de este abrazo.
De estar fundido en ella,
de estar unido en mí.

48 Morir

Morir no es otra cosa:
Desatar las raíces que me unen
al ser de sangre, ideas y emociones
que me ha dado sus fuerzas y quiere descansar.
Lo veo ya, lo amo y le doy gracias .
se fundirá en el aire en libertad, tranquilo.
Se dejará llenar de la luz de otra vida
que también será Yo

49 La nostalgia

Esta aguda nostalgia que es anhelo,
desconcierto de no encontrar presente
entre el tiempo perdido y el soñado.

Un vacío indeciso en mi centro recuerda
y resuelve el misterio de vida
y no vida y comprende
cómo hacer el camino de regreso.
Pero no puede
elevar una sola palabra que lo diga.

Apenas la memoria
de la memoria de una música
flota en las venas y lo llena todo
con su veneno ingrávido.

50 Hacer una sonrisa

Para lograr una buena sonrisa
los estudios son largos.
Hay que practicar mucho.
Pero no son difíciles.
Hay que llorar.
Llorar todas las lágrimas.
No para echarlas, sino para verlas
y poderlas amar como hijas de tu vida.
Solo este amor agrada a la sonrisa.

51 Soy reciclable

Estoy contento, cumplo los estándares
y normas del espíritu.
Me lo ha dicho el espejo.
Todos mis materiales son reutilizables.

Las distintas sustancias químicas,
los soportes sutiles,
todas las ilusiones,
sentimientos, ideas y emociones,
incluida esta torpe premonición de amor
que me arrastra y confunde.

No habrá nada que sobre,
todo quedará limpio.

Así que cuanto antes,
libre ya de esa carga de sospecha,
pongo todo a la puerta
y podéis acercaros a coger lo que queda.

52 En el mismo camino

La promesa era cierta
y se ha cumplido.

Sin embargo,
aquí estás otra vez,
más sólido y ligero,
en el mismo camino
que sabes que no existe.

Con la mirada clara
puesta en el aire
que contiene todo.

Con tu ilimitada alegría,
con tu insoportable tristeza.

Con el alma cortada
por la verdad sencilla
de que estás vivo
y todo vive en tí.

Abriendo cada día
la primera puerta.
Entrando cada día
a distintos espacios.

Aceptando que todos
se te acerquen,
te vean y te toquen,
para ensanchar un poco más
el corazón y así
permitir que se cumpla
otra vez la promesa.

53 No soy un buda

No soy un buda.
No soy casi un buda.
No soy un maestro.
No soy un iluminado.
No soy un santo.
Casi no soy un discípulo.

Soy apenas un hombre,
un saco de palabras,
un hombre de mentira.
Solo quisiera ser de verdad.

No voy a ningún sitio.
Solo quisiera estar aquí
y que allí fuera aquí.

Y si vieras en mí
otra cosa distinta,
échale encima el agua
que te sobra,
ahoga esas imágenes
y descansemos.

54 Esta noche me falta confianza

Pasará este momento
y no podré decir esas palabras.
No podré ni moverme.

Esta noche me falta confianza
y ya no sé muy bien cómo llegaré al alba,
si seguirás allí jugando con las olas,
si llegarás a verme y me abrirás los brazos
o si estoy vivo aún y todo ha sido un sueño.

55 Cañas tumbadas

Cañas tumbadas por la lluvia
en el agua rojiza de los charcos.

En la mañana pálida
el sol busca refugio entre las hojas secas.

Esta delgada luz
apenas se desliza por la piel de las cosas,
igual que el débil eco de mi pulso
se refleja en tu ausencia.

56 El señor de los campos

El señor de los campos
camina de tal modo
que el sonido de sus pies en la tierra
no levanta a los pájaros,
pues los campos
se resumen en él y lo acompañan,
lo abrazan, lo reciben y lo envían
y respiran su aliento.

Sus pasos
dan ritmo y voz al canto de la vida
completando la melodía del agua
para el oído atento de todo el que le sigue.

Yo voy detrás de él,
poniendo su silencio en mis palabras
y disfruto de andar
muy cerca de los seres que lo aman
y han quedado tan llenos de su luz
que a mí mismo me incluyen.

57 El cormorán

El cormorán oscuro, rio arriba,
entre los verdes muros de una y otra orilla,
con tres serios impulsos alza el vuelo y escapa
del sospechoso ruido de mis pasos.

En nada se distingue su pánico del mío,
pues he llegado a andar este incierto camino
huyendo de tu amor y tu palabra.

58 La paciencia

Lo reconozco, Madre.
Me has acercado
a tus mejores hijas.
Y solo ahora
que ya ninguna está,
te veo en ellas.
Otra vez te doy gracias.

Ahora llega esta que es como yo,
familia de mi alma,
que la entiendo tan bien,
que la conozco
aún sin saber su historia.

Está presente en mí,
no encuentra resistencia
de ideas, emociones o prejuicios.
Ella extiende su aura de sencillez prudente,
serena, hermosa, semejante a tí,
escogida, vestida y señalada por tí,
con tus estrellas sobre su cabeza
y lleva en la mirada, detrás de la sonrisa,
tantos cauces abiertos por las lágrimas
por los que ahora fluye compasión.

Todo en ella me ayuda,
sin hablar ni saber,
a devolver las armas.

Siempre me has dado todo
y con ella me has pedido que espere.
Confío en tí y en ella
pero aún no en mí.
Haré lo que deseas.

Esperaré
sin saber tus proyectos,
pues no me siento solo,
ya sé que existe y, aun lejos,
ya la tengo ante mí.
Acepto esta alegría que no entiendo,
esta herida de luz,
esta vida desnuda sin defensas.

59 Súplica del amado

Ven, llámame otra vez,
estoy despierto,
desvelado esperando,
acechando en la noche,
sentado en el invierno.

Envuelve con tu abrazo
este cuerpo incompleto.
Extiende con tu mano
la piel hasta los soles,
hasta tu azul el pecho.

Fecunda con tu vida
el vacío del centro.
Úneme a tí. Ahora
siento que estoy dispuesto.

60 Adviento

¿Cómo será este abrazo cuando al fin pueda dártelo?
¿Cómo se atreverá el anhelo?
¿Cómo lo contendrá el respeto?
¿Será el amor tan ancho como lo sueño?
¿Podré dejar que ocurra lo que presiento?
¿Habrá un ángel allí para quitarme el miedo?

61 Para bien morir

Ya ves con claridad.
Ahora mira el invierno.
No es el árbol
quien desnuda sus ramas.
No decide,
no cambia,
nada abandona.
El no escribe la ley,
tampoco tú.

Descansa en tus raíces.
Deja que entre la vida
como quiera.
Ella misma,
con su fuerza infinita,
desplazará lo viejo
y caerán las hojas sin esfuerzo.
Se cubrirá el jardín de su diseño.
Parecerá casual, como todo lo hermoso.

Ya que estás vivo, vive.
Ahora es el invierno.
El árbol no se oculta.
Ni lucha ni se rinde.
Tú sigue con tus cosas,
habla con los amigos,
abona las macetas,
cambia esas tejas,
haz una buena cena,
escríbele a tu chica,
acaba este poema.

62 Descanso en tu recuerdo

Descanso en el espacio
profundo del recuerdo,
donde no llega el ruido
y guardo allí dormida
la desazón del alma
que conoce y no entiende
este aroma de amor.

63 Apartas los velos

Sin palabras sagradas,
sin complejos rituales,
sin que suenen campanas,
sin hacer, sin pensar,
solo porque eres tú y me ves con tus ojos,
los velos que me ahogan se separan
y puedo estar al fin donde quería,
aquí,
y compartir el gozo y el dolor
con todos los que amo.

64 La niña del jardín

Me esperabas inmóvil en el centro
del jardín, bajo la luna llena.
Allí reinabas.
Cantabas tu llamada luminosa
con la mirada puesta en cada paso
que yo daba hacia tí.
Eras tú quien hacía visible mi camino.

Cuando llegué ante tí
ya no pude mirar ni escuchar otra cosa.
Te entregué mi pequeña mochila,
mis juguetes de adulto,
y mi razón quedó también allí.

Como aún no podía entender tu silencio,
me lo hiciste palabra.
Todo mi tiempo me costó escucharla
y fundirme al vacío de tu ser.

Ahora estás presente.
Tu semilla ha crecido.
Se enredó en mis tobillos esa noche
y produjo la noche de mis días
para dejar caer toda la carga inútil.

Esta oscuridad viva
ya está desnuda y gime de alegría.
Y ya estamos los dos
desnudos en el alma
dando este primer paso.

65 Voy al encuentro

Abandonada la seguridad,
solo en la confianza doy este paso.
Todo se queda atrás.
Todo brilla ante mí.

66 Para andar contigo

La mañana que canta,
el aire que se mueve entre los dedos,
la caricia del sol,
el nítido horizonte,
el contacto radiante
de todo el universo que me abraza
me han traído hasta aquí,
sencillamente para andar contigo.

67 Lo que no está

Lo que no está en tu grito.
Algo falta en mi modo de escucharte.
No me llega el dolor.
Solo la ira.

68 Entrarás desarmado

Entrarás desarmado.
No habrá nada en tus manos.
No tendrás herramientas ni dinero.
No tendrás ni el recuerdo de tu casa.
Habrá luz en tus ojos
pero no será tuya.
Y habrá espacio en tu abrazo
para cualquier dolor.

69 Cuando te necesite

Cuando me falte el aire
¿podré acordarme
de lo que necesitas?
Cuando me duela todo
¿recordaré lo que te hacer sufrir?
Y tú ¿podrás amarme
cuando te necesite,
cuando lo haga al revés,
cuando llegue llorando de la calle,
como el niño
que ha perdido el dinero de la compra
y no trae las cosas que querías?
¿Estaremos despiertos
siempre como ahora mismo,
cuando se multiplica la alegría
por vernos, recordarnos, esperarnos
y vivo en el milagro de que vives?

70 Infierno y paraí­so

El paraiso no tiene fronteras,
pero es fácil salir.
Solo se necesita una pregunta
y ya estás de inmediato
en la infinita desolación de afuera,
donde sopla el anhelo.
Pero no estás perdido.
El infierno está lleno de puertas de salida,
cada una en un ser cuyo dolor te llama
y solo hay que acudir en compasión y ayuda
para volver a casa y descansar
un instante otra vez.

71 El pescador de perlas

Pocas veces
puedo llegar al fondo
y recoger mi perla.
Casi siempre
el brillo de los bancos de peces me cautiva
y me quedo en su danza
con las manos abiertas
hasta que ya no hay aire
y he de subir al sol a respirar.

72 Quédate un momento

No te alejes sin verle.
Mírale ahora, antes
de seguir tu camino.
Mira ahora a este hombre
que reconoció al verte
que nunca había amado.
El alma que te dice
palabras que conoces.
La confianza blanca
que pone en tí.
Estos brazos
que solo a tí desean.
Las manos que, en las tuyas,
aún son manos de niño.
Los ojos asombrados
que conservan tu luz.
Esta voz que ahora sabe
a quién le canta.
Este cuerpo que vibra
y en tí quiere fundirse.
Todas las emociones
que transformas,
cómo aprende de tí,
cómo detiene el tiempo
en tu presencia.
Cómo aprecia tu vida,
cómo quiere que seas
lo que tú quieres ser.
Mírale ahora y háblale
y piensa si te quedas
un momento con él,
quizás hasta la muerte.

73 Desconfí­o del tiempo

Desconfio del tiempo.
Cuando el tiempo me apremie
esperaré.
Cuando me sobre tiempo
trabajaré ligero.

74 No recorro un camino

No recorro un camino.
No veo encrucijadas.
Lo que amo no está lejos.
Todo lo que era mío
está ya repartido.
Por tanto, estoy entero.
Nada busco
y tú ya estás conmigo.

75 Desde que te conozco

Desde que te conozco
siento tan cerca el corazón del mundo
que ya no sé muy bien
distinguirlo del mío.
Desde que hablo contigo
sustento las palabras en los hechos vivientes
y no vivo en un mundo de palabras.
Desde que estás ahí
no sé medir la distancia muy bien.
Pues siempre estoy contigo.
Pues siempre hablo de tí.
Pues siempre estoy amando.

76 Nos acompañan

Habitan en el aire,
entre tú y yo se mueven delicados,
apenas distinguibles.
Actúan desvelando
recuerdos verdaderos de cuando no existíamos.
Somos parte de ellos, sus amigos, hermanos, aliados.
Están aquí para que consigamos
destapar esa luz que nos unía.
Son testigos de todo lo que hacemos
pero no nos vigilan ni nos juzgan
y tejen nuestros actos, que parecían grises,
en el vasto y espléndido tapiz de la existencia.
Apenas los sentimos un momento,
los oímos pasar, nos embriaga su aroma,
nos dejan una escena, una promesa, un toque,
confianza
que nunca modifica el curso de la vida,
pero nos da el sentido
de lo que ya está hecho.

77 Estoy cerca de tí

Estoy cerca de tí.
En el mismo universo.
En tu mundo, en tu tiempo.
En la misma frontera imaginaria
que nos enseña a ver la realidad.
En el mismo anhelo.
En la misma certeza,
con parecidas dudas.
Respirando contigo.
En el mismo, en el único amor.
Con los mismos hermanos unidos
por el mismo dolor.
En la misma alegría de vivir
que ya no se contiene
y va reconstruyendo la sonrisa.

78 Renuncio

Renuncio a estar oculto y protegido
Renuncio a vivir solo
Renuncio a apoyarme en los otros
Renuncio a mis proyectos conocidos
Renuncio a perseguir seguridad
Renuncio a prolongar mi vida

Renuncio al descanso y a la paz
Mientras haya en el mundo alguien en lucha
Renuncio a decir Mío
Mientras una persona pase hambre
Renuncio al reino de los cielos
Mientras no estén vacíos los infiernos

Renuncio a que me beses
Mientras no seas libre
-y solo tú lo sabes-
Renuncio a todo amor
Que no esté hecho solo de atención

Renuncio a todo, pero no al Gran Amor, el único
No renuncio a la fe, la alegría y la esperanza
No al juego, al canto, al baile y al contacto
A la palabra limpia
A la presencia amiga
Que necesito tanto como tú
Y que recibo al dar

79 Te acercas

En la línea del alba
el roce de tu boca
me despierta en silencio
como el aire movido
por la hoja que cae

Y sé que no es un sueño
sino tú que te acercas
venciendo la distancia
y respiras conmigo

Mi piel extiende un aura
de pura entrega, abierta
sin presión ni contacto
y se funde en la tuya
y entre tú y yo no hay nada

Pues has venido a verme
sin cuerpo ni palabras
en figura de luz
siendo pura presencia

80 La primera rosa

Dijo que ya era tuya
y no quise cortarla.

81 Biografí­a de un pequeño loco

Hice las mismas cosas
que hace la gente.
Olvidé la mirada de la madre.
Quise llegar a donde no podía.
Tuve hijos sin saber.
Me aferré a lo lejano.
Disfruté las ideas.
Trabajé para llegar a ellas
y no estaban allí.
Sufrí. Causé dolor. Mentí.
Preferí y escogí.
Compré y vendí palabras.
Me aferré con gran fuerza
a ilusiones doradas
que se desvanecieron
dejándome vacío.

Vacío estaba. Entonces
hubo un toque de vértigo.
El tiempo justo
de despertar, un parpadeo.
Pero solo era asombro.
Luego todo se hizo transparente
y ya no vivo solo.
Junto a mí, muy adentro, sin distancia,
sin que pueda explicarlo,
viven todos conmigo
y ya no es necesario saber nada.
Hoy es hoy. Agradezco
que hayan muerto la meta y el camino.

82 Proyectos necesarios (apunte)

Te asusta hacer proyectos.
Querrías aceptar mansamente la vida
y de nuevo entra en tí la tentación
de reforzar la imagen que tienes de tí mismo,
como si hubieras alcanzado ya
un estado inmutable.

Piensas así:
Cualquier proyecto es un aplazamiento.
Incluye una carencia imaginaria,
su negación futura
y el proceso ingenioso de rodar hacia ella
hasta encontrar que solo era ilusión.

Pero quizá ves algo
que deseas cambiar.
Cámbialo.
Eso es algo que ayuda
a quien quiere rodar y desprenderse
de lo que va sobrando.
Nada aumenta,
pero te va dejando sin apoyos
y te enseña a volar
-aunque no quieres-
hacia el lugar sin nombre,
al amor sin objeto,
a la noche sin luna,
al trabajo sin meta,
a despertar.

Contempla la frontera en que te sientas.
Las dos luces que luchan por alumbrar tu vida.
El gozo al que te aferras.
El dolor que no aceptas.
Despierta, no cultives
la imagen del despierto.
¿Hay algo que cambiar?

83 Algo absurdo

Piensa en algo
que sea tan absurdo
como hablar del silencio.

84 Olvidando mi nombre

Madre de la mañana
Soy un niño a tu lado
No soltaré tus manos

Cubre de tí mis días
Que tiemblan en el límite
Y acompáñame siempre

Reúne a los que amo
Y llévame con ellos
A tu casa sin muros

Desenreda mi tiempo
Acaricia mi niebla
Desnúdame de anhelos

Sembraré con tus manos
Lo que no necesito

Lavaré la sonrisa
De todos los que sufren

Cantaré con tu voz
El gozo que transforma

Y podré descansar
Vacío en tu regazo

Olvidando mi nombre
Aprendiendo los tuyos

85 Abertura

Al principio
me pareció una mala herida,
pues los labios de carne
sangraban sin curarse.
Luego se fue ensanchando
y poco a poco dejó pasar la luz.
Entonces empezó a parecer
más bien una ventana.
A través de su espacio pude veros.
Pero sigue creciendo
y ahora ya no sé qué nombre darle.
Aunque duele,
es más yo que yo mismo
y todo el mundo quiere entrar ahí.

86 Ceder

Se hace caricia el aire que te empuja
cuando aceptas su soplo.

Eres agua en el río
y alcanzas fácilmente tu destino.

Al caminar no dañas
el suelo con tus pasos y cedes
a la tierra que presiona tus pies,
arraigas en la luz de cada instante.

Hablas con quien te habla
de lo que quiere hablar.

Entran risas y llantos.
Salen risas y penas
envueltas en la misma aceptación.

No opones resistencia
a la carga de dulzura o violencia
que traen las palabras.

Dejas entrar la voz sin contenerla,
apreciando la vida que se acerca
y solo esperas no verte alejado
de esta escuela de amor.

87 Sin referencias

Estás aquí
donde esperaba encontrar la soledad final
y a nada te pareces.
Querría poder explicarlo
o al menos compararte con las otras,
situarte en la secuencia de mis amores,
conocer la razón de que aparezcas hoy
reduciendo a presente la historia.
Ahora que mi tiempo se termina
y cae sobre mí la lluvia fina
de la verdad desnuda.

En cambio estoy inmóvil,
sin mapa, referencias ni recursos,
quemándome en tu luz,
de pie a la distancia justa
de no intervención,
pero atento y dispuesto para el salto.
Con esta sonrisa interior
pero latiendo como un mar de naufragio.
Con todo conocido
menos tú.
Sin ninguna pregunta
excepto las que traes.

Me gustaría saber quién soy fuera de tí,
dentro del hombre viejo,
quién eres tú en mi origen,
ver tu historia completa,
entender las razones,
cómo será posible
la vida que sin saber me ofreces,
por qué habitas, expandes y disuelves
esta frontera que hasta ayer era mía,
donde estaba a punto de cavar
mi última madriguera.

88 Transfiguración

Solo estaba buscando
mi verdadero gesto.
Solo estaba frotando el espejo
para lavar la imagen.
Esperaba encontrar algo debajo.
Una sonrisa libre de vergüenza.

Ya está hecho el trabajo.
Detrás de la delgadas películas de vidrio
no apareció la imagen que esperaba.
Ahora en lugar de imágenes
estás presente tú,
con la mirada derramando luz,
mostrando que no sé cómo vivir.

Así que se disipa un largo rastro
de equivocada renuncia
gracias al viento suave de tu voz,
porque vienen los días
de aprender la canción,
los días libres de pecado y recelo,
el desconcierto alegre del amor.

89 Mapa de los caminos a tu casa

Algunas puertas están abiertas,
otras están cerradas,
otras entreabiertas.
Tu sonrisa las ilumina todas.

Así no insistiré golpeando lo rígido,
pero no dejaré de acariciarlo.
Susurraré canciones a las dudas y miedos,
no esperaré respuesta.
Entraré y saldré libremente
por todo espacio abierto,
porque quiero disfrutar tu gozo,
afianzar tu esperanza
y aprender el amor
en todos tus misterios de dolor.

Y será mi camino
todo lo que tú abres para mí.

90 Estrella de la mañana

El azul desmentía
la eternidad del duelo,
la noche contenía una gran luz.

Las hojas de la hierba
crecían presintiendo.
Se extendía el silencio
en la quietud sin luna.

Todo estaba dispuesto,
el vaso ya vacío,
soñado todo sueño,
nada por terminar.

La alegría, el latido,
el cántico, la vida,
todo estaba despierto
con los ojos cerrados,
sin saber, esperándote.

91 Al que llora

Voy a dejarte libre del saber que te oprime,
voy a dejar a un lado la razón y el control
y de momento solo respetaré estas lágrimas.

No sé muy bien quién llora.
Podrías ser el niño
que sobrevive oculto y temeroso,
que no puede crecer.

Podría ser mi propia
desesperada frustración por tí,
a quien no puedo redimir
ni consolar
ni siquiera encontrar,
aunque no hay otra meta
desde que oí tu angustia.

Abriré las puertas
de tu prisión oscura
y llegaré hasta tí,
sabré quién eres
y quedaremos libres.

92 Sé lo que necesito

Nada espero del alba.
Sé lo que necesito.
El campo sin caminos,
mi ropa sin bolsillos,
los pájaros que cruzan.

Nada puede la noche.
Sé lo que necesito.
Sentarme en el silencio,
dormir bajo las ramas,
compartir la comida.

Nada tienen los hombres.
Sé lo que necesito.
Solo la flor pequeña,
la canción del cariño,
el olor de la lluvia.

Nada saben los dioses.
Pero la vida sabe
lo que yo necesito.

93 Bajo el árbol

Descanso bajo el árbol
que sostiene la vida
para seguir el cántico
del aire entre las hojas.
Tan extendido y vivo
que ya no tengo peso en la memoria
y ni siquiera nombre.
Los seres me iluminan
y las palabras temerosas huyen.
El universo entero
es feliz recibiéndome.
Mis hermanos se acercan
para reir conmigo.
Todo entra, todo sale,
nada falta ni sobra.

94 No en vano

Aun insensata y torpe,
no fue en vano la entrega.
Lo que dí sin saber
ensancha mi camino
y me aligera.
Crecen los que me aman
y se llevan mi carga.
Tal vez al alba
vendrá el viento a llevarme,
la luz del sol
a despejar las nubes.

95 Tu libertad

Cada mañana
Me daba un baño perfumado de palabras
Rezaba por tu libertad
Y me sentía bien
Justificado, generoso y bello

Así mentía el corazón mezquino
Ocultando el deseo en velos de respeto
Sin conocer su propio temor a tu rechazo

Ahora que te apartas unos pasos
Veo la altura de tu libertad
Que nunca necesitó oraciones
Y por fin puedo amarte como eres

96 ¿Es libertad?

No es libertad si crees
que debes defenderla.
Que podrías perderla.
Si temes que alguno te la quite,
la libertad es algo que posees.
Pero las posesiones te esclavizan.
Entonces ¿eres libre?

97 Amo

Amo algo que llevas en el pecho
Algo que no puedo coger
Pero que no se oculta
La mirada que nadie te ha enseñado
El ritmo de tus pasos
Tu voz y tu silencio
Tu sonrisa y tu llanto
Amo saber que existe

98 La paciente

Como un premio a mi vida
de espléndidos errores.
Es ella, la paciente,
para quien nunca es demasiado tarde.
Lleva en sus manos mi descanso
y me espera radiante
en la próxima curva.

99 Recogido en la playa

Abre la mano, acepta
Esto que es como tú
Y como tú ha venido
En murmullos de espuma
Esta concha pequeña
Este blanco registro de la vida
Recuerdo de un destello
Que te ofrezco con un ligero roce
Antes de deshacerme
En la tarde serena que iluminas

100 Sobrevolar los límites

Parece que es tan tarde y ya
Debería conocerte
Haber trazado un plan
Tener contados los pasos
Una idea del tiempo
Pero no me esconderé en lo conocido
No voy a manipular el futuro
Ni me entregaré a las preguntas
Bailaré en el alambre sin mirar el suelo
Tomaré mi fuerza de lo alto
Y sabrás que este hombre
Ha tirado las redes y las armas
Y extiende su mano sin proyectos
Porque no teme tu libertad

101 No sé

No sé cuánto tiempo durará
No lo contaré en años
Ni en deseos cumplidos
Ni en hijos
Ni en fracasos
Ni en lugares
No sé si alguna vez
Se extinguirá
Esta primera campanada
Cuyo eco
No ha comenzado aún
Y está sembrando en mí
Algo que no conozco

102 La brisa

Una brisa tranquila
Poderosa y constante
Deshace los castillos
Que levanto en la playa

El agua vuelve al agua
Y la arena a las dunas
Yo me quedo mirando
Cómo cambian las formas

103 Despertar en tu voz

La sencilla alegría de tu voz
Me guía al otro lado
Me saca del ensueño en que confundo
Ilusiones, anhelos y recuerdos
Con la vida real

104 Pagar deudas de amor

Ya no queda otra cosa
Pagar con gratitud
Tantas deudas de amor
Acompañar, unirme
Ayudar, abrir puertas
Que se quieren abrir
Pues lo que queda es vuestro
Y con vosotros voy
En la estela de luz
De la esperanza

105 Izar

Tus ojos desde siempre
Han brillado en el cielo
Desde siempre en el templo
Resuena tu voz clara
Tú me completas y disuelves
Haciéndote conmigo agua de vida
El agua entra en el agua y se sumerge
Recordando el camino a la fuente profunda
Para jugar ahora
El necesario juego que presenta la vida
La sagrada tarea luminosa y sencilla
Que queremos cumplir

Tú sabías muy bien
Desde el origen
Cómo llamarme
Cómo despertarme
Nunca hubo distancia
Entre nosotros

Muy bien te conocía
Todos mis protectores
Antes que yo te amaban
Y me hablaban de tí
Para quien es la casa
Abierta que construyo
Con las piedras lavadas
De mis ruinas

Hermana, ya no verte
Sino ver desde tí
Tu mirada en mis ojos se hace mía
Y regresa a los seres familiares

Este corazón viejo tuyo y mío
Que por fin se completa
Puede empezar a cantar
Sacar la vida de donde la escondía
Y rebosa palabras de consuelo

Unas manos como estas que se unen
Y al fin se reconocen
Han encontrado fuerza y ternura eternas
En un instante
No buscan ya una en otra descanso
Saben que es imposible
Morir y separarse
Y abrazan toda vida
Doliente que se acerca

106 La voz de la montaña

La voz de la montaña
Ha encontrado tu silencio escondido
Y despierta recuerdos

El hielo desprende grandes rocas
El agua te convierte en tierra fértil
El viento extiende anuncios
De vida y muerte hasta los horizontes
El sol acaricia tus colinas

La voz de la montaña
Ha encontrado y unido tus fragmentos dispersos
Y ha sembrado un alegre tumulto
En el espacio ancho de los valles

Un eco que no muere
Una línea central de luz que te aligera
Y con ternura te atraviesa

107 Recordar tanta vida

Tantas veces morir y nacer y encontrarse
Tantas veces volver a conocer tus manos
El camino, el trabajo, tanta búsqueda
Tanto dolor fecundo y compartido
Tantos errores,Tanta obcecada violencia,Tanto miedo

Dejarlo caer todo tantas veces
Crear la soledad en torno a mí, alejarme
Recobrar confianza junto a tí

Tantos amados rostros
Tantos cielos distintos brillan hoy en tus ojos
Una misma sonrisa
Un solo Ser
Añadir poema

5 Haikus de la campana

Añadir poema

1 Delgado azul

Delgado azul
Corazón de campana
Voz de misterio

2 Sol en la nieve

Sol en la nieve.
Vacío y transparente
descansa el aire.

3 La luz despierta

La luz despierta.
En la piel de las cosas
nacen las sombras.

4 Gritos de garzas

Gritos de garzas
Calla la voz del viento
Se aleja el eco

5 Halcón sin sombra

Halcón sin sombra
Lagarto que se mueve
Entre las piedras

6 Las hojas frías

Las hojas frías.
Quietud final del viento
bajo las ramas.

7 Cielo apagado

Cielo apagado
Sobre el campo desierto
Gritos lejanos

8 Nada de nada

Nada de nada
Significa el silencio
Solo se calla

9 Truenos lejanos

Truenos lejanos
Un tenso aroma seco
Sobre los grillos

10 Mañana frí­a

Mañana fría
Sol que busca refugio
En estas manos

11 Con la campana

Con la campana
Vuelvo a entrar en mi cuerpo
Desde tu abrazo

12 Tarde callada

Tarde callada
Un eco de jazmines
Trae la brisa

13 Vivir andando

Vivir andando
Un paso y otro paso
Volviendo a nada

14 Las olas tocan

Las olas tocan
La sombra de la niña
Y se retiran

15 El viejo andando

El viejo andando
Suena fuerte el aliento
En cada paso

16 Ancho silencio

Ancho silencio
El canto de los pájaros
¿en qué se apoya?

17 De monte a monte

De monte a monte
Las voces de dos cucos
Se están buscando

18 La lluvia mansa

La lluvia mansa
Uniendo los colores
De cielo y campos

19 Primeras gotas

Primeras gotas
El olor de la vida
Sube del suelo

20 Espejo de agua

Espejo de agua
Los charcos del camino
Luz que descansa

21 Luz derramada

Luz derramada
En los pétalos blancos
El sol se busca

22 La lluvia borra

La lluvia borra
Las huellas y los cantos
De los pájaros

23 Seria mirada

Seria mirada
El niño en el jardín
Ante la estatua

24 Antes del alba

Antes del alba
Han caído las hojas
Sin esperarnos

25 Dos campanadas

Dos campanadas
Luz que veo marcharse
¿Dónde está el día?

26 Luz temblorosa

Luz temblorosa
No veo el pez que danza
Bajo el agua

27 Siguen las nubes

Siguen las nubes
Los deseos del aire
La luz va y viene

28 El dolor habla

El dolor habla
Y tú no lo disfrazas
Hoy es su tiempo

29 Todas las cosas

Todas las cosas
Alumbran tu regreso
Nunca te has ido

30 El gato, serio

El gato, serio
Nada quiere de mí
Nada me debe

31 ¡Qué gran regalo!

¡Qué gran regalo!
Tu violín en el metro
Despertándome

32 Gracias, mañana

¡Gracias, mañana!
Tus noticias no son
Las que esperaba

33 Si he de morir

Si he de morir
-hay consenso en que sí-
Moriré vivo

34 Lágrimas limpias

Lágrimas limpias
Iluminan los ojos
Agua ofrecida

35 Invierno blanco

Invierno blanco
Preguntando a la niebla
Gritan los grajos

36 Bajo el sol pleno

Bajo el sol pleno
El pájaro se calla
Duerme la vida

37 La tarde calla

La tarde calla
Un espacio sin límites
Para los ecos

38 Cañas tumbadas

Cañas tumbadas
En el agua rojiza
De los charcos

39 De monte a monte

De monte a monte
Eco el uno del otro
Hablan dos cucos
Añadir poema

6 La pradera

Añadir poema

1 La pradera

Es una tarde quieta. La pequeña pradera, un claro en la floresta protectora. Pájaros que negocian. Rumor de agua. Algunas nubes blancas sobre el cielo radiante.

La cierva joven ramonea tranquila la hierba de la orilla. Ha nacido ya libre. No conoce ningún peligro serio. La chatarra oxidada de un coche junto al río no significa nada para ella. Algo como los troncos caídos de los árboles viejos.

Los grandes ojos negros la llevan al azar, de bocado en bocado. No tiene prisa. Hay comida bastante.

El chaval que la mira desde lejos se acerca en calma, confiado. Ni siquiera le preocupa hacer ruido. Una rama partida al caminar levanta la cabeza de la cierva. Pero él sigue andando. Ella siente curiosidad, pero se queda inmóvil, las orejas erguidas y orientadas, mirando atentamente.

El se le acerca más. Ha sacado un racimo de bayas azules del zurrón. No hay muchas de estas por aquí. Se ha sentado en el suelo y espera con paciencia a que ella esté cerca. Le ha tendido la mano con el regalo. Ella se mueve despacio y alarga el hocico tembloroso. Olfatea. Todo está bien. Vamos a comer esto.

Prueba un tímido bocado. Está muy bien. Sigamos.

Entonces llega un ruido que no encaja. Un sonido de ramas que se quiebran, muy cerca, muy fuerte. Levanta la cabeza, tarde para escapar. La sombra rápida, el tigre, se abalanza. Todo acaba en un salto y un chasquido.

El tigre come la carne temblorosa y caliente. Mirándolo con la cabeza un poco ladeada, aún sentado, el chaval acaba con las bayas azules y espera. Cuando el animal levanta la boca enrojecida, se levanta y le abraza. Se rozan, se sonríen. Murmuran sus palabras de amistad.

El chaval ha ensillado a la bestia con una vieja manta y unas correas. Ha montado a su lomo y juntos han trepado esa ladera hasta la cima. Se han detenido y miran el crepúsculo. Contemplan embebidos la belleza invariable del cielo sobre el mundo. Contemplan serios los infinitos matices de la luz que se escapa. Contemplan con nostalgia las sombras grises y negras de la vieja ciudad abandonada.

Las ruinas cenicientas y mordidas contemplan orgullosas a sus hijos.

2 El chico

Ella duerme junto a mí, como cada tarde, tumbada de costado sobre la hierba, bajo las ramas quietas. Completamente relajada en el calor, en este silencio que reúne el de miles de pequeños seres. Me gusta adormecerme así, asegurándome de que está viva y me sigue protegiendo. Las criaturas terribles de mis sueños no tendrán a su lado ningún poder.

Han pasado seis inviernos desde que nos encontramos. Recuerdo haber pasado mucho frío, mucha hambre y mucho miedo. Recuerdo la noche en que me rendí y cerré los ojos deseando no volver a abrirlos. El cansancio infinito, el desánimo, la entrega a la tierra. Y luego, lo negro sin tiempo. Y después, una sensación tibia en la espalda y un sonido grave, tranquilizador, como el ronroneo satisfecho de mis gatos cuando aún nos acompañaban, antes de que dejaran de ser mascotas y se convirtieran en comida. Entonces abrí los ojos.

Me acostumbré a dormir acurrucado contra ella, rodeado por ella, entre sus patas y su cálido cuerpo, donde no había frío, ni miedo, ni soledad. Ni hambre, porque esa primera noche reaprendí a mamar. Supe que ella también necesitaba que la aliviase de esa manera. Estaba claro que acababa de perder a sus cachorros y yo me había presentado allí para sustituirlos.

Era imponente, enorme. Estirada en la tierra al descansar era el doble de larga que yo. En su boca podría haber entrado mi cabeza. 

Era fuerte y segura. Ningún ser del bosque podía sostenerle la mirada. Solo yo. 

Era silenciosa y, en el bosque, invisible. Las luces y sombras de su piel se fundían con las de los árboles y la hierba alta. Se acercaba a sus presas muy despacio, con una atención perfecta y paciente de todo el cuerpo y ellas no podían percibirla hasta el salto final, cuando casi ya no había tiempo de escapar.

Era suave y sensible. Aún lo es. No una máquina terrible de matar, sino un milagro de belleza y energía, de equilibrio y delicadeza.

Nunca hace nada contra los animales pequeños. Ellos lo saben, porque se acercan sin cautela , como si no estuviéramos ahí. O quizá sintiéndose protegidos en su presencia. Al principio esto me sorprendía mucho, pero tampoco yo mismo me había asustado al despertar aquella primera madrugada y ver sus ojos brillantes fijos en los míos.

No. Con ella siempre me he sentido seguro. Me acompaña y me guía apenas sin hacer, solo con su presencia. A mi alrededor se había agotado la vida y dentro de mí se había extinguido la confianza. Entonces vino ella, como una parte desconocida de mí, a despertarlo todo y a revelármelo todo.

Y todo es tan sencillo. Las muchas cosas que antes amaba, temía, anhelaba u odiaba, desaparecieron y ahora son recuerdos que me hacen sonreir. Y mi atención está solo en lo inmediato de la vida. Y en ella, que es la mano de la vida.

He crecido con ella y aún crezco y cada día soy más fuerte. He aprendido a cazar junto a ella. Y ahora veo el modo de ser útil y expresarle con hechos mi gratitud. Sus fuerzas van menguando y también va perdiendo la vista. Ahora necesita mi ayuda para encontrar la presa. También para acercarse más que antes, pues su salto es más corto. Y día a día, conforme avanza su deterioro, encuentro nuevas formas de ayudarle.

Ella lo sabe. Cuando quiere cazar se levanta y me mira. Se queda quieta mirándome, con el cuerpo apuntando hacia los árboles y la cabeza vuelta hacia mí. Me espera. Solo entonces se comporta así. No me necesita para nada más. 

Entonces dejo que mi atención se abra, empiezo a andar y busco. Despacio, dejando que mis pies sean tierra con la tierra, como hace ella. Me sigue a algunos pasos de distancia guiándose sobre todo por el oído pues, aunque yo no oigo mis pasos, ella sí.

Cuando veo a la presa me detengo y empiezo a avanzar de otra manera, que ella detecta de inmediato. Procuro agacharme y mis gestos son cortos y muy lentos, solo un brazo, una pierna cada vez y me detengo, hasta que sé que ella ha localizado a la víctima. Entonces ya no avanzo más y espero. Lo que queda es ya solo para ella.

Si al acercarme cometo un error y quiebro una ramita o desplazo un guijarro alertando al animal, a veces este no se alarma tanto como para saltar y huir y se queda mirándome indeciso. Entonces me relajo para cambiar de táctica. Miro alrededor y busco algo que ofrecerle, un bocado apetitoso, casi siempre una fruta o un puñado de bayas. Procuro llevar siempre algo así en el morral. Muchas veces esto funciona, porque desde hace tiempo han desaparecido las amenazas en el bosque y creo que ahora solo ella necesita animales grandes para sobrevivir. Muchas de las presas nunca se han cruzado con un depredador. Así que me muevo con naturalidad y confianza y le ofrezco el regalo. Casi siempre acaba acercándose y lo coge. Un instante después mi compañera cae sobre ella.

Sé que todo esto acabará. Pronto será incapaz de terminar la caza y yo tendré que hacerlo en su lugar. Lo haré, aunque aún no se me ocurre cómo. Le daré todo el tiempo de vida que pueda y estaré a su lado cuando muera. Cuando la siento dormir a mi lado, pienso en ello y me inunda la tristeza. Pero cuando despierta y sus ojos serenos me buscan, no hay tristeza posible.

Mientras pueda, quiero fijar sus ojos en los míos, seguir aprendiendo a mirar como ella mira, como me miró aquella noche alejando el miedo para siempre. Vivir como ella vive. Sin escaparse nunca hacia ninguna cosa imaginaria. Ella está siempre aquí, siempre conmigo. ¿Acaso cuando deje de respirar se irá? ¿O será ese el momento en que consiga entrar a respirar en mí, ya para siempre?

3 La fiera

Hay un olor humano y también huele a miedo. El miedo de mis hijos. Y ellos no están aquí. 

Recorro las sendas que conocen y no encuentro su rastro. No responden a mi llamada. Y yo grito más fuerte, más de lo que es prudente. 

Nada. Solo su olor muy tenue, junto al olor del miedo. Pero no sobre el suelo, sino pegado a las ramas bajas de los árboles. Hay que ir más aprisa. Los llevan por aquí.

El olor del hombre es un rastro en la tierra, en la hierba rota. Un rastro apresurado. Hay que ir más aprisa.

Este rastro lleva a las ruinas grises, a la vieja ciudad. Allí se esconde el hombre. Hay que impedir que lleguen. Más aprisa.

Correr, correr. Antes de que lleguen. Quizá habrá muchos hombres. Débiles y cobardes. Quizá pueda... Pero no. Más aprisa. Quizá... Antes de que mueran.

Ahí están las ruinas. Y el rastro se confunde con otros muchos. Tarde. Tarde. No puedo entrar con la luz del día. Conozco el peligro que esconden las ruinas. Solo una vez me atreví a entrar, cuando ya la ciudad había quedado derruída y silenciosa, después de las grandes luces y los estruendos y el humo, después de que los hombres dejaron de salir de ahí corriendo o arrastrándose para desaparecer en el bosque. Entré y avancé un poco entre los montones de tierra y destrucción, pero no pude soportar la opresión y el enorme grito silencioso de horror que lo cubría todo. Sé que nada puede vivir ahí con vida verdadera.

Pero ya estoy entrando. Por respeto a la vida. Antes ya entré una vez. Antes ya entré una vez. Recorro los caminos que recuerdo, extremando la prudencia. Aparecen los rastros y enseguida se pierden. Avanzo sin seguridad. Paso y repaso por los mismos sitios. Siento pequeñas vidas que se esconden de la luz. Pero no están mis hijos.

Me oigo gritar. He gritado mucho. He recorrido toda la ciudad gritando fuerte. Si estuvieran aquí, habrían contestado. Es peligroso. Pero no he visto hombres.

No volverán. Pero yo esperaré a que llegue la noche. Quizá... Volveré al sitio donde los dejé. Esperaré. Me duele todo. Allí me tumbaré. Esperar. Dormir... siempre... dormir. No están. No volverán. Dejarme caer. Dormir. Siempre. Dormir.

La luna grande. Ya no estoy cansada. La leche crece mucho. Necesito que vuelvan. Los buscaré otra vez. Quizá... Buscar. No las sendas de siempre. Buscar entre los árboles. Buscar en el barranco. Buscar en todas las sombras. 

Aquí está otra vez el olor. Olor humano, pero también el olor de la presa que se entrega . Quizá... Buscar... Cerca... Me acerco despacio... No. Es un olor más suave, no es el mismo humano... En esa sombra... ¿Duerme? Más cerca... Es un cachorro. Una cría humana. Tiene miedo. Tiene hambre. Tiene frío. Está perdida. Duerme, sí. No es peligrosa. No es comida. Es un cachorro. La leche crece más. Duele. Me tumbaré con ella. Quizá...

Tiembla. Está fría. Yo estoy ardiendo. Descansaré con ella. Tiene la piel muy blanca. La luna se esconde. Aquí viene la gran oscuridad. Quizá... ¿Cómo será su voz? Tengo sueño otra vez.

La luna está ciega y no puede avanzar por el cielo. Llora y grita de miedo y yo grito con ella. Se vuelve gris como las ruinas. Dos pájaros escapan de mis ojos. Vuelan aprisa hacia la luna enferma. Ahora la luna tiene otra vez la cara blanca y resplandece. Me mira y sigue andando por el cielo. Me despierto. El cachorro se mueve. Levanta la cabeza y me mira. Sus ojos son muy grandes y brillantes. Ya no huele a miedo. Creo que me llama. Creo que tiene hambre.

4 La víctima

Camino como mi madre me enseñó. Todo está entrando en mí, como ella me dijo que un día pasaría. El cielo, el canto de los pájaros. La hierba. Es una tarde bellísima. Es como sé que debe ser.

Me dijo que para esto he nacido. Para disfrutar esto. Para ser parte de esto. Voy avanzando a pasos cortos por la hierba. Comiendo los mejores bocados, que se me ofrecen en abundancia. La tierra es mi madre. El aire me acaricia. El sol me ama. Me siento ligera. Como ella me dijo. Solo fue mi madre un tiempo. Ahora conozco a mi madre verdadera. Ha estado siempre aquí, conmigo. Ahora se me muestra.

También me dijo que cada día es nuevo, cada bocado es nuevo, cada dolor es nuevo. Que todo es nuevo porque todo termina. Todo muere para que todo viva. Me dijo que moriría en cada momento de alegría, que nacería en cada momento de dolor. Me dijo que aprendería a vivir así. Que cada día hay mil muertes y nacimientos de mí misma. Que la gran muerte es la puerta del gran nacimiento. Que ella moriría para estar siempre presente. Y que yo también moriría para descubrir la vida. Que la hierba, el sol, la tierra y el agua ya están dentro de mí, y yo podría ver esto viviendo en cada una de estas muertes, las pequeñas y la grande.

Ayer recordé todo esto  mirando la luna llena antes de dormir. No solo recordé los hechos, el afecto, las palabras y la muerte de mi madre. Mis ojos recordaron que son el sol que ilumina el mundo que veo. Ahora vivo todos los momentos de mi vida en este único momento. Ahora camino y acepto en mi boca la hierba, en mi piel el calor, en mi oído el sonido de la brisa y el canto de los pájaros, en mi pecho la sangre que golpea con energía y avanzo sin temor hacia el racimo de frutas azules y brillantes que se me ofrece. Ha venido a traerlo la chica que protege a la vieja tigresa. Sus ojos están llenos de gratitud. Su corazón, como el mío, está en paz.

5 El hombre

Hace muchos días que no veo a nadie. Es un alivio. Puedo seguir aquí, razonablemente seguro. Toda la ciudad es mía. Se podría decir que soy un rey. El último rey de esta ciudad. Y no hay nadie que pueda complicarme la vida. 

No lo he hecho nada mal. He sobrevivido. Primero, al caos de los primeros días. Después, a los merodeadores del bosque, los lobos que bajaban a cazarnos. Por fin, a la soledad y la locura que la acompaña. Aprendí a esconderme y esperar con paciencia las oportunidades. Los lobos se han cansado de buscar. Ya no vienen. Solo de vez en cuando los oigo cantar, muy lejos. Algo tendrán que ver los grandes tigres. 

Soy como una serpiente. He aprendido a permanecer inmóvil y silencioso, invisible en las sombras donde nadie buscaría comida. Pero hay comida en casi cualquier sitio, si tienes paciencia para buscarla y esperarla. Hierbas, raíces enterradas, agua entre las piedras, flores. Ratas, gusanos, insectos que se arrastran. Intento sobrevivir solo con estas cosas, pero de vez en cuando me atrevo a salir de las sombras y me adentro un poco en el bosque, para buscar un cambio en el menú. También para tantear las posibilidades de marchar un día de esta zona y buscar otras personas para volver a ser una persona, y esto me provoca tanto miedo como excitación.

Sin embargo, cada día que pasa dudo más de que ahí fuera pueda esperarme algo parecido a la antigua vida. De todos los que se fueron, nadie ha vuelto. Antes observaba el cielo buscando las estelas blancas de los aviones, pero nunca volvieron. Quedan algunas luces moviéndose entre las estrellas en el cielo nocturno. Son ya muy pocas y supongo que se irán apagando una tras otra. Son los restos de los artilugios mecánicos que pusimos en el cielo, para hacer cosas que ya no tienen sentido.

También observaba mi mente en busca de respuestas a las antiguas preguntas. Pero ya no hay respuestas. No hay señales de vida humana en ningún sitio, fuera o dentro de mí.

Quisiera convencerme de que he dejado de hacerme preguntas. Solo sobrevivir al día de hoy. Comer. Dormir. Vivir un día más. Pero hay una pregunta que persiste y es cada vez más fuerte. ¿Quién soy ahora que ya no soy un hombre?
Añadir poema

7 Abandono

Añadir poema

1 Abrí de par en par

Abrí de par en par las puertas de la casa
y la tormenta hizo volar los muebles.
Mi corazón de porcelana
¿Dónde voy a ponerlo?

2 Vajilla sin fregar

Hay semanas de polvo en los recuerdos,
vajilla sin fregar que pesa en el anhelo.
En cada habitación hay un niño llorando.
Cada palabra es una despedida.
Amo lo que está lejos.
Inconfundibles signos de abandono.

No necesito tiempo.
Es fácil entender lo que dijiste.
Que no eres tú quien coserá estas alas.
Que no hay ningún camino hasta tu casa.

No busco preguntas ni respuestas.
No quiero paz, edén, compañí­a, recompensa.
Necesito encontrar
un resto de valor para dejar la silla,
limpiar lo que me queda,
terminar el trabajo y descansar.

3 Creía recordarte

Creí­a recordarte
pero tú no eras tú.
Creí­a conocerte
pero solo te veo.
Nunca has estado aquí­.
Te saludo temblando
y te dejo marchar.
Pero me voy contigo
porque conmigo ya no sé qué hacer.

4 Cómo podrá

¿Cómo podrá salir de mi interior
la forma de ternura
que has dejado vacía?
¿Cómo podrá llenarse el corazón de sangre
y desplazar el vértigo?
¿Cómo podré sacar de la conciencia
el impulso de ser parte de tí­?
Y este mar que has vertido
¿cómo podrá volver a alguna playa?

5 Escucho el viento

Escucho el viento y no cuento las lunas.
Junto al dolor está naciendo algo pequeño.
Algo pequeño, hermoso y verdadero
que trae su desvalida y frágil confianza.

6 Por la calle sin aire

Por la calle sin aire
pasa un niño soñando.
Arrastra por el cielo una cometa
blanca como la luna.

No sé qué me recuerda,
pero me hace llorar.
Lo llevaré a mi casa
y le daré las llaves.

Le contaré mis cuentos,
calentaré sus manos.
Cuando se haya dormido
yo soñaré con él.

7 Suaves curvas

Este camino traza suaves curvas.
Va por barrios oscuros y verdes arboledas
y no sé adónde lleva.
Pero ha pasado el tiempo
de distinguir cordura de locura
y avanzo entre la gente.
Todos se acercan porque soy amable,
pero yo tengo miedo
porque no reconozco mi canción.

8 Para andar

Para andar es mejor no llevar mucha carga,
ni demasiada ropa ni exceso de comida.
La carga más pesada es buscar una meta.
La ropa más incómoda es la que anuncia quién eres.
La comida que sobra es la que te impide cantar.

Para andar es mejor la buena compañí­a
o, si eres paciente, la buena soledad.
Alguien que te ame y no te necesite.
Alguien que esté dispuesto a despedirse,
pero no a abandonarte.
Alguien a quien no quieras imponer tu camino.
Alguien que pueda respetar tu silencio,
tu alegrí­a, tu pena y lo que sea.
Alguien que puedas aceptar entero.
Alguien amado por su modo de andar.

Para andar es mejor
que no sea inevitable, que no sea necesario,
que no haya condiciones,
que lo hagas por gusto
y que aceptes morir en cualquier parte
y también regresar a compartir el aire respirado,
a devolver el sol de los caminos
a quien lo está pidiendo en la ventana de su frágil refugio.

9 Signos

En este exceso de tensión todo se llena de signos.
Teléfonos que despiertan tras años de silencio.
Hombres que afilan aquí­ los cuchillos de allí­.
Sueños que ofrecen elegir el futuro.
Vértigo de imágenes de lo que deseas.
La Virgen Madre Venus el Lucero
acompañando al sol en su camino.
Niños sonriendo en las curvas que pasas a cámara lenta.

Signos que son llamados
por el misterio que opera en lo profundo.
Miden la resistencia de las almas
bajo estos cuerpos que se queman despacio en el anhelo
y aún no son capaces de abrir bien las ventanas
y declarar con fuerza su visión.

10 Que interpreten los sueños

Que interpreten los sueños los que viven en sueños.
Acepta cada signo con la inocencia que conozco en tí­.
Todo dice Soy Tú.
No hay distancia ni tiempo.
No hay nada que esperar.
Ya estamos donde el mundo se derrumba,
donde todo sucede por amor
y nace y vive y muere y nace y vive.

11 Pequeño islote

Alma frágil en pie,
como una res nerviosa
en el pequeño islote
casi barrido
por el poder del rí­o.

12 Estás aquí

Estás aquí­, conmigo
y has abierto mis ojos.
Así­ veo los brotes de la vida
renacer en las grietas de los muros,
destilando en la noche
nuevas gotas de luz.

13 Una pequeña planta

Una pequeña planta,
apenas una gota,
un trazo de agua verde
está brillando
en medio de lo seco.

14 Navidad

Ahora que está naciendo preparo lo que nace.
La esperanza, el amor, la fe,
la libertad, la vida.

No una navidad.
365 navidades.

No en milenios pasados o futuros.
Hoy.

No las normas que cumplo o que no cumplo.
Lo que hago en mitad de este misterio.

No los proyectos.
No las ideas y los sentimientos.
Lo real que recibo y que te ofrezco.

No creo lo que dicen los que viven de esto.
Solo acepto la luz que me traspasa
y viene de algún sitio entre nosotros.

15 En el centro de todo

En el centro de todo
están siempre tus ojos
y tus ojos son claros
porque entregan lavada
toda luz que recogen.

En el centro de todo
se abre tu sonrisa
y tu sonrisa es ancha
porque ha peregrinado
todos los horizontes.

En el centro de todo
está tu voz creadora
y tu voz es la limpia
caída de las gotas
del agua renacida.

En el centro de todo
reinas como el vacío
espacio que da vida
al corazón cansado
y hace ligero el cuerpo.

En el centro de todo
te quedas y te extiendes
y eres la misma vida
y lo que no eres tú
queda sin existencia.

En el centro de todo
eres y con tu ser
son los seres que antes
parecí­an vacíos,
parecí­an distintos,
parecí­an iguales.

En el centro de todo
donde tú estás, se unen
y armonizan las voces
en un canto de gloria.

En el centro de todo
eres tú la llamada
de la estrella pulsante,
el manto azul que viste
mi corazón de niño.

16 Creo que sigo en pie

Creo que sigo en pie,
pero no estoy seguro
y ya no me sostiene
la masa del planeta.

Cubierto por la noche,
alumbrado tan solo
por la pequeña estrella
a la que no hay camino.

17 El corazón de la noche

El corazón de la noche es oculta ternura.
Mucho tiempo ha pasado
antes de confiar en su latido.
Entro despierto a la callada noche,
pero tú no te alejes de mí­.

Es luminoso el centro de la noche.
No he visto claro
hasta encender su luz.
Miro de frente a mis eternas sombras,
pero amor, no te alejes de mí­.

Es necesario y amistoso el miedo
y me enseña a aceptar lo que antes rechazaba,
lo que poní­a piedras en los pies.
Abrazo mis pequeños y mis enormes miedos.
Abrázalos también, no te alejes de mí­.

La intención del invierno es maternal.
Su mano es tierra sobre la semilla
y la protege el tiempo necesario
Voy andando en la pálida soledad del invierno
hacia mi casa, no te alejes de mí­.

Es compasivo el golpe de la vida
que va derecho hacia lo rí­gido
y revela la caricia escondida.
Aprendo a ser flexible y adaptable
en tu presencia, no te alejes de mí­.

El tierno, tibio, claro corazón de la noche
es este corazón
que tienes en tus manos.
Deja que se desvele en ellas lo que guarda,
no te alejes de mí­.

18 Porque amo

Porque amo tus ojos recibo su lamento
cuando callan cubiertos por la niebla
y busco la manera
de empujar suavemente su puerta de tristeza.

Amo tu brillo y brillas al gozar, ayudar y bendecir
y también al llorar.
Y tu brillo se apaga
cuando quieres salvarme de tus sombras.
Aunque me hiere, aunque me desconcierta,
sé que esto también es por amor.

19 No hay normas

No hay normas ni contratos que nos aten.
Este ví­nculo no tiene condiciones.
Por eso cada dí­a crece la confianza
y cada dí­a debo rescatarla del miedo.

20 No me gustan los números

Mi casa es el espacio entre tus brazos.
Mi jardí­n es el aura que te envuelve.
Un mes en el exilio me pone ante la muerte.
Un dí­a junto a tí me devuelve la vida.

La alegría de amar tira de una mano con fuerza,
en la otra mano pesa la ausencia y desví­a el avance.
El camino del corazón es recto y despejado,
pero los pies se mueven en círculos de anhelo.

30 días, un día.
No me gustan los números.
Quieren llevarme a ese viejo mundo de ideas
y prefiero vivir.

21 Coma inducido

Muchas veces las almas que se acercan a encrucijadas serias
quedan paralizadas por el miedo
y para recobrar la ligereza, curarse las heridas
y volver a saber quiénes son, qué desean,
compran en este tiempo las cosas que se ofrecen en la calle,
esas cosas que ayudan a soportar la vida que no amas
y reducen el grado de dolor a un nivel aceptable.

Todas vienen en frascos de colores,
todas te tranquilizan con palabras,
te prometen espléndidos caminos diferentes:
la paz, el equilibrio, la fuerza, la ecuánime distancia,
la energí­a, el nirvana, la compasión, la fe,
Dios, el Tao, el presente, el equilibrio,
la danza de la vida,
la ilusión temporal de invencibilidad.

Todas se venden tanto porque las utilizas para inducir el coma
y no aceptar la alegría y el riesgo
del corazón sencillo de la vida que la vida te ofrece.

Es tu costumbre usarlas
para seguir inmóvil y asustado,
fingiendo mientras puedas
que no eres nada y no mereces nada.

22 Que me muestren mis versos

Que me muestren mis versos,
que te ayuden a verme
y que no se conviertan
en jaula de palabras.
Porque no somos dos
y no soy yo quien une,
sino el misterio vivo
que quiero reflejarte
y que si no estuvieras
yo no podrí­a ver.

23 Creo que reconozco esta canción

Creo que reconozco esta canción.
Es la risa del viento entre las hojas.
Habla de un mundo que quizá es el mí­o,
donde puedo vivir aceptando morir,
olvidar dónde estaba mi casa y mi familia,
peregrinar alegre hacia ninguna parte,
entrar despierto en el misterio
de la arena y la nube.

24 No he de moverme más

Sin tu mano en la mí­a
no he de moverme más.
Desde aquí­ veo todos los caminos,
pero los he andado ya sin tí
y aquí­ terminan todos.

25 Empezar otra vez

Y cada madrugada,
la estrella que atraviesa
el corazón vací­o de la noche
corta en dos la unidad
y me aleja de tí.
Y tengo que empezar otra vez
a buscarte en mí­ mismo.

Pero yo amo buscarte,
como disfruto envuelto en el abrazo tuyo,
pues sé que Yo soy Tú
y también el camino que nos une.

26 Era tu defensor

Antaño, en otros sueños compartidos,
ligado a tí­ por algo que aún no conocemos,
era tu defensor con un arma en la mano
y maté muchas veces para que tú vivieras.
Endurecí mis ojos para que no se fuera tu sonrisa,
la que siempre permite que yo te reconozca.

Casi ayer me has llamado por mi nombre,
el que solo tú sabes
y tu sonrisa brilla inmensa y viva.
Sé que nunca se irá
y mi trabajo ya está terminado.
Has venido ante mí­ para lavar la sangre
que aún no me permite ser plenamente Tú.

Por la atracción serena de tu amor
la vieja sangre fluye hacia mis ojos en un cauce de llanto
y tu presencia canta suavemente
que pronto podré ver.

Y sigo siendo el mismo, pero ahora
no necesito armas para amarte,
porque he visto en mí mismo al único enemigo.

Y estoy cerca de tí, mucho más cerca,
sabiéndote inmortal, sabiéndome ya vivo,
aprendiendo a ser libre para tu libertad.

27 Para ser renovado

Como fue dicho por todos los profetas,
el mundo se derrumba para ser renovado.
En las grietas del muro de la soberbia antigua
crecen pequeñas flores humildes que no luchan
y nadie va a coger, pues nadie sabe
que ellas son las nuevas palabras creadoras
que las fieras no oyen
y transforman sin ruido lo que nos asfixiaba
en joven aire vivo.

28 Está lloviendo mucho

Está lloviendo mucho.
Como si hubiera que llenar el mar.
Como si fuera el parto de los cielos.
Como si alguien quisiera que no exista el silencio.
Como para borrar cualquier camino.
Como para lavar la sangre de las manos de todos.
Como para calmar mi sed de unión.
Como para cumplir mi esperanza de tí­.

29 Por eso estoy andando

A veces soy invencible.
A veces me arrepiento de todo lo que he dicho.
A veces salta el miedo sobre la confianza,
retándome a mirarlo cara a cara.
Y muchas, muchas veces me sorprende.
Por eso estoy andando.
No me quiero dormir en ningún sitio
y pongo la atención en lo que pasa
cuando respiro y callo.

30 Nunca estuvo ausente

Ella es mi madre y no la conocí­a.
Me amaba y nunca estuvo ausente.
Conocía mi dolor y mi desconfianza.
Buscaba mi mano y enlazaba sus dedos con los míos.

Protegí­a en su pecho mi cabeza.
Me cantaba al oí­do, me arrullaba
y yo ya no escuchaba los ruidos de la calle.
Envuelto en ella no tení­a miedo.

Ahora estoy despierto y puedo verla.
Parece que se aleja poco a poco,
pero su corazón está en el mí­o
y soy yo quien la abraza.

31 Estrella mensajera

Estrella mensajera,
Destellas y me abres
el mensaje que traes.
Es también para tí­,
pero tú no lo sabes
y te quedas
en el azul temblando.

32 Tu corazón

Tu corazón que tiembla
se disfraza de risa.
Está siempre escondido
bajo un montón de ropa de colores,
esperando en secreto
que el amor lo libere.

33 Porque Soy Tú

Porque Soy Tú
en tí y en mí­ se encuentra El a Sí mismo
y lo que hacemos juntos en la tierra,
en el cielo sucede.

Porque Soy El
has podido encontrarme.

34 Estás buscando algo

Estás buscando algo
entre la gente.
Estás buscando algo
que no debo ser yo,
porque a mí­ ya me ves.
Vengo solo y desnudo,
no podría ocultarme
y aún no sé si viviré mañana.

35 Para volver atrás

Para volver atrás
Podrí­a darlo todo
Pero no tengo nada

La vida se resume
En un punto vacío
Donde nada se elige

Me devuelve dolor
Cada vez que pretendo
Negociar mi deseo

Entonces me despierto
Y en el espejo oscuro
Solo veo la vida

36 Crece

A pesar de nosotros
crece el amor y el respeto con el tiempo,
justo al revés de lo que les sucede a los amantes.
Haya o no haya lugar a donde ir,
crece el placer de verte y conversar,
crece el deseo de caminar contigo.

37 La tarea de la luz

Cuando alcanzas la luz
Te vuelves luz
Para hacer la tarea de la luz
Bajar a las tinieblas
Y disolverte en ellas

Cuando alcanzas el fondo
La última soledad alza tus ojos
Y en la agonía vuelves a encontrar confianza

Este es el doble viaje de la vida
Hasta que todo acaba siendo vida
La luz renuncia, se precipita y muere
La oscuridad desea, asciende y se ilumina

38 Abandonado por todas las cosas

Abandonado por todas las cosas
Recibo y gozo el brillo de las cosas

Desierto y solo
Vivo con alegrí­a establecido en tí

Sin esperanza de lo conocido
Confío en la palabra de la luz
Añadir poema

8 Plegarias del cuerpo

Añadir poema

1 El tiempo del miedo

Cuando llegué a creer que no existías,
crecieron nudos en la voz.
Oscuras espirales de humo suspendidas
en el aire pesado.
Era un muro la piel.
Por las puertas abiertas
no se podía salir.
Alrededor crecía el enemigo
y no habría belleza nunca más.
Así volví a ser ciego
y busqué un agujero de salida.
Pero no había muerte ni descanso,
pues sin tí no podía ni siquiera morir.
Y desde algún lugar en que no pude verte,
para salvarme, para no perderme,
me diste de tu vida
y recordé.

2 Recién nacido

Por qué me dejas solo
y no me enseñas
a caminar por tanta maravilla.
Toda esta existencia,
todo este universo,
este horizonte limpio que me mira y sonríe
espera de mí algo que no entiendo.
Ya todo está olvidado.
Las viejas cosas ya son imposibles,
pero debo crear un cuerpo nuevo,
una manera propia de vivir.
Debo aprenderlo todo
y volver a encontrarte.

3 Llorar de pura ausencia

Llorar de pura ausencia,
de no poder mirarte
ahora que te siento
luchar con tus demonios.

Callar porque tu voz
tiembla de miedo y sangre,
pero sigue cantando para mí
y no puedo ayudarte.

No moverme, entender
que hoy debes estar sola
que está pasando algo
que no me necesita.

Escuchar, rodearte
de una atención callada
y dejar que culmine
el llanto que me ocultas.

4 El pequeño erizo

Me trata con cuidado.
Teme herirme.

No sabe
que ya vivo tan cerca de su piel
y abrazo su tibieza.

Y las puntas erguidas
quedan lejos de mí
y también me protegen.

5 Mis votos

Caminaré contigo en la verdad.
Nunca me ocultaré.
No negaré el llanto, la debilidad ni la torpeza.
No mentiré para salvar mi imagen.

Pediré lo que crea necesario
sin apoyarme en leyes ni pactos.
No te exigiré nada.
No te pediré compromiso ni lealtad.
Aceptaré que vayas y que vengas.

No imaginaré en qué consiste amar.
No me crearé una imagen de tí.
No haré conjeturas sobre tus motivos.
Te conoceré de nuevo cada día.
Nunca sabré quién eres.
Aprenderé lo que te hace sufrir.
Sabré lo que te hace gozar.
Nunca te negaré mi mano.

No olvidaré que todos los seres y los días me han conducido a tí.
No olvidaré que estoy abierto a tí
y a través de tí abierto a todos.
No negaré mi historia.
No te ataré con halagos ni renuncias.
No encerraré en tí mi amor.
Mi amor será celebración abierta.
Seguiré amando a todos los que amo
y ofreceré mi tiempo a los que amas.

El día de tu dolor estaré disponible.
El día de tu deriva me mantendré firme.
El día de tu tristeza no cederé al desánimo.
El día de mi pequeñez me abrazaré a tu voz.
El día de mi angustia buscaré tus brazos.

El día de tu muerte estaré cerca.
El día de mi muerte te llamaré a mi lado.

6 Uno y dos

Siento que somos uno
y sin embargo
mi alma tiende zarcillos al viento de tus pasos.
Mi alma busca la sombra de tus ramas,
pues el temor de que pudieras irte
vence aún al amor.
Soy paciente con esto.
Los recuerdos
de tanto aprendizaje
en campos de dolor
quieren teñir de miedo la alegría
de brillar juntos en la misma luz.

7 Mírame bien

Soy yo.
Mira mis ojos.
¿Queda una chispa en ellos?
¿Reconoces mi voz?
¿Oyes mi nombre en tí?
¿Ves mi esfuerzo final
para dejar caer todo lo que me oculta?
¿Aún se puede ver
dentro de mí,
al otro lado de la gran herida,
algo que seas tú?

8 El día del amor

El tiempo del amor es solo un día,
pero deja en el alma recuerdo de lo eterno.
Abandonado en tí, dejar caer la vida.
Morir en tí despierto y así heredar mi reino.

El día del amor está libre de culpa
y dura eternamente.
Es un río de vida interminable
para quien ha olvidado los proyectos
y camina indefenso,
sin querer guardar nada,
sin querer construirse.

Pero amar no se aplaza.
Los minutos de amor no se pueden guardar
para tiempos peores.
Ahora estamos aquí
y el tiempo del amor es solo hoy.

9 Tú (Yo)

Queda poco ante mí.
De lo que queda,
cada grano de arena
es una puerta
que me abre tu vida.
Conocerte.
Tu amor. Tu miedo. Tu dolor.
Mi herida viva que está viva en tí.
El milagro de sentirte tan cerca,
respirando la luz del mismo instante.
El júbilo, la paz, la gratitud
de saber que jamás estuve solo.
El interés atento, inesperado
por el tiempo futuro, la paciencia.
Amar y ser amado
y saber con certeza
que el amor no decrece.
Hubo muchos instantes,
habrá tiempo infinito
y el amor que madura se abrirá,
seremos esto que no es yo ni tú
y todo podrá entrar
y no sobrará nada.

10 Un solo ser

Dentro de tí
Subiendo por el centro
Como un mar
A la estrella de tu frente

Dentro de mí
Bajando por el cuerpo
Como lluvia de luz
Desde tu llama a mi profundo pozo

Me abrazas y te abrazo
En una sola luz
En una misma agua
En un cuerpo bendito
Que alcanza y vive
El último deseo de unidad

11 Tres pasos, dos pasos, un paso

Amor, miedo, dolor.
Amor, dolor.
Amor.

12 Mi jardín

Cualquier soplo derriba
las viejas cercas
que cada día vuelvo a levantar,
pero el árbol delgado y sensible,
el que yo no planté,
no ofrece resistencia,
el viento no lo hiere
y los pájaros duermen seguros
en sus frágiles ramas.

13 La plegaria

Claro el cielo.
Limpia la luz.
Sereno el aire.
Incluso desde el fondo de la noche,
hacia la alta sonrisa donde vives
se eleva la certeza de que me amas,
como un grito de alegría,
como un canto de victoria y libertad.
Pues es tu propia voz
la que canta en mi boca
y me pierdo en tus ojos que reflejan los míos
y soy agua en la fuente de tu abrazo
y me vacía tu profundo arrullo.

Entonces mi plegaria es tu palabra,
mi anhelo es tu deseo
y el universo entero
trabaja alegre para darle vida.

14 El cuerpo

En el vientre el continuo oleaje del océano
empuja la marea oscura y anhelante.
El pecho es el espacio sin límites del cielo,
donde crece la luz.
En el azul el corazón del niño ríe y juega
y transforma los fuegos en una fresca lluvia,
creando nuevos órganos cuando se necesitan.
Por encima de todo la estrella del origen,
de donde manas tú,
donde yo soy amado,
da su esplendor a la primera vestidura radiante,
la tibia madre piel que lo contiene todo
y espera su momento para abrirse.

Viéndola en uno mismo
¡Quién podría despreciar la belleza!

15 Para amarte

Te hizo para amarte.
Te hizo una.
Luego te desplegó en infinitas formas
para gozar contigo
todo el amor posible,
para que no puedas agotar tu gozo.
Pero con eso no tuvo bastante
y además
te entregó un alma hermana
y el tiempo necesario de camino con ella,
para que puedas verte como él mismo te ve
y te puedas amar como él te ama.

16 Ver

Ver
A plena luz
Sin juzgar
Sin pensar
Sin imaginar
Ver
Alcanzando
Participando
Compartiendo
Acogiendo
Aceptando
Reconociendo
Ver
Sin protección
Sin temor
Sin sonrisa
Sin proyecto
Sin respuesta
Sin hacer
Ver
Con los ojos limpios
Con los hombros ligeros
Con las manos tranquilas
Con los pies firmes
Sin que surjan palabras
Ver con todo el cuerpo
Ser uno con lo visto
Ver en paz

17 Qué más pedir

Ahora que te conozco,
y sé que me acompañas desde siempre
y he visto cómo cuidas de mí,
cómo me amas.
Ahora que has permanecido fiel
cuando he perdido todo
y no has huido
cuando has visto mi angustia.
Ahora que me has asistido en mi agonía,
que has acunado mi debilidad,
que me has hecho ver que puedo andar
incluso en las tinieblas.
Ahora que te he visto sostenerme
y darme de tí misma.
Que, aunque vas por delante,
has querido que beba yo primero.
Ahora que me has dicho
lo que debía oír,
que me has mostrado
lo que necesitaba recordar.
Ahora que presencias mi confianza
y te alegras.
Ahora que ya he visto dentro de tí y de mí
tu completa belleza,
la completa belleza de los dos.
Ahora no tengo nada que pedir
ni que buscar.
Todo está aquí.
Afuera hay muchas cosas por hacer
y las haré contigo en puro gozo,
mientras quieras
que caminemos juntos.
Y cuando se separen los caminos
llevaré un luminoso corazón compañero
y nunca estaré solo.

18 A pasear

Es verdad lo que ves.
No soy un hombre serio.
Soy un niño muy grande
y sé que no estoy solo.
Quiero antes de dormir
aprender otros juegos
y enseñarte a cantar y callar,
si es que no sabes.

Así que acaba o aplaza tus asuntos
-con eso no te vas a reir esta tarde-.
No hay problema en esperarte.
Te esperaré contando.
Sé contar hasta diez.
Pero entretanto seguiré viviendo.

No es que esperar me aburra.
Es que a la vez está cantando el cuco
y está cayendo el sol
y está muriendo alguien
que cree que está solo.
Y he visto flores nuevas
que aún no tienen nombre.
Y llora mi vecina y voy
a ver si quiere un beso.
Y llaman mis amigos
y me marcho con ellos a pasear.

19 Mandala

Cierra los ojos.
Dibujaré en tu vientre un mandala
de arena imaginaria
y enviaré a borrarlo un vendaval.

20 Casi huyendo de tí

Lo acepto.
Estaba
casi huyendo de tí,
por no cambiar tu vida,
por miedo a hacerte daño,
o quizá
por miedo a tu rechazo.

21 Me quedo

También yo me iré un día
con la luz que regresa de las cosas.
Ahora, desvelado,
me quedo en el jardín
a ver el alba,
a cantar y sembrar
lo que queda de mí.

22 Dónde estoy

Contigo.
Junto a tí.
Cerca de tí.
A tu lado.
En tí.
Dentro de tí.
Alrededor de tí.
Disuelto en tí.
Lloviendo gotas de tí.
Vestido de tu cuerpo.
Siendo el sol que te alumbra.
Siendo el mar que te inunda.
Recibiendo la vida que te doy.
Gozando tu alegría.
Viendo cómo me ves.
Sabiendo lo que sabes.
Recordando tu historia.
Siendo el hueco que habitas en el aire.
Diciendo lo que no puedes soñar.
Calentando el vértigo de tus últimos miedos.
Aquí,
donde te llama el horizonte,
donde todo te ama
y no hay ningún peligro que te pueda tocar,
donde la vida espera sonriendo a que vuelvas.

23 Dolor nuevo

Dolor nuevo de amor
al percibirte débil,
al ver delgado el hilo
que te une al misterio
y olvidar un instante
que estás hecha de luz.
Acojo este dolor,
Esta naturaleza
tan frágil tuya y mía.
También en ella te amo.

24 Brecha

A sí misma se busca,
sin verse en donde está.
Al detenerse grita,
Pues no quiere vivir
Y no puede morir.
Deja de alimentarse,
se rinde al fin, estalla,
no se mueve y escucha.
Se deja conocer
y se conoce.
Es la brecha en el mundo
y se da cuenta
de que la vida vive.

25 Rastro de dolor

Sigue habiendo dolor
algunas veces
y cuando llega es nuevo y poderoso.
Fuera de él no hay nada
que se pueda mirar,
como estrella fugaz
en el cielo vacío.

El alma se hace daño y se acerca llorando.
busca aún y no encuentra el gozo del abrazo,
o reaviva un resto de impaciencia,
como si hubiera un reino que ganar.

Pero ya estoy más cerca, la veo y la consuelo.
Es todo más ligero y más breve y eterno.
Y las piedras que llevaba en el pecho
-sus armas y herramientas-
ya no están.

26 Amo lo que nos une

Si pudiera olvidar esta palabra,
amar,
entraría en silencio para siempre.
Voy a intentar callarla al menos ante tí,
pues decirla
es mancharte de polvo.
Y sin embargo,
¿qué es esto que nos une,
esto sin nombre que nos ha puesto juntos
en un mundo que antes de conocerte
parecía mejorable?

27 Amor descendido

En el jardín sin muros nada falta.
Hasta ayer esperaba tus manos
la pequeña semilla
que no quiso morir.
Pero ahora ya estás aquí brillando,
Madre, Amor descendido,
como cuerpo humano del arco iris,
con tus alas plegadas a la espalda,
que han recogido el cielo en el vientre y el pecho.
La has encontrado.
La semilla menor.
La que no vale nada.
Y solo en ella has puesto tu atención.
Le das tu aliento.
Con él le das la vida de todo lo que existe.

28 Entre las palabras

También a veces entre las palabras
encuentro alguna cosa viva o muerta.
Entonces la ilumino con atención
y enseguida la suelto
y dejo que la arrastre la corriente.
No me interesa guardar nada mío
y hambre no tengo ya.

29 No lo guardaré

El instante está vivo.
Lo dejaré vivir
y no lo guardaré.

30 Vuelvo a entrar al jardín

Vuelvo a entrar al jardín
en este agosto con aire de abril,
en esta luz dorada que es mía desde siempre.
Hoy que soy yo
y ya no soy un padre ni un marido,
ni un hermano mayor,
ni un mendigo ni un rey.

Vuelvo a entrar al jardín y van conmigo
el pueblo que me acoge,
mis hijos, mis amigos, mis hermanos,
también los que me hicieron,
los padres, los maestros,
las mujeres que amé.

Vuelvo a entrar al jardín para escuchar
los nombres que me dan,
la alegría que cantan,
el rumor de sus vidas,
la cualidad tranquila como un manto de lluvia
de su amada presencia.

Vuelvo a entrar al jardín para jugar
y vivir con el niño que ha venido conmigo.
Bajarlo de mis hombros y hacerle caminar.
Enseñarle que hay fresas
entre la hierba oscura del sendero.
Enseñarle a reír, reír con él
y gozar su descanso,
mi descanso.

31 Llegar a tí

Quiero saber qué siento
al subir el camino hacia tu casa,
en el primer contacto,
al ver tus ojos y saberme visto.

Saber si quieres acoger mis manos
y descansar un tiempo en la sonrisa.

Si se calma y se extiende el corazón unido
o se cierra el abrazo para darte refugio
o si caen los cuerpos hacia el fuego.

Saber si al caminar cogidos de la mano
se acoplan nuestros pasos.

Saber si quieres acercarte más
y esperas que mi brazo cubra un poco tus hombros
para quedar inmóviles, descansar el aliento
y ver nacer el sol con la misma mirada.

Y cómo son tus gestos cuando hablas,
cómo guardas silencio al recordar,
si se cierran tus ojos buscando las palabras,
si se abre luminosa tu mirada,
si tu dolor confía en mi dolor hermano.

Cómo es danzar contigo en cada uno
de los distintos ritmos que deseo.
Cómo decrece y crece la distancia
y se funden despacio los gestos y las almas.

Cómo es estar inmóvil ante tí
y olvidarme de todo en la mirada.
Cómo es dejarlo todo en tu presencia
y abandonarme a tí como ropa caída.

Cómo inunda mi boca el agua de tu cuerpo,
cómo sabe el sudor,
cómo tiembla la espuma del placer en tu arena
bajo las oleadas de mis manos.

Si el fuego te conduce a un éxtasis inmóvil
y te abre a la conciencia sin razón ni sentidos
o te vuelves racimo de centellas y vértigo.
Si gritas o te callas o eres suave murmullo.

Cómo suena tu voz cuando te vence el sueño
Si te recoges en un tibio nido
O te extiendes como agua para llenarlo todo
Si me vuelves la espalda
O te dejas llevar por la delicadeza del cariño
O te acercas aún más y te despides

Cómo es dormir contigo
Y cómo es despertar
Y si es todas las noches igual
O todo va cambiando

Y si cuando te vea
De verdad te veré
Para amar y jugar y para hacer la vida
Sin querer encontrar lo mismo de otras veces
Sin preguntarme cómo esperas que sea

Hoy que no te conozco y tú me llamas
Y yo no sé por qué
Un latido mayor, un aliento más vivo
Algo mayor que tú, mayor que yo, crece en el aire

Quiero llegar a tí con los ojos abiertos
Y yo te llevaré hasta el último rayo de la luz que reciba
Y cuando no haya luz te mostraré los velos que la ocultan

Llegar entero
No ocultarte nada
Dejarme amar
Amar sin resistencia
Abrirme a tí
Que veas lo que es tuyo
Que conozcas quién eres
Que reines en tu vida
Y hoy reinar en mi vida
Junto a tí

32 Camino Ardiente

Tu fuego es para mí.
Con él se va quemando lo que sobra
y yo asumo el dolor
y disfruto el espacio creciente en el que vivo.
Pero lo que de mí sale a los otros
sea un tibio soporte de la vida,
una luz de consuelo y compañía.

No sea dura mi voz.
Tu afilada palabra es para mí
y al herirme de amor con todo me reúne,
pero sea mi voz de amistad y acogida
y pocas mis palabras.

Que una la mano con el corazón
tu toque que derrumba las murallas
y así mi mano sea solo caricia.

Que la luz de tu rostro,
esa luz que me mata y me rehace,
se transfigure en mí
como abierta mirada de acogida.

33 La piel del universo

Si pudiera envolverte por completo
en tu instante de más profunda calma,
ser para tí la piel enamorada
de todo el universo que te abraza.

Extendiendo tus límites aligerar tu peso
hasta sembrar la paz en tus entrañas,
habitar el espacio infinito de tu pecho
vibrando como luz en el color exacto que abre tu corazón.

Llamarte por el nombre que solo tú conoces
y ver que te despiertas y vuelves la cabeza a mi llamada,
ver que me ves y amarte con tu amor
y ser en tí quien soy.

34 Tú soñando

No necesito imaginar tus sueños,
cruzar el cauce estrecho
donde ahora se mezclan los alientos.
Desde mi orilla veo
tu rostro en la almohada,
sin peso apenas
en la mínima luz que te respeta.

Mi mano se detiene
y no llega a tu frente,
se apagan mis preguntas
y me entrego al silencio
en que se desvanece
lo que no sé de tí.

Mi desvelo se acuesta en tu latido,
que me espera arropado
entre hojas y pétalos
que no han caído aún.

35 Andar contigo

Andar contigo, andar en tí y en mí,
no es buscar algo,
no es ir a alguna parte.

Toda la meta es este campo abierto,
esta pequeña flor para tu pelo,
la sombra fresca para el primer abrazo.

Pan compartido hoy,
porque hoy estás aquí
y no hay mañana.

Mano en mi mano.
Pasos, abrazos, risas.
Todo escrito en el agua.

36 Aprender y olvidar (Little Wing)

Amar con abandono en el abrazo
y olvidarlo después,
para que cada día sea nuevo.

Oir tu voz es aprender mi nombre.
Volver a abrir los ojos junto a tí
es conocer quién soy.

Ver que te acercas cabalgando el viento
y atraviesas las nubes
y llegas ante mí pura, desconocida.

Con sonrisas y cuentos en tus ojos
que reflejan la luna,
quemando con tu júbilo mi ropa triste.

Aún conservo mis trucos
de niño apaleado y hambriento
y podría coger de tí lo que me falta.

Pero solo te quedas un instante y te elevas.
Me revelas la forma de vivir
y sigues tu camino como un pequeño pájaro.

Vas seguida de todos esos seres,
tu cortejo de alas y luciérnagas,
y te embriaga el vino de su música.

No te acuerdes de mí.
Vuela, pequeño pájaro.
Yo prometo olvidarte.

Volar mi propio vuelo,
unirme a los que cantan
y dejarme encontrar por tí
miles de veces.

37 Un asunto más

Todavía en los días más oscuros
alguien que llevo dentro
me sugiere que debo protegerme de tí.
Ay, como si tú fueras
un asunto más,
una más de las cosas de la vida,
un proyecto que asumo y abandono.

Pero has entrado en mí
como yo mismo,
a ser nueva visión,
nuevas canciones,
campo claro,
horizonte conseguido.
Y cuando eres dolor, dolor fecundo.

A ensanchar este mundo
y enseñarme que soy
uno con todo y no solo contigo,
que nunca estuve solo,
que en mí todo respira,
que en mí viven las cosas,
que estoy vivo.

38 De todo ser te sirves

De todo ser te sirves
para acercarte a mí
en ese tierno anhelo que demuestras.
Pones en todos algo que me llama
y me hace imposible seguir en la tristeza.
Entonces solo soy de nuevo tus sentidos,
tu voz y tu palabra,
y tu vida es mi vida.

39 Corazón infantil

Mi mente de persona mayor es una lata.
Quiero otra vez mi alegre corazón infantil.
Hace tiempo que duerme con la luz apagada.
Ahora vuelvo a verlo correr por el jardín.

Me aburren los recuerdos porque en ellos no hay nada
que aliente, que deslumbre, que se vea vivir.
Me parece tan triste, tan rara la esperanza,
cuando me llama todo lo que tengo ante mí.

Desecho las razones, proyectos y condenas
que me atan al llanto del pueblo desterrado.
Ahora que soy niño puedo hacer lo que quiera.

Y lo que quiero es solo jugar con mis hermanos,
gritar las alegrías y cantar a las penas,
recuperar la danza, la risa y el abrazo.

40 Pájaro cautivo

En el templo vacío
hago volar mi llanto
como un pájaro herido
que no sabe qué hacer con su libertad
y anhela su conocida jaula.

Ojalá pudiera, como siempre hasta ayer,
inventar variaciones de los mismos errores
y aplazar por un día la certeza.
Déjame fingir que puedo hacerlo.

Me estimulaba el roce de las pequeñas dudas.
Se parece a la vida que conozco.
Me gustaba elegir el edificio
o al menos el color de las paredes.

Podía atragantarme de esperanza,
masticar mis agujas de amargura.
Pero ahora me faltan materiales
incluso para un plano tan pequeño.
No veo razones para empezar nada.
Sé que terminaré durmiendo a cielo abierto
y a veces me da miedo.

Sí, me da miedo, tú ya me conoces.
Ya sabes cómo siempre me aferro a lo gastado,
cuánto me cuesta aceptar zapatos nuevos.

Aún así estoy contigo para vivir en júbilo y en riesgo,
aceptando esta luz dolorosa que llega por sorpresa,
tu presencia absoluta que reina en mi presente.
Estás en cada instante -aunque no quiera-
con la fuerza solar de una revelación,
sin que ante tí pueda apoyarme en nada,
sino aceptar la lluvia de fuego que me lava
y decirte Sí, quiero, acepto, amo.

41 No te espero

No te espero,
ya estás en todas partes.

Ya no voy hacia tí,
ya no te llamo.

Digo todo en voz baja,
murmuro las canciones.

Se han calmado mis manos
en tus aguas.

Se ha tendido mi aliento
junto al tuyo.

No persigo la cumbre,
me quedo en tu regazo.

42 Pronto y tarde

Aún viven en mi casa jirones de fantasmas.
Se esfuerzan en llamar la atención porque me necesitan.
Giran alrededor a una cierta distancia y no paran de hablar.

Muy tristes y alarmados,
Su mensaje no cambia:
Es pronto para aceptar,
es tarde para rechazar.

Pero sé que no es cierto,
que no es pronto ni tarde.
Solo hay este momento para el amor.
No cerraré las manos sobre él.
No vestiré su hermosa desnudez.

Seré la voz ligera del que nada conserva.
Empiezo ahora.

43 Estoy ciego

Amor, dame tus ojos, estoy ciego.
La belleza me oculta la flor.
El bosque no me deja ver el árbol.
El anhelo de tí me impide acompañarte.

44 Un paso

La noche es noche,
el día es día.
Noche y día descansan en la luz.

El dolor es real,
la alegría es real.
Alegría y dolor están envueltos en la confianza.

El cuerpo no está fuera,
la mente no está dentro.
La palabra camina en el silencio
y a tí te doy mi voz.

45 Fuego lento

Las luciérnagas mudas del último verano
se unen a las chispas de la hoguera,
rondan los restos de esta ropa vieja
que se quema en la noche del amor.

De mis casas y gentes,
objetos y artefactos.
De todas mis ideas,
de todos mis intentos.
De todo lo querido,
de todo lo buscado.
De todos los caminos,
de esta confusión mía,
de esta ambición de ser,
estás dejando solo la pequeña
alma amante desnuda.

Me entrego a tí
para ser y llenarme de tu tierno vacío,
para sembrarme en él
como un ciclo que muere
y renueva la vida.

Y mis últimas luces se apagarán despacio
en este azul profundo que proteges.
Yo quedaré cumplido,
unido y consumido,
convertido en ceniza y gratitud
al día que tú cierras.

46 Transformar

He visto las banderas de la muerte
-Me sorprenden sus alegres colores-
y su sereno rostro de niña que sonríe
se acercó a mí y me dijo
que he cumplido la vida
y me he atrevido a hacer lo que quería.

Y me regala un tiempo para dar
todo lo que creía que era mío,
lo que amaba y odiaba, lo que no conocía,
para poner en tierra de otros las semillas
y en las almas hermanas el sonido
de lo que queda aún sin transformar.

47 La sombra que me niegas

Tú me das siempre lo mejor de tí.
Gracias, pero no quiero solo eso.
Quiero verte vivir, te quiero entera.
Sabes cómo disfruto tu alegría,
pero busco también la sombra que me niegas.
Y si no me la das no puedo amarte
y muero.

48 Díselo tú

Díselo tú, Señora de la Luz,
Tierra fértil de amor,
Destructora de Jueces.
Quiero todas sus lágrimas,
también las que se quedan frías
y forman las agujas que pesan en su vientre.
Las lágrimas que nunca puedo ver
y esclavizan y aíslan mi dolor.
Dile que me las dé,
porque sé lo que debo hacer con ellas.
Dile que lloro bien
y estoy llorando ya.
Dile que no me obligue a llorar solo.

49 Enhebrar esta aguja

Yo soy el que se adelanta y protege.
Tú guardas el fuego y la sabiduría.
Yo soy el que desvía el aguacero.
Tú el tallo flexible que siempre sobrevive.

Mía es la voz que nombra y no pregunta.
Tuyos los brazos que aman y no encierran.
Tuyos los ojos serios que vigilan el sueño.
Mío el calor que sube de tus caderas.
Tuya la mirada que deshace la nieve.

Para mi puerta tengo esa llave tuya
que abre y no cierra.
Tú tienes la verdad que te he querido dar
para llegar a ser contigo la verdad.

Tu eres la dulce luz que me consume.
Vienes en línea recta con alegres canciones, asuntos y batallas
y te quedas un día, un momento, una vida brillante.
Luego te vas al horizonte frío de la espera.

Soy la limpia conciencia de tí misma
que recuperas al reconocerme
y pierdes cuando muero o cuando mueres.

Y ahora estamos juntos en el jardín azul.
Cada noche de luna recojo las minúsculas flores salvajes del camino
para hacer las coronas y guirnaldas que te gusta llevar
tejidas en mi cable de palabras.

Ahora respiramos la brisa de esta playa.
Me regalas las piedras corazón que me alegran
y nos movemos ciegos e iluminados como lunas gemelas,
deseando extender este tiempo de gracia,
pidiendo a las campanas del atardecer
que no enfríen nuestras manos unidas,
pidiendo el uno al otro
que podamos seguir jugando para siempre.

Porque vivimos en este mismo ahora,
estamos juntos en el mismo aquí
y podemos probar una vez más a enhebrar esta aguja.
Mírame en lo profundo y vamos juntos.

50 Pájaro que cose el horizonte

Bajas, subes, avanzas, retrocedes
y sé que tu intención es tierna y seria.
Coses el horizonte para unir cielo y tierra.
Derramas las estrellas de tus alas
en todos los caminos.

Por eso estoy tranquilo.
Ya no soy peregrino, no voy a ningún sitio.
Soy un mendigo errante
que vive y muere como quiere.

51 Vuelvo a casa

Vuelvo contento a casa.
Sigo un rastro de amor.
Soy pescador de peces transparentes.
A los que tienen hambre voy dejando mi carga.
Voy detrás de tus pasos,
cada vez más ligero.

52 Dolor disfrazado

Me coge por sorpresa
como un balde de vértigo
el dolor disfrazado.
Se hunde en este pozo y lo oscurece.
Cielo, Cabeza, Cuello, Corazón, Vientre, Sexo
y aún sigue bajando hasta encontrar las lágrimas.
Solo entonces me dice quién es.

53 Con esta luz

Con esta luz pequeña
abriré cada una de las puertas
y dejaré que salgan de mi casa las sombras.
Con esta chispa encenderé la hoguera
y quemaré la ropa que me pesa.
Con estas manos
calentaré el vacío.

54 He dejado la lucha

Se acercan con su fuego violento.
Agitan frente a mí sus armas y banderas.
Gesticulan y gritan.
Ya no saben qué hacer.

He dejado la lucha.
He abierto los brazos
y permanezco inmóvil
para que todo pueda respirar.

55 Refugio vacío

¿Por qué sigues andando
como quien busca sendas en la arena?
¿Y no habitas aún el pequeño refugio
que levantaste en medio del desierto?

Mis ojos están secos de escrutar en la noche
y mis manos, inquietas de esperanza,
protegen de los días tu lugar de descanso.

56 Camino entre la gente

Camino entre la gente.
En sus ojos me llama
la luz que tú me envías.

Y soy hermano en ellos,
en Tí soy Yo
y nada soy en mí.

57 Infierno

Paraíso cerrado.

58 Respirar

El lugar donde puedes volver a respirar
está en lo más profundo,
pero tú no lo sabes y por eso
no has cavado bastante.

59 Nacimiento del río en la montaña

La cascada que salta de la roca
cae como un tajo y divide la tierra.

Mi alma sujeta al suelo
no desea más ruido.

Escucha la llamada silenciosa
en el centro del trueno.

Intenta cada día alzar el vuelo
y alcanzar el origen de las aguas.

60 El rincón de la duda

La sombra se acomoda en el rincón
y me ofrece un lugar a su lado.
¿Paso un rato con ella y sus lamentos
o recuerdo quién soy aunque estoy solo?

61 Sol de otro cielo

No puedo echar raíces
en el día.

Todo es cruzar, brillar
y volver al deseo.

Mi estrella amada
es el sol de otro cielo.

62 Viví un tiempo en tu barrio

Viví en tu barrio
El tiempo que tardó en perder su fuerza
Mi vendaval secreto
Eso empezó en verano
y acabó en primavera
Cualquier pequeño pájaro
sabe que no es así como se hace

Llegué creyendo que ya estaba limpio
Pero sucedía que estaba vacío
Y nadie me había hablado de ese Peligro
Ni me enseñó a vencer el hábito del Hambre

Necesitaba verte
No sé si te encontré o te inventé
Pero te llené de Signos
Recordaba tu Forma
Y era mi propia Forma

No sabía si me estabas mirando
Me puse a disimular
Para no alejarme demasiado
Y tampoco parecer inmóvil

Aprendí de la araña y esperé
Hacía y deshacía un laberinto
De Gestos y Canciones
Un camino de trampas en el aire

Con hilos pegajosos de palabras
No podía hacer más
Esperaba que abrieras las ventanas
Pero Tú ya no estabas allí

63 Quién Eres

No puedo decir mucho
Para decir quién eres
Solo que es imposible separarte
Ponerte enfrente
Considerarte Otra
Pensar Tú, pensar Yo

Puedo decir que he ganado tus ojos
Y he perdido los míos
Que mi cuerpo se da la vuelta hacia adentro
Y aún así no te toco

Puedo decir que no encontré mi voz
Hasta escuchar la tuya
Que todo tiene un solo nombre
Que dices y me nombra

Que nos acompañamos
En los ecos finales de este sueño
Del que me cuesta tanto despertar

64 Dolor: falsa noticia

Resulta que el dolor no viene y va
No se mueve, está siempre disponible
Entro y salgo de él y sigue abierto
No me rechaza nunca

Como el mar que está frío
Para el cuerpo que arde

Como cuando estar solo es necesario
Y no apetece nada, pero nada

Como el amigo que siempre te dice
La puñetera verdad
Y por eso es tu amigo

Pero dicen que si sufro es porque quiero
Porque resulta que todos a mi alrededor
En ésto son maestros y jueces
Y me dan su receta, su evangelio
-querer es poder, ya estás iluminado, dulzura para todos-
Se trata de saber que el dolor no es real
O que no es necesario
O que es inútil
O que hay que superarlo
O que hay que ser feliz

Y yo claro que quiero ser feliz
Y hasta lo soy a veces
Muchas veces
Con júbilo absoluto y sorprendido
Ya conozco muy bien esas lecciones
De leche desnatada y sacarina
Pero ¿sabes? resulta que prefiero
El aire, el sol, el frío, la lluvia y el calor
A palacios pintados y palabras

No me gusta ignorar lo que me hiere
Y de los paternales y protectores muros
Solo me fijo en puertas y ventanas
Para abrir y cerrar
Para ir y venir cuando me da la gana

65 Dolor cerrado

El dolor es mensaje necesario
Y nadie tiene vida sin dolor
Pero encerrado es muerte silenciosa
Ignorado es un Amo absoluto
Ante el que no hay defensa
Oculto es máscara de piedra
Que impide el beso

66 Dolor abierto

Que el dolor se me acerque de frente
Siempre claro
Que me traiga si quiere sus lágrimas y gritos
La ira necesaria

Para que no me apaguen la tristeza, el desánimo
Ni echen raíces el odio y el desprecio
Ni surjan la impaciencia y la venganza
Y no me quede solo

Que pueda decir siempre o gritar mi dolor
Y que no me avergüence
Para que no se engañen ante mí
Para que me conozcan
Los que me aman o podrían amarme

Así también
Que ellos no me oculten sus heridas
Sus sombras y sus miedos
Que sea yo digno de su confianza
Que ellos sepan que sé
Qué hacer con su dolor

67 Dolor: semilla de silencio

Tú eres mi maestra en el dolor
En esto sé sin duda que me amas
Este es el cumplimiento de la unión
Cada vez que la sombra se inclina sobre tí
Del origen del mundo sube el agua a tus ojos
Y tu llanto se abre a mi presencia
Como grito de auxilio en tu mirada
Y hace resplandecer el fondo de tus ojos
Con la luz clara de la confianza
Las palabras no intervienen en esto

Así me entregas el último resto de tu fuerza
Como semilla de silencio para la tierra de mi pecho
Y yo la empujo abajo, la guardo y la protejo
Para que pueda ser en el próximo día
Vida engendrada en tí
Júbilo y vida

68 Angel de la guarda mediano vende sus cosas

Este hombre que acaba de morir
A quien nunca pude ayudar
A quien no logré entender
Me ha dejado su herencia

Tengo ahora una mano y medio corazón
Enormes racimos de años verdes
Una trampa sin cazador
Zapatos que no saben andar en línea recta

Un lápiz que dibuja espirales, pero le salen círculos
Un papel que contiene lo que ignora
Un amor que termina donde empieza
Una eternidad en forma de pregunta
Un infinito ni grande ni pequeño
Una pared llena de puertas y ventanas

Una muerte que brilla
Una vida que sangra un poco cuando llueve
Un ojo claro, un ojo oscuro
Un día bueno, un día malo
Una voz agradable, unas palabras secas

Un gusto por el riesgo
Un misterio
Una tristeza de naufragio
Una jugada repetida
Por los siglos de los siglos

Lo vendo o lo regalo
Me pesa demasiado

69 Oculto

Dolor
Viejo dolor
Oculto estabas
Mezclado en los cimientos de los muros
Envenenando la tierra de los huertos

Y yo te dejé ahí
Porque temía
Lo que tu amor quería despertar
Añadir poema

9 Barrera sin puerta

Añadir poema

1 Vacío

A través de las puertas abiertas de la casa
Entra, se mueve, baila el vendaval como un niño
Rompe todos los muebles
Y no toca la frágil porcelana

2 El viejo, viejo zorro

El viejo zorro insomne
Ahora ya no busca entre las piedras
Sonriendo descansa para siempre
Ha llegado hasta aquí sin dejar huellas

Un minuto, una vida, muchas vidas oscuras
Se extinguen en un solo aliento vivo
Una estrella fugaz recorre el universo
Su breve luz jamás desaparece

3 El dedo levantado

Los seres transparentes ven el pájaro
A través de la cáscara del huevo

El final del estío grita de sed
En respuesta el arroyo se desborda

Algunas almas al borde de la muerte
Reciben esta rara forma de compasión

Bendito el que descubre que está solo
Bendito el salvaje rayo que inicia la lluvia

4 Extranjero

Este hombre
Que ha roto los espejos
Acaba de nacer

5 La boca

Con una palabra
El inocente te empuja al abismo
Boca a boca te devuelve la vida

Porque aún no aprendiste a caer
como cae la fruta madura
Necesitas este toque de ayuda

6 La flor

La flor está desnuda desde siempre
Pero muy pocos pueden soportar verla así
De padres a hijos se enriquece y transmite
El variado saber sobre la flor
Ha costado milenios deshacernos
De la verdad de la desnuda flor
Construir la memoria de la flor
Escribir los poemas de la flor
Analizar las partes, funciones y sistemas de la flor
Nombrar todas las flores
Averiguar todas sus cualidades
Sin embargo la flor impertinente
Sigue sin ropa, indiferente y muda
Y vive el que la ve
Y el que la ve la muestra
Y el que no la ve come palabras y tristeza

7 El día

Cuando termina el sueño me levanto
Me levanto
Hago lo que hay que hacer
Hago
A mediodía preparo la comida
Preparo la comida
Al terminar de comer lavo y recojo
Lavo y recojo
A media tarde paseo por el campo
Paseo
Algunas veces hablo con mis amigos
Hablo
Al atardecer me siento
Me siento
De tarde en tarde viene una visita
Estoy con ella
Cae la noche y me acuesto
Me acuesto
Cuando queda del día alguna cosa
Alguna cosa
La dejo en la corriente
No es mía

8 Reunir, separar

Es un juego
Como un rompecabezas
Unir las piezas
Conseguir la imagen
Ver cómo se deshace
Y olvidar
Este es el juego

¿Reunir y separar?
¿Mover y detener?
¿Lleno y vacío?
¿Soñar y despertar?

No

9 Buda No

Oh tú que sigues
Al Buda más excelso
Díme
Cómo usas el cuchillo
Para amasar el pan
Y no usaré ya más
Esta lengua cortante

10 Hambre

El que encuentra la despensa vacía
Acude al mercado

El que ha vaciado su despensa
En el mercado ha puesto su casa

El que se entrega sin reservar nada
Vive en la inagotable riqueza

El que sabe lo que necesita
Es un verdadero mendigo

11 El guión

Tal vez te gustaría poder anticipar
Predecir, anunciar, profetizar
O mejor, que algún otro lo hiciera para tí
No hay problema, si lo buscas lo encuentras
Ese es el problema

Aún te conformas con lo que está escrito
Y oyes solo palabras
¿No habías expresado tu intención
De ser libre o morir?

12 Dos maestros

Si ya no eres un niño
Ten cuidado
No pongas a cualquiera
Delante del espejo

13 Lodo de grandes palabras

En el Principio Todo
Provenía del Fin
Todo era Transitorio
Y surgía la Vida
De la Muerte
La Verdad Absoluta
Era un campo Vacío
Interminable
Se dejaba apresar
Por cualquiera
Sin Mérito
Pero con tanta Gracia

14 Aquí espera el dragón

Aquí espera el dragón
Su sonrisa parece una muralla

Parece que esos ojos como espejos
No piensan en ceder

No hay trazas de otras puertas
¿Te atreverás a dar un paso más?
Añadir poema

10 Cómo deciros ésto

Añadir poema

1 A los que están ocultos en sí mismos

A los que están ocultos en sí mismos.
A los que se agotan
en esfuerzo continuo
por ignorar.
A los que apenas sobreviven
bajo el peso de las falsas noticias.
No los pobres, ni los locos.
No los tontos, ni los inútiles, ni los últimos.
No los que sufren abiertamente
y lloran, piden, gritan.
Estos son fuertes en la verdad y no se esconden.
La soledad de estos es verdadero abandono.
Es bien visible el sufrimiento de estos.
Más bien a los torcidos,
a los que no conocen su miseria,
los que, en su mayor debilidad,
hambrientos,
intentando el poder que desean,
roban, matan o engañan
y aislan a los otros
para aumentar las defensas de su alma.
A los siervos del miedo.
A vosotros, tan profunda, tan sutilmente heridos
que no os atreveis a mirar vuestro propio terror,
oíd que os digo:
Consolaos. Sed fuertes.
No perdurará la mentira.
No os sobrevivirá el mal.
No estáis condenados, ni faltos de amor.
Os levantaréis y volveréis al camino.
Ninguna sombra
recibió autoridad sobre vosotros.
Ya sois libres, ahora, ahora mismo.
No estáis solos.
Levantad la cabeza.
Abrid los ojos, ved a todos los seres
cuyo dolor os guía sin saberlo
para dar este paso necesario.
Pues os están llamando.
Son ellos los que pueden rescataros.
Así, dejad caer todas las armas y murallas que os impiden vivir
y escuchad esos gritos.
Escuchad. Solo es esto.
Concedeos un tiempo de escuchar,
hasta saber si verdaderamente son solo una molestia
o un ser de vuestra misma sangre
que pide ayuda.
El oído despertará el corazón.
El corazón abierto moverá la cabeza y las manos.
Inútil, caerá ese peso insufrible
y quedará por todos olvidado.
Y me veréis.
Veréis lo que ya sois.
Mis queridos hermanos.

2 Cómo poder dormir

Vivías intentando
construir una imagen aceptable.
Recogías pesados materiales
y encontrabas equilibrios dudosos.
Tu seca lucidez los desechaba de inmediato.
Nada considerabas aceptable.
Ibas detrás de un muerto.
Sufrías ocultándolo
en callada vergüenza.
Eran así tus días,
vacilantes entre el hambre y el miedo,
mientras buscabas
un capital de luz
que añadir a tus cuentas.
Aprendías (en vano)
cómo poder dormir,
cómo escapar un tiempo.

3 Has abierto otra puerta

Desde que te conozco
solo tenía ojos para tí
y, sin otra esperanza, te seguía.
Pero hoy al detenerte,
en tu mirada ya no estaba solo.
La multitud de seres que te busca
ha encontrado cobijo
en un sitio escondido de mi vida.
Y has abierto otra puerta para mí,
para todos nosotros.

4 Lazo de amor

Vosotros
que no vivís del gozo,
y que os creéis perdidos
en la seguridad de la condena,
aislados y sedientos,
haciendo infierno
de este hermoso jardín.
Escuchad la palabra
que traigo del arroyo,
el sol, la hierba
y los pequeños pájaros
y vedme en el camino,
donde hago voto de permanecer
hasta veros erguidos.
Porque vosotros sois
el verdadero y único
lazo de amor que me ata.
Mis hijos, mis hermanos, mis padres,
mis maestros.

5 El árbol

El árbol es el árbol
y, como yo, tampoco tiene asiento en sí mismo.
Acaso ni los pájaros que duermen en las ramas lo conocen.
El árbol no es un signo.
No manifiesta nada.
No es su función comunicar ideas,
crear palabras ni colorear sueños.
Yo no le canto al árbol.
Yo no sé su lenguaje ni sé medir su tiempo.
En silencio lo respeto y admiro.
En su sombra descanso,
me apoyo en su firmeza
y me quedo dormido algunas veces
escuchando el rumor del aire entre las hojas.
El árbol está vivo y me acompaña
y su juego es mi juego.

6 El peregrino

El peregrino ha sido en otro tiempo
juez y verdugo
y un viento circular le devuelve a su tierra.
Pide perdón a todos
los que dañó.
Agradece en secreto
su propia inexplicable salvación.
Ha vivido en sí mismo
cada lamento y soledad causados.
Así se reconoce
compañero de todos en el dolor
que volvió como llamas
destruyendo el engaño.
Sin entenderlo acepta
el misterio del deseo y sus víctimas.
Sus manos no preguntan y trabajan
en cada herida que se le presenta.
Día a día renueva, sorprendido,
la compañía, las tareas diarias,
la desnuda verdad del cumplimiento de la vida
y toda cosa que junto a él sucede
se ilumina en un cántico.

7 Todo cabe en tí

A menudo te llaman los seres de tu historia
o, cada vez que vuelves a pasar a su lado,
te reclaman aquello que hiciste o que no hiciste
y recoges de ellos cualquier resto de gozo y de dolor.
Aunque te gustaría mucho más
descansar en el vientre de la vida
y acallar esas voces que quieren arrastrarte.
Pero ahora ya todo cabe en tí
y encuentra su lugar
para volver después más transparente.
Y tú, ¿cómo podrías escapar de quien eres?
Sabes que es necesario
recibir cada cosa que queda sin cumplir
y devolverla al mundo conocida y amada.
Este ritmo eres tú.
Inspirar y espirar.
Ver el dolor y envolverlo en amor
con la luz que no es tuya,
siendo el aliento mismo
del mundo que divides.
Sin quedarte con nada.
Sin descansar en nada,
sino en el filo mismo de la vida.

8 Con dolor o sin él

¿Cómo aprender a resignarse?
¿Cómo dejar la confianza fuera de la vida
y vivir aferrado
a alguna cosa estable del pasado,
alguna idea presentable,
alguna certidumbre duradera?
Tú no encajas en eso,
aunque a veces te arrastra la costumbre.
A tí todo te empuja a este recomenzar
y vas dejando un rastro de objetos inservibles
que otros aprovechan muy bien.
Con dolor o sin él,
quieres andar la senda del aliento.
Desechas los proyectos cuando los reconoces.
De solo a sola cantas
y se van deshaciendo tus ropas,
tus hábitos e ideas.
Ahora estás herido, pero sabes
lo que sucederá, lo que está sucediendo.
El tiempo justo de convalecer
y saldrás otra vez al aire,
más ligero.

Añadir poema

11 Poemas relatados

Añadir poema

1 La casa vacía

Salió a su paseo matinal con desazón. Sabía que volvería a pasar frente a la casa deshabitada que le atraía. Claro que podía desviarse y rodearla por cualquiera de las sendas que los animales del bosque habían trazado con sus costumbres. Pero en algún momento tenía que enfrentarse con ella.

Su propia casa quedaba, como cada mañana, ordenada y limpia, con las ventanas cerradas, las persianas casi del todo bajas y las cortinas corridas, para proporcionar la penumbra tamizada y suave que le gustaba. Dependía de su casa, llena de los objetos familiares que había ido reuniendo poco a poco. Le daba seguridad saber que, en cualquier momento, si sentía miedo podía volver a refugiarse en esa soledad.

Consciente de lo inevitable caminó ya decididamente hacia la casa vacía. Se detuvo y dudó un momento. Contempló el porche amplio, casi en penumbra aún, los cristales de lasla ventanas, la puerta de madera clara. Pensó que la maleza no agredía la casa, sino que armonizaba con ella.

Subió los tres escalones del porche. La madera no crujió. Le inundó una extraña esperanza. La puerta se abrió sin oponerse. Entró ya con decisión.

Había pocas cosas, mucho espacio. Todas las puertas estaban abiertas, las ventanas sin persianas ni telas. Le inundó de inmediato la luz de la mañana entrando por el fondo. Se acercó a la ventana por donde entraba el primer sol y miró afuera. La pradera abierta, sin vallas, un jardín espacioso y salvaje cubierto de rocío, deslumbrante de reflejos.

A su izquierda, dos aves levantaron el vuelo desde la hierba y siguieron elevándose, alejándose tan juntas que se fundían en un solo punto, tan lentas que el tiempo se detuvo.

Se le quedó la mirada unida al cielo. Se sentía flotar hacia él, en el centro de una inmensa paz. No sintió que las lágrimas brotaban y lloró su primer llanto sin tristeza. Las lágrimas llamaron a todas las tristezas y negaciones anteriores y abiertamente las lloró. Como no corría el tiempo, estuvo allí llorando en esa quietud hasta que se secó por sí sola la fuente.

Cuando volvió a sentir la casa a su alrededor, se movió enseguida. Dió una mirada circular y detuvo los ojos ahora con más atención en los detalles. Pasó ligeramente la mano por la mesa y por el respaldo de una de las sillas. No había polvo. Todo, los muebles, las telas, los pequeños cuadros, era muy sencillo. No emanaba abandono, sino una indefinible sensación de acogida. No parecía deshabitada, a pesar de que todos sabían que lo estaba.

Salió de la casa con la sonrisa lavada por el lanto. Se dirigió a la suya deprisa. Entró con energía y con una relajada decisión. Abrió bien todas las puertas y ventanas. Subió todas las persianas. Dejó pasar la luz. Sintió cómo el aire limpio circulaba reconociéndolo todo.

Le pareció que el aire le estaba sugiriendo que cantara con él. Por tanto se tumbó en la cama, cerró los ojos, dejó que se extendiera la sonrisa y cantó. Cantó todos los nombres de las cosas que no eran importantes, que pesaban y sobraban, que había que tirar, vender o regalar. Luego, cambiando el tono, cantó los nombres de las personas que echaba de menos. Cantó consciente de que las estaba invocando a formar parte de su nueva vida.

2 El mismo abrazo

Antes de entrar en casa, oye la música que la espera y la sonrisa que llevaba dormida se despierta.

Cambia sin darse cuenta el ritmo y revive el placer de hacer las cosas más despacio. Abre la puerta y disfruta la penumbra del interior, la música que crece. Entra y cierra la puerta tras de sí. Cierra también los ojos un momento y aspira la sutileza del aire. Suspira agradecida. Se descalza. Avanza hasta el umbral del salón.

El está en el sofá, con un libro en las manos, callado, volviendo la cabeza para verla. Los ojos bien abiertos para saber si viene muy cansada, si ha sido un día duro, si ella también lo mira, si sonríe, si sigue siendo ella.

No se levanta. Aparta a un lado el libro sin marcar esa página. Se quedan un momento mirándose, leyendo las señales. Al fin a él se le contagia la sonrisa. Ahora sí se levanta. Se le acerca. Ella no se ha movido, solo le abre los brazos. Es un abrazo tierno, largo y extendido, un abrazo que acoge, que reconoce lo que ha salido de sí mismo, ha estado un tiempo ausente y ahora vuelve. Es un abrazo lleno de sorpresa, de gratitud y gozo. Es el abrazo de siempre, el primer abrazo.

Aun no han dicho nada. En el abrazo se han cerrado los ojos, las cabezas se han unido, las mejillas se han rozado con placer, el tiempo ha vuelto a ser un cachorro dormido.

Las manos de él se mueven. Suben a la cabeza de ella y la acarician, buscando disolver pensamientos que pudieran quedar entre el pelo. Buscando remover y despertar el olor de su pelo. Buscando atraer toda su atención. Buscando lo que siempre ha buscado desde que la conoce.

Ella avanza un centímetro su cuerpo y dice una palabra sin sonido. El la oye y retrocede un poco, muy despacio, para invitarla a repetir el gesto. Los dos quieren estar toda la vida en cada paso mínimo que dan hacia el sofá.

3 Primera carta desde las islas Viudas

Querida Elisa:

Te escribo desde la isla Viuda Mayor, en la que llevo ya ciento dieciocho días recopilando datos para mis estudios. Voy a referirte algo sobre estas islas que me llama mucho la atención y que justifica mi demora.

Las Islas Viudas están frente al límite norte del desierto de Namibia, a 8 grados 15 minutos Este y prácticamente sobre el trópico de Capricornio. Las escasas noticias que tenemos de ellas nos han llegado de navegantes ociosos o desviados de sus rutas por las tormentas. Pocos han bajado a tierra y conocido a sus habitantes. Los más son disuadidos por el gran arrecife circular que las rodea, dejando un paso que apenas es practicable en la marea alta y hoy en día usado solo cuatro veces al año por el transporte comercial que une el archipiélago con el puerto de Walvis Bay.

Esta mínima familia de islas, que parecen vagar a la deriva, azotadas por las olas insomnes del Atlántico, no dispone de puertos amistosos, ni sus aldeas cuentan con escenarios capaces de vacaciones.

Las islas son pequeñas. Las tres mayores (que fueron las primeras en nacer) forman un triángulo equilátero casi perfecto en el centro del conjunto, que sigue creciendo a ritmo lento y constante, pues la singular conformación geológica del lugar, en el límite de una zona volcánica activa, hace emerger de vez en cuando nuevos islotes que siguen elevándose sin cesar, a razón de 2 o 3 milímetros al año.

Su población, de apenas 900 personas, tiene características únicas. La noticia más documentada y completa nos llegó del clérigo portugués Joao Martelho, que a mediados del siglo XX, con los alemanes recién expulsados de la zona, atendió durante 40 años las necesidades espirituales de la población y regresó a Lisboa desencantado y réprobo, precisamente a causa de sus estudios, que la jerarquía eclesiástica juzgaba procedentes del secreto traicionado en esas cuatro décadas de confesiones. Desde el principio de su ministerio percibió la magnitud de la devastación psicológica que afectaba a sus feligreses, empezando por la frecuencia anormal de las confesiones y el contenido muy específico y atormentado de las mismas.

Martelho refiere que, aunque en la población de las islas se da una proporción aproximadamente igual de mujeres y hombres, la tasa de nacimientos desde el comienzo del registro histórico es mucho más baja de lo normal. Los niños nacidos son apenas la quinta parte de los que nacen en poblaciones equivalentes de otros países de parecido desarrollo económico y cultural. Por eso la población nunca ha experimentado tensiones demográficas que hayan impulsado éxodos ni migraciones y se ha mantenido bastante aislada del resto de las gentes.

Según Martelho, la baja natalidad viene explicada por una alteración emocional endémica que les lleva a menoscabar a quienes les expresan su interés sexual: o sea, que no se dejan querer. Así, en estas islas de gentes obcecadas es infrecuente que una mujer se abra al interés de un hombre, pues ella previamente ya ha puesto sus expectativas en otro hombre, que a su vez está bloqueado por su atención exclusiva a otra mujer y así sucesivamente, formando a veces cadenas de fracaso de varias decenas de individuos, que se enlazan y ramifican y tardan muchos años en deshacerse. De este modo, a efectos de relación, todos están casi siempre emocionalmente inhabilitados para los demás, excepto para uno, que casi nunca está disponible.

Con la llegada de la pubertad los habitantes de las islas convierten en vínculo indestructible y definitivo su primera experiencia de atracción y esta atadura reviste caracteres muy obsesivos. Ningún adolescente contempla otras opciones que la primera persona que la vida le propuso. Al resultar casi siempre inviable la relación, se deriva todo tipo de consecuencias psicológicas negativas, que dan origen a una población muy aquejada de ansiedad, depresión y enfermedades inducidas o agravadas y también, claro, una alta tasa de suicidios.

Según refiere el cura en su diario, estos desórdenes creaban en sus feligreses fuertes sentimientos de culpa, injustificados pero comprensibles, pues ninguno excepto el propio Martelho conocía el caracter incontrolable de la dolencia. Algunos se daban cuenta de su problema y se sentían anormales. Otros solo veían su sufrimiento y embarrancaban en la autocompasión. Cuando empezó a tener una visión global del problema intentó aliviar este dolor explicando individualmente que se trataba de alguna clase de enfermedad desconocida, pero dejó de hacerlo cuando constató que las personas esperaban de él solo su servicio religioso y no daban crédito a sus investigaciones; le preocupó perder su propio prestigio profesional como sacerdote. Vio que nadie estaba interesado en airear estas cosas y dejó de hablar de ellas.

Sin embargo, muy sorprendido, intelectualmente fuerte y poco dado a aceptar supersticiones, no cayó en la tentación de achacar estos desórdenes al maligno y, en la medida de sus posibilidades, prefirió buscar causas científicas. Puso en práctica sus conocimientos de química y creyó detectar tasas anormales de radón y azufre en el interior de los edificios. Esto le hizo pensar que sería útil estudiar la actividad de esa combinación de gases en la bioquímica del cerebro, de modo particular en la producción y alteración de feromonas y otras hormonas relacionadas. Pero todo esto excedía con mucho su capacidad y sus recursos. Así que renunció a intervenir y se convirtió en un observador.

Aún hoy, un número considerable de personas, tanto nativos como extranjeros arraigados, rompen su cadena renunciando a buscar pareja tras algunos intentos y abocan una vida solitaria, ocupando cuando es posible alguno de los islotes periféricos que van haciéndose habitables. Frecuentemente pierden también interés por los aspectos prácticos de la vida y se convierten casi en ermitaños. Ya no molestan a nadie, pero reducen de tal modo el ámbito y el tono de su actividad que recuerdan a bonsais leñosos.

Para los que no se aíslan no hay mejores expectativas. El ánimo se oscurece. Pierden la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas y se aferran a lo suyo con creciente amargura y desesperación. Se vuelven melancólicos, violentos o simplemente tristes. Una pequeña parte de ellos, gracias a estos sufrimientos, terminan desarrollando la humildad de volver los ojos hacia quien les quiere y encuentran la felicidad, a menudo en el final de su vida. Pero esto no es común. La mayoría son fieles de por vida a su ilusión de amor y son como quien va persiguiendo a su sombra.

Cuando una persona muere, paradójicamente no libera a sus dependientes, pues estos siguen atados por un anhelo insatisfecho que ya no puede ser desengañado por el comportamiento del objeto de su amor. Su imagen queda fija en la mente, como un ídolo silencioso.

Como es de esperar, personas tan infelices no tienen desarrollado ningún sentido de hospitalidad y los visitantes ocasionales sufren su caracter retraído y huraño. Tal vez por eso escapan pronto de aquí y prefieren olvidar cuanto antes este antipático paréntesis de su vida. Mucho mejor así, pues con cada día de estancia aumentan sus probabilidades de verse atrapados por estas extrañas distorsiones.

No se entiende cuál pudiera ser la causa. Desde luego, debe tratarse de factores ambientales, pues afectan tanto a los visitantes que se establecen en las islas como a los nativos. Las intuiciones del cura pueden tener una base real. Pero en una sensatez elemental, será mejor para nosotros, que afortunadamente no vivimos así, mantenernos alejados de estas islas. Yo por mi parte regresaré a casa sin demora en cuanto pueda terminar mis estudios lingüísticos, aunque es posible que decida prolongarlos unos días más, pues aún me faltan datos para comprender las peculiaridades de este idioma. Estoy casi seguro de haber encontrado en uno de los habitantes de esta isla Mayor (una mujer joven de extraordinarios ojos verdes y silencios oceánicos) una forma de comunicación no verbal que, si pudiera entender completamente, se convertiría sin duda en un descubrimiento científico de primer orden. Ya te contaré más en la siguiente carta.

Transmite mi cariño a toda la familia y a los amigos. Muchas veces os recuerdo con nostalgia. No tardaremos en volver a vernos.

4 La pradera

Es una tarde quieta. Hay una calma limpia en la pradera. Pájaros que negocian. Rumor de agua. Algunas nubes blancas sobre el cielo radiante.

La cierva joven ramonea tranquila la hierba de la orilla. Ha nacido ya libre. No conoce ningún peligro serio. La chatarra oxidada de un coche junto al agua no significa nada para ella. Algo como los troncos caídos de los árboles viejos.

Los grandes ojos negros la llevan al azar, de bocado en bocado. No tiene prisa. Hay comida bastante.

El chaval que la mira desde lejos se acerca lentamente, confiado. Ni siquiera le preocupa hacer ruido. Una rama partida al caminar levanta la cabeza de la cierva. Pero él sigue andando. Ella siente curiosidad, pero se queda inmóvil, mirando atentamente.

El se le acerca más. Ha sacado un racimo de bayas azuladas del zurrón. No hay muchas de estas por aquí. Se ha sentado en el suelo y espera con paciencia que ella se acerque. Le ha tendido la mano con la ofrenda de frutas. Ella se acerca despacio y alarga el hocico tembloroso. Olfatea. Todo está bien. Vamos a comer esto.

Prueba un tímido bocado. Está muy bien. Sigamos.

Pero entonces, un ruido que no encaja. Un sonido de ramas que se quiebran, cerca, mucho más fuerte. Levanta la cabeza, tarde para escapar. La sombra rápida, el tigre, se abalanza. Todo acaba en tres saltos y un chasquido.

El tigre come la carne temblorosa, viva. Mirándolo con la cabeza un poco ladeada, aún sentado, el chaval come las bayas azules y espera. Cuando el animal levanta la boca enrojecida, el chaval se le acerca y se le abraza. Se rozan, se sonríen. Murmuran sus palabras de amistad.

El chaval ha ensillado a la bestia con una vieja manta y unas correas. Ha montado a su lomo y juntos han trepado esa ladera hasta la cima. Se han detenido y miran el crepúsculo. Contemplan embebidos la belleza invariable del cielo sobre el mundo. Contemplan serios los infinitos matices de la luz que se escapa. Contemplan con nostalgia las sombras grises y negras de la vieja ciudad abandonada.

Las ruinas cenicientas y mordidas contemplan orgullosas a sus hijos.

5 Tu mano sobre el río

Como para gestar una vida nueva, veo ahora la necesidad de descansar, de cuidarme, de aprender el amor por donde más difícil me ha resultado siempre, por mí misma. En esto acepto, incluso agradezco el tiempo gratuito que me ofrece la enfermedad.

Las mañanas se escapan veloces, entre visitas y conversaciones, desayuno y comida, higiene, tratamientos, medicinas, teléfono. Rodeada de gente, acolchada de afecto y de flores.

Las tardes son distintas. Hay largos espacios vacíos. Sobre todo, ese tiempo que se supone debo dedicar a la siesta. Ahora que no tengo nada urgente, pero tampoco sueño, lo ocupo haciendo memoria de todas las cosas.

Mis recuerdos contigo ocupan una gran parte de ese tiempo. Vuelvo sobre ellos una vez y otra. Al fin me dí cuenta de que estaba buscando algo. Iba vagando inquieta de escena en escena, como un sabueso olfateando todo, como si hubiera una imagen concreta que pueda contener la clave de todo este misterio, la respuesta a todas las preguntas.

He visto muchas veces lo agradable y lo triste, la primera pasión, el esfuerzo compartido, los cantos a dos voces, los proyectos, los hábitos comunes, los partos, las discusiones, las infidelidades, el tedio, las separaciones, las reconciliaciones. No encuentro nada llamativo en todo eso. Nada que no haya visto casi idéntico en las vidas de todas las personas que conozco.

Pero también hay cosas que siento singulares y propias, escenas en las que te recuerdo único, irrepetible. Son como fotos de lo más verdadero, enmarcadas y puestas en mi altar interior, al lado de la vela y del incienso.

En la más fija de todas esas imágenes estamos atravesando un río de montaña. Teníamos como mucho 20 años. Yo temblaba de miedo y solo podía mirar el agua. Resbalaba a cada paso y no podía avanzar más.

Tú tiraste la mochila a la orilla y volviste a por mí. Me tendiste la mano sin hablar. Levanté los ojos y me enganché a tu expresión de firmeza y confianza. Una expresión nueva, que me borró el miedo de golpe. Me pareció que te conocía en ese momento, que antes no te había visto jamás. Entonces conseguí respirar un par de veces profundamente y luego dí el salto necesario para alcanzarte. Y llegué a la orilla sin caer.

Tanto se repite este recuerdo, que me ha hecho pensar. ¿Qué había ahí? ¿Qué tenía de especial esa mirada tuya? ¿Cómo supo transmitirme el valor necesario?

Ahora la recuerdo y veo que aquella no era tu mirada. Y quizá yo también te miré de un modo distinto. Ni tú ni yo estábamos aún maduros para mirar así, para dar ese pequeño salto en el tiempo de 10 segundos y compartir la certeza de lo que iba a suceder.

Y es curioso. Algo tan sencillo como esto, y que tal vez solo sea una ilusión, se me presenta ahora lleno de gracia y de misterio, e incluso me parece que me ha dado la fuerza para seguir toda la vida buscando dentro de tí y de mí. Y que en mí tendrás siempre un espacio abierto. Y que esto me gusta y, en cierto modo, hace brillar la vida rutinaria y modesta que hemos compartido.

6 Era mi padre

Desde la adolescencia crecí inseguro de mi origen, interpretando las débiles señales de mis padres como evidencias de algún misterio familiar inconfesable.

El único hermano de mi padre había muerto muy joven, a los 28 años, por causas confusas relacionadas con la mujer que amaba. No obtuve un relato más o menos claro de esa historia hasta hace muy poco, cuando para mí ya importaba poco.

Los dos hermanos eran camaradas y compartían casi todo. Solo se llevaban dos años. Muy deportistas, ambos en la élite local del atletismo. Compartían amistades y también el trabajo. Eran socios únicos propietarios de un taller mecánico de mucho éxito, el mayor en la Zaragoza de la posguerra, que tenía a la muerte de mi tío unos 30 trabajadores. Se ganaban muy bien la vida.

Al morir dejó a mis abuelos destrozados para siempre. No pudieron recuperarse. Solo puedo recordarlos de luto extremo, jamás les ví una sola prenda más clara que el negro desteñido por los lavados, a excepción de las camisas blancas del abuelo, que mi madre le obligaba a llevar en los últimos años cuando, ya viudo, vivía en mi casa. Antes de eso, hasta las camisas eran negras.

El luto no era solo exterior. Eran incapaces de cualquier emoción ligera, no digamos de alegría. Todo en ellos era amargura, rencor y odio. Odiaban a mi madre y procuraban aplastar cualquiera de sus expresiones de vida. No soportaban oírla cantar, cosa que le encantaba. Procuraban hacerle conocer su odio todos los días. Mi abuela me enseñaba a defenderme de los tortazos de mi madre poniendo el codo de manera que se hiciera daño. Y me enseñaba a contestarle cuando me regañaba. Pasear con mi abuela era oírla criticar a mi madre sin parar. Quería separarme de ella.

Odiaban y despreciaban a mi padre ¡y se lo decían muchas veces! ¿Por qué no te morirías tú, en vez de tu hermano?

Sin embargo, a mí me querían mucho. Me mimaban y les gustaba tenerme cerca. Me acompañaban cuando estaba malo y me contaban cosas del pueblo. Cuando estuve en cama cerca de tres meses por una hepatitis, a los 8 años, mi abuelo no se separaba de mi cabecera más que para dormir. Como no sabía muy bien de qué hablar, me leía el periódico entero. Muy despacio, claro, casi sílaba a sílaba, porque no estaba entrenado en la lectura.

Nunca se hablaba de mi tío. Solo sabía que había muerto de pulmonía, después de noches desesperadas de borrachera, a consecuencia de alguna tragedia de amor. Eso y un par de fotos en el grupo de amigos.

Mi padre me trataba con un desprecio activo y humillante, la misma actitud de los abuelos para con mi madre. Nunca me dedicaba una palabra amable y aprovechaba la mínima ocasión para hacerme ver que yo era completamente inútil para todo.

Mi madre y mis tías (sus dos hermanas) me adoraban y me protegían. En exceso, quizá, como veo ahora, pero lo entiendo. Yo nací el primero de toda la generación de primos. Pasaron 4 años hasta que nació el segundo. En esos años concentraron en mí todo su instinto maternal.

¿Qué niño puede asimilar todo este desconcierto? En algún momento, a los 13 o 14 años, empecé a construir con aquellos datos una historia que explicase todo el dolor que se respiraba en mi familia, como si entenderlo fuese a ayudarme a vivir en él.

Poco a poco fui construyendo el argumento del misterio. Con los datos insuficientes que caían a mi alcance, encolados y completados con la imaginación. La historia era así de simple: Mi padre no era tal. Yo era hijo de su hermano. Mi padre lo supo. Estalló el escándalo puertas adentro. La consecuencia final fue que mi tío deliberadamente se entregó a la farra con desprecio de su vida y murió. Mis abuelos me querían porque era lo único que les quedaba de su hijo predilecto. Mi padre se había visto obligado a cargar conmigo.

Me parecía que esto explicaba toda esa montaña de odios y desprecios. Y sobre todo, en lo que me concierne, explicaba el odio y el desprecio que sufría de mi padre. Intenté averiguar datos más claros, pero fue imposible. Yo no confesaba el motivo de mi curiosidad y nadie quería hablar de esas cosas.

Y así crecí. Mi padre nunca hablaba conmigo y nunca elogió nada de lo que hice. Nunca me hizo un regalo de cumpleaños. Nunca me ayudó en nada. Conocía muy bien su desprecio, gracias a su frase preferida: tú lo que eres es un inútil. Y yo, inseguro pero prepotente, con un rechazo a cualquier tipo de autoridad y lleno de iniciativas que superaban mi capacidad y que acometía con gran energía pero abandonaba al primer contratiempo, tampoco podía contradecirle con hechos. Todos mis proyectos fracasaban o me aburrían.

Desarrollé una oposición declarada a su figura. Cuando se ponía humillante o violento con mi madre, yo saltaba como un resorte a defenderla con gran agresividad, hasta los empujones y los puñetazos, de los que nos separó mi madre varias veces. Esa fue siempre nuestra relación. Me marché muy joven de casa y me casé por primera vez a los 21 años.

A los 52 años me había casado tres veces, había tenido cinco hijos, había dejado varios buenos trabajos. Y llevaba 30 años explorando distintas prácticas espirituales, en busca de la paz interior.

Entonces él enfermó. Una mancha en la cara creció y se reveló como carcinoma. Durante los primeros meses lo negó, recurrió a curas con arcilla y con ajos, las dos panaceas de su fe en el naturismo. Luego se vio obligado a entregarse a los médicos y empezó una serie de operaciones, transplantes de piel, vendajes de momia y debilitamiento.

Y con esa debilidad progresiva llegaron los cambios en nuestras vidas. Recuerdo como una revelación la primera vez que lo visité en el hospital, tras su primera operación. Algo en él y algo en mi mirada había cambiado. El había aceptado que no era dueño de su vida y consentido en que otros, los médicos, tomaran los mandos. Se había entregado. Y yo lo veía ahora con un sentimiento nuevo de compasión. Me fue fácil entonces pedirle perdón por todas mis rebeldías. Inmediatamente me respondió con total apertura, desmontando cualquier resto de duda en mí. Me dijo cómo siempre me había querido, cómo nunca había sabido expresarlo, cómo lamentaba nuestros episodios de violencia; lo orgulloso que se sentía de ver cómo había cambiado yo, cómo había conseguido llevar adelante mi vida.

Estaba frente a mí diciendo todo eso y yo sabía, más allá de cualquier duda, que era cierto. No estaba solamente oyendo sus palabras. Estaba viéndolo y oyéndolo a él, que me hablaba con todo el ser. Estaba viendo, por primera vez, a mi padre. Creo que por primera vez estaba viendo de verdad a una persona. Mi padre fue la primera persona que de verdad ví.

A partir de entonces tuve muchas confirmaciones de ese cambio. Constaté repetidamente cómo él hablaba bien de mí a todos. Me dí cuenta de que él también había vivido aquel momento de unión.

El proceso de su enfermedad duró tres años y fue muy duro. El último año lo pasó sin salir de casa, porque no quería que nadie lo viera así, con la cabeza vendada sobre las horribles llagas y las cicatrices de los trasplantes. Tuvo fuertes dolores y soportó altas dosis de todo tipo de fármacos. Todo lo contrario a lo que había sido siempre su modo de vivir.

Aparte de las operaciones, no fue hospitalizado y vivió la enfermedad y la muerte en casa, con sus hijos. Fue dejando caer ante nosotros todas las ideas y costumbres a las que antes se aferraba. Manifestó una generosidad y una humildad que antes no le habíamos conocido. Se fue dejando a sus hijos mucho más unidos.

En el funeral, por impulso, me levanté al altar de la capilla y hablé bien de él a todos, dí gracias por él, agradecí la vida que él me dio, me despedí de él, recordé a todos la alegría de haber podido compartir con él momentos de claridad.

Una vez que se ha manifestado el sentido de todas estas cosas, sin esperarla ya, he recibido la información que me faltaba. He sido libre para volver sobre mis pasos y reabrir las relaciones que interrumpí en la juventud. Al recuperar el contacto con las hermanas de mi madre, he sabido que mi tío Jesús sufrió un terrible choque emocional al comprobar la infidelidad de su novia, a la que toda la familia conocía y con la que estaba a punto de casarse. Se entregó al desánimo, se debilitó, perdió las ganas de vivir y en pocos meses cayó enfermo y murió. Y esa muerte desencadenó la muerte en vida de sus padres y los transformó de tal modo que solo pudieron dar al hijo superviviente el agobio de su amargura. Mi padre tuvo que aprender a vivir con eso y era inevitable que lo transmitiera a sus hijos . Afortunadamente la muerte de su hermano sucedió cuando ya era adulto y responsable de su vida y ya no vivía con ellos. Y pudo soportar esa carga. Y afortunadamente esa herencia de sufrimiento no pudo apagarlo por completo y dejó en mi memoria profunda algunos trazos luminosos, pocos pero vivos, que han salido después a la luz. Como la escena que más recuerdo de él, en la que caminamos juntos y solos por el bosque, recogiendo fresas silvestres al primer sol de una mañana de junio. O cuando le acompañaba a la piscina, me enseñaba a nadar y yo admiraba su cuerpo de atleta. Estas escenas son ahora como medallas doradas en mi pecho.

En cierto sentido, sigo haciendo lo que hice en el funeral. Quiero seguir haciéndolo. Expresar mi gratitud por mi padre y, a través de él, por la vida que recibo a cada instante. Decir cómo me sorprende la belleza del diseño de la vida. Qué misterio tan profundo hay en el tiempo. De qué forma se unen en el presente todo el dolor, el gozo, todas las experiencias del pasado para abrir justamente esa puerta que ahora debe abrirse. Y qué necesarias son en mi vida todas las personas que la pueblan. Y cómo pueden el odio, la violencia, el sufrimiento, la soledad y el infierno disolverse en instantes y dar paso a la claridad.

7 El juego de los nombres

La pasión de amor suele durar lo que tardan los enamorados en conocerse. Ellos lo sabían, porque lo habían comprobado muchas veces en sus amigos, pero para sí mismos no quisieron aceptarlo. No renunciarían al sabor de esa vida exaltada que estaban disfrutando. Así que idearon un modo de poder vivir sin límite de tiempo el proceso extenuante de acercarse sin llegar a poseerse jamás.

Temían llegar a conocerse por completo. Debían ser conscientes de qué cosas ignoraban del otro. Debían intentar conocerse, pero confiaban en que no lo conseguirían nunca. Tenían fe en lo ilimitado de sus almas, en que siempre quedarían zonas ocultas que mantendrían vivo el misterio.

Así iniciaron el juego de los nombres. Era una especie de recurso para exorcizar el hábito. Escoger un nombre veraz para el otro, no un nombre idealizado, sino uno que revelase un aspecto real de la personalidad, del físico, las habilidades o torpezas, o la manera de hacer las cosas. Cada nombre tendría validez solo durante un día. Luego sería desechado y buscarían otro nuevo.

El juego funcionó bien alrededor de seis meses. Entonces se dieron cuenta de que se les estaban acabando los nombres veraces y empezaban a escoger nombres idealizados o imaginativos. Decidieron cambiar el juego. Pensaron que debían ir más lejos.

El problema era que estaban consumiendo los nombres y a la vez estaban consumiendo el amor. Habían equivocado la estrategia. Se les ocurrió que debían hacer justo lo contrario de consumir. Y también que no debían jugar en el terreno de las palabras, pues estas les llevaban a la larga a algo superficial e ilusorio.

Jugarían con su misma relación, con el tiempo que pasaban juntos, con la atención que se dedicaban el uno al otro. Extenderían todo eso para hacerlo cada vez más ancho y menos intenso. En vez de escalar una montaña de placer tras otra, prolongarían el tiempo como una llanura de hierba y así llenarían sus vidas de un contacto suave. Buscarían expresiones más tranquilas de la emoción, caricias más sosegadas, más espacios de silencio entre las palabras. Nunca tendrían prisa. Un solo nombre les bastaría para eso. Compañero. Compañera.

Así consiguieron mantener el interés hasta seis años. Entonces empezaron a ver que ya no había más espacio que ocupar, que el amor se estaba convirtiendo en una dulce costumbre. Y les dio miedo, porque recordaban cada vez más los primeros tiempos de los nombres apasionados, cortantes y excitantes.

Se tomaron un tiempo para examinar el problema. Y vieron que aún no era tarde. Que aún conservaban un resto de la atención, de interés en el otro. Aún querían estar juntos. Aún se amaban, a pesar de que se conocían muy bien. Se conocían bien y, sin embargo, había algo al fondo, detrás, que les quedaba oculto, inaccesible.

Entonces se dieron cuenta de algo más. Ya no bastaban los detalles. Querían conocerse de un modo absoluto, hasta el extremo de fundirse y no ser más dos, sino uno.

Y empezaron a buscar el modo. Como lo buscaron con la paciencia infinita del amor, lo encontraron. Ahora están aquí, conmigo, y yo los amo. No se dan nombres ya. Ya se conocen.

Seguramente ahora te preguntas qué fue lo que encontraron, cuál fue el modo de conocerse sin dejarse de amar. Me hicieron prometer que no os estropearía esa hermosa sorpresa.

8 Cambio de vía

Una noche estaba haciendo alguna cosa en el ordenador cuando ví mensajes nuevos en el Facebook. Uno muy sorprendente en especial. Un mensaje de M, la primera chica que amé, mi primera relación adolescente.

Así que, con sorpresa, me ví impulsado a un retroceso de medio siglo hasta un tiempo olvidado.

Toda mi vida de niño se movió en un círculo muy pequeño. Viví toda mi infancia y adolescencia, hasta los 20 años, en la misma casa donde nací, en Las Delicias, un barrio periférico de Zaragoza. A 200 metros de mi casa empezaba el terreno deshabitado. La línea del ferrocarril, dos vías que comunicaban la ciudad con casi todo el resto del país y otras tres o cuatro vías de maniobras, separaban mi barrio del de La Química, más al norte, y se adentraban al este hacia el interior de la ciudad. En ese tiempo las vías no estaban como ahora soterradas, ni siquiera protegidas por vallas. Por ellas se movían grandes y pequeñas locomotoras negras de vapor, con sus perfiles rojos y dorados y sus penachos de vapor blanco y humo gris, difundiendo los olores del fuego de carbón y los estruendos y chirridos de su esfuerzo en el acero.

En aquellas vías jugábamos los niños de los dos barrios y junto a ellas entrábamos a los descampados, terraplenes, acequias, veredas y desmontes del arrabal y más allá a los campos de cultivo que aún resistían el avance de la ciudad. Por ellos se movía algún rebaño de ovejas, rebuscadores de carbón que recogían lo caído de las locomotoras, recolectores de espárragos silvestres, de regaliz, de caracoles, parejas ensimismadas y nosotros.

Los críos íbamos a lo nuestro. A bañarnos en las acequias, a buscar regaliz, a robar mazorcas en los campos. Las mazorcas tenían dos usos. Comer el grano y secar y fumar las hebras, los estigmas color cobre. También íbamos a guerrear. Batallas a pedradas entre las pandillas de un lado y otro de las vías. Batallas con víctimas de sangre que nunca fueron graves, pero perfectamente podían haberlo sido.

Ese era el ambiente en que a los 13 años descubrí que vivía. Lo descubrí de pronto, porque fue la edad en que mis padres empezaron a aflojar su control exagerado sobre mi tiempo. Entonces empecé a disfrutar horas de libertad. A esa primera libertad contribuyó una segunda ocupación de mis padres, que abrieron un bar en los jardines que unían mi calle con las vías. Yo les ayudaba los días de fiesta. También los demás días al volver del instituto. A cambio, en los periodos de descanso, podía moverme un poco en ese ambiente medio salvaje de los niños.

Nadie nos controlaba. Eramos bastante libres y lo aprovechábamos bien. Chicos y chicas teníamos mucho que aprender de lo que no se enseñaba en las escuelas. Todos empezamos a maniobrar hacia las imaginadas delicias del amor, torpemente pero con mucho interés.
Así que nuestra vida fuera de las casas eran juegos de guerra y de amor. Yo no destacaba en la guerra y me inclinaba más por el amor.

M fue la primera chica que me gustó. M es la otra protagonista de esta historia. Yo estaba a mitad de los 13 años, ella a final de los 12. Cuando dejamos de vernos solo habían pasado unos meses y yo acababa de cumplir los 14. Pasábamos juntos todo el tiempo que podíamos. Paseábamos, nos cogíamos las manos, hablábamos sin parar. Me enamoré de sus ojos grandes y de su cara ovalada y de la línea limpia de su boca y de su conversación. Me gustaba hablar con ella. A ella le gustaba hablar conmigo. De qué hablábamos, no puedo recordarlo. Nos queríamos. Queríamos estar juntos. Nos besamos pocas veces. Yo quería avanzar más deprisa, ella se defendía un poco. Avanzábamos despacio. Me gustaba de verdad. La quería. Quería descubrir todo con ella.

Una tarde tormentosa de verano fui a buscarla a donde solíamos quedar, a unos pasos de su casa. Llovía. Esperé mucho tiempo y fui impacientándome. Esperé mucho, mucho tiempo. Me sirvió solo para recorrer muchas veces todas las posibilidades, sobre todo las más amenazantes. Pero no podía decidirme por ninguna, así que conocí a fondo la incertidumbre. Al cabo de tres horas la vi acercarse. Venía de las vías, acompañada por un grupo de chicos y chicas mayores que nosotros. Debían tener 18 o 20 años. Uno de los chicos la llevaba cogida por el hombro. Me quedé paralizado. Al cabo de unos pasos los ví darse un beso rápido y ella salió corriendo hacia mí.

En los segundos que le costó llegar, yo cerré el guión de mi película. Estaba clarísimo. Ella tenía una vida que me ocultaba, y con alguien mayor que yo, con quien no tenía posibilidad de competir. Me había engañado. No me quedaron dudas. Yo había sufrido la espera. Yo había visto el beso. Luego, en los años siguientes, en los 50 años que siguieron, jamás lo puse en duda. En un instante se decidió mi vida. Aparté a M de mí antes de que llegara jadeando y llorando. Me pedía perdón, quería explicarme lo que había pasado, lloraba, tenía miedo.

No escuché, ni pensé, ni esperé. No ví su llanto ni su miedo. Solo había mi humillación. Y un violento rechazo. Reacción automática de odio. No recuerdo lo que dijimos. No recuerdo ni siquiera el dolor. Solo la humillación y el odio. No podía verla más.

Sí la ví. No recuerdo si una o dos veces, al cabo de unos días. Ella seguía queriendo hablar y explicarme lo que había sucedido. No recuerdo aquellas entrevistas. Solo que no creí ninguna de sus palabras y no cambié mi decisión. En unas horas había transformado el rechazo en verdadero desprecio. Luego ya no volví a verla ni a saber de ella. La sustituí de inmediato por la chica con la que terminé casándome y es la madre de mi primera hija. Las exigencias de la nueva relación y de la vida se extendieron y borraron todo aquello.


Tengo 65 años. Hace un mes no recordaba nada de todo esto. Recordaba a M como la primera si me ponía a pensar en las mujeres de mi vida. Pero no me quedaba ni siquiera recuerdo de todo el sufrimiento de aquella tarde. Ha pasado medio siglo, tres matrimonios, seis hijos y muchas otras personas y cosas desde que la dejé.

Hasta que leí ese mensaje. Me sorprendió mucho y me puso en guardia. No era normal. Tenía que haber una razón muy poderosa para que M quisiera de pronto contactar conmigo. Contesté a su mensaje y nos dimos los teléfonos. Un par de días más tarde hablamos un rato largo. Diez días después nos vimos en Zaragoza, en la primera ocasión posible. Estas dos conversaciones son las únicas hasta ahora. Cuando acabe de escribir esto se lo mostraré y le pediré que lo complete con sus propios recuerdos, si quiere. Me gustaría tener estos recuerdos lo más claros y veraces posible.

Sigue hablando con claridad y facilidad. Sigue gustándome hablar con ella. La escuché y le hablé. Intercambiamos los recuerdos de todo lo que sucedió. En mi memoria se fueron despertando las imágenes que estaban enterradas.

M me dijo que me había encontrado en Facebook por casualidad, buscando a otra persona para su empresa. Me dijo que se había dado cuenta de que necesitaba contarme lo que realmente pasó y reprocharme que no hubiera querido escucharla. Me dijo que es consciente de que aquellos días definieron para siempre su modo de relacionarse con los hombres y su modo de vivir el amor. Me contó cómo recordaba aquella tarde:

Era sábado, sobre las cinco de la tarde. Ella bajó a la calle antes de que yo llegase. Estaba lloviendo bastante. Me esperaba con su paraguas. Pasaron tres chicas, conocidas del barrio pero no amigas. No llevaban paraguas y le pidieron que las acompañase. Las acompañó hasta una casa al otro lado de las vías. Era un guateque. Las chicas la invitaron a tomar un refresco en agradecimiento. Aceptó. Cuando quiso marcharse, encontró la puerta cerrada con llave. Nerviosa, pidió que le abrieran. Entonces empezaron los chicos a reírse de ella y se negaron. Dijeron que tenía que quedarse hasta el final. Se rieron del miedo que pasaba. No pudo convencerlos. Tampoco pudieron las chicas, a quienes no divertía ese juego cruel. Al acabar la fiesta abandonaron la casa, pero no la dejaron libre. El líder de la pandilla seguía intentando alargar ese juego de poder y la sujetaba. Le exigía un beso para dejarla marchar. Ella estaba ya loca de miedo y al verme consintió en dar ese beso y salió corriendo hacia mí.

Mientras me lo contaba se fueron despertando mis recuerdos. Sus zapatos negros de charol, sus calcetines de canalé blancos, sus grandes ojos negros, sus nervios y su llanto, la tortura de las tres horas de espera, la lluvia, la incertidumbre, el cese de la lluvia, el grupo que aparece, el beso rápido, su carrera hacia mí... y ya no hay más. A partir de ahí, no puedo rescatar nada más de la memoria profunda, donde sin duda está enterrado mi dolor, mi desconsuelo, lo que sea que haya sentido entonces y que no pude soportar ver cara a cara.

Ella hablaba y me iba explicando cómo a partir de entonces no ha podido establecer una verdadera relación de confianza con un hombre. Que todas sus relaciones y al final, su matrimonio, han sido distorsionadas por el miedo a la crueldad y al juicio. Que no ha podido entregarse completamente a nadie. Ella iba hablando y yo iba viendo cómo también yo mismo había sido deformado por esa breve escena. Y cómo la verdadera distorsión, la mía y la suya, la había creado mi incapacidad de abrir el corazón y escuchar. Cómo algo anterior, que ya estaba en mí antes, había interpretado los datos que recibía y había escogido unos y despreciado otros para construir una justificación para la muralla de seguridad que se veía obligado a levantar alrededor.

Fue terrible darme cuenta de que no recuerdo en absoluto el dolor, ni el suyo ni el mio. Aún no he podido revivir ese dolor. Las emociones que recuerdo son la ira y el desprecio. Pero debió existir el dolor en mi, igual que existió en ella. Corté el dolor de raíz y lo cambié por ese juicio sin compasión. Fui juez por primera vez, la desterré de mí y sin darme cuenta me condené a mí mismo a la misma pena.

Me dí cuenta de que la escena no había sido la causa de mi interpretación errónea, que había una oscuridad anterior, hechos anteriores, conflictos anteriores o una naturaleza anterior que estaban más cerca de ser la causa. Pero también ví los efectos, los hechos que la escena había desencadenado y que se habían convertido con el tiempo en patrones inconscientes de comportamiento.

No puedo soportar esperar a nadie y mucho menos a una mujer. Si una mujer me hace esperar diez minutos me indigno y empiezo a sentir deseos fuertes de marcharme.

Desconfío de las mujeres. En cada hombre que se acerca a ella veo un competidor. Experimento celos anticipados e injustificados. Necesito que me lo cuente todo. Quiero controlar.
Ante el rechazo, o simplemente la sospecha de ser rechazado, en cualquier circunstancia, retrocedo un paso interiormente y me alejo de la persona. Me instalo en una mirada de superioridad desde la que hablo con dureza y frialdad, eligiendo sin consciencia las palabras que hacen más daño.

Tengo un miedo enorme a que la relación se derrumbe. Es casi una certeza de que saldrá mal. Por eso no llevo nada bien que aparezcan cosas o personas nuevas en el entorno, me siento amenazado. Pero esto es completamente incoherente conmigo, porque soy sociable y tengo un fuerte sentimiento de la importancia de la relación entre personas y de los lazos invisibles que nos unen con nuestros círculos de relación.

Todo esto estaba por ahí abajo, profundamente enterrado y emergiendo de vez en cuando a través de las capas de comportamientos sociales y las ideas de lo que está bien y lo que está mal. En los grupos en que me muevo no está nada bien visto ser posesivo o sentir celos y supongo que intento mantener una imagen de buen chico y mejorarla. Pero con cada nueva relación todo esto tarde o temprano explota. Me veo obligado a verlo. Es inconfundible. No puedo engañarme más. Sale con una fuerza enorme.

Ahora, con la información que me aportó M, estas cosas oscuras empiezan a ser iluminadas. Es un cambio importante. Cuando emergen de nuevo esos fantasmas, los reconozco enseguida y los saludo. Ya sé de dónde vienen y sé que no van a ninguna parte. Aún me causan dolor y me perturban un momento o un rato, pero pronto se van y me dejan en paz. Tengo una de las claves que me faltaban. Esto ha restaurado mi confianza y me ha afianzado en mi propósito de paciencia.

Esto es verdad, pero lo que me parece más significativo es que me ha dado una perspectiva nueva. Creo que en realidad soy yo quien ha movido los hilos de mi vida. Creo que es erróneo pensar que hay factores externos que influyen en mi vida y la desvían. Por ejemplo, no es cierto que el desprecio de mi padre sea completamente responsable de mis oscuridades. Es más bien una figura de poder que he usado en el guión, al idear mi vida. Creo que tenía que vivir así. Creo que he querido vivir así. Creo que estoy justo en el punto en que quería estar.

Al negarme a escuchar, al adoptar una actitud rígida, yo mismo dí origen en mi mente a los modos de pensar, sentir, y reaccionar que me hicieron infeliz toda mi vida y no me permitieron disfrutar de una vida emocional sana. Yo creé mis fantasmas y les dí su poder.

Entonces no he vivido, como parecía, poseído y encerrado por extraños fantasmas. He vivido por propia voluntad experimentando una y otra vez algo que tenía que experimentar, hasta asimilarlo y entenderlo bien. Ya no hace falta seguir. Esa fase ya ha terminado. Ese trabajo está hecho. El sufrimiento vino de no ver el sentido global de los hechos de la vida, al considerarlos por separado como fenómenos, de un modo fragmentado. Pero esa no es su naturaleza. Son expresiones y manifestaciones de un propósito de más largo alcance. Ahora no hay tanto sufrimiento y las apariciones de los fantasmas son menos y más cortas.

Puedo desactivar ahora mis fantasmas gracias a la información que he recibido de personas muy unidas a mí, que yo mismo sincronizo de un modo misterioso, pues se mueven a mi demanda y responden a las preguntas que hago. Ese yo, por tanto, es más amplio y más hondo que yo. Incluye a las personas que amo. Yo no soy solo yo.

Siento que vuelvo a tener una oportunidad de vivir en libertad, de amar limpiamente, de establecer un vínculo de luz con un alma hermana. Creo que ahora es posible. No es seguro, pues el amor es amigo del riesgo y contrario a la seguridad. Pero sí es posible, más posible que nunca. Me siento más ligero, más flexible, más fuerte y más capaz de seguir el camino del amor.

Ahora por fin, no tengo proyecto sino el de abandonarme a este rastro de amor que me llama. Aún queda mucha carga en la mochila. Sé que en este camino de amor la perderé. Así es como debe ser.

9 Bailaste para mí

Bien podrías haberte negado, o haber salido del apuro con unos pocos pasos aprendidos, o haberte avergonzado y no saber qué hacer.

Pero no hiciste eso. Bailaste entera para mí, sin reservarte nada y yo te ví desnuda y libre con mis verdaderos ojos. Fue un acto de entrega silenciosa, un acto de auténtica pureza.

Supe que soy un rey por el poder de tu ofrenda. No hubo en tí vacilación alguna, ni un solo segundo me dejó tu atención. Fuiste el amor, fuiste la vida para mí y generabas vida también para tí misma.

La música seguía. A mí me daba miedo porque quizá te estabas cansando, ibas a desplomarte, o ibas a darte cuenta de lo que estabas haciendo, razonar que yo ya había tenido bastante placer aquella tarde.

Pero seguiste hasta que terminó la música y el vino de tu danza mejoraba con el tiempo y me embriagué de tí y de los movimientos del aire en torno a tí y me sentía envuelto en tu mirada, en tu aliento, en los abrazos invisibles y ondulantes que proyectabas.

Hice un esfuerzo para no levantarme y danzar junto a tí, para no abrazarte y besarte, para no apropiarme del instante. Me quedé allí sentado en aquel éxtasis, adorándote. Refulgías ante mí como el sol. La danza era tuya y me la regalabas, con tal de que no quisiera intervenir. Tú disfrutabas ofreciendo y yo disfrutaba recibiéndote y así debía ser.

Percibía mi sonrisa de viejo tonto. Me daba igual.
Añadir poema

12 La luz que ve

Añadir poema

1 Presagio

Bajo la barca
Imitando tu voz
El mar me llama

2 La mirada del juez

Ayúdame a cazar
La mirada del juez
Antes de que ya sea
Mi mirada

3 Vigilando

Pido un toque de alerta
Cuando hable ese miedo

Quizá ya no es posible saber
De dónde viene

Aún así
Lo dejaré gritar sujeto en un abrazo

Para que no te toque
Y no pueda cercarte de soledad

4 La luz bastante

¡Que el corazón se abra
Antes de que el instante
Se me apague en el tiempo!

¡Tener la luz bastante
Para llegar al corazón helado
Que se esconde
Y sacarlo a vivir!

5 Niño de mes y medio

La mirada al principio
No sabe bien qué hacer
Y recorre las cosas

Esto aún no es buscar
Pero no se detiene
Hasta que fija otra mirada humana

Entonces ya es sonrisa
Reconoce y empieza a perseguir
Lo que ha perdido

6 Te amo

Mi voluntad
Es ser innecesario para tí

7 Tocar el árbol

Corteza y manos
Ni te doy ni me das
Solo contacto

8 Quinta despedida

Ante tí estoy callado
Pues no surgen palabras
Limpias de apego

9 Silencio para tí

Tantas cosas te he dicho
Pero ahora
Simplemente callado
Espero la palabra
Que tú puedas oir
Que yo pueda
Sin avergonzarme
Decir
Ante tí

10 Andar contigo

Danzar contigo
Andar 
Hacia atrás el camino
Devolviendo las cosas a su sitio
Haciendo sitio en mí
Para la vida

11 Recuperarte

A medida que vuelvo atrás
Y me voy divorciando de las cosas
Todo vuelve a brillar
Como al principio

A medida que acojo
La herida del instante
Gracias a tanta muerte tan pequeña
Recupero la vida

Y vuelvo a ser capaz de confiar
Aunque sé que no hay nadie 
Digno de confianza

Ahora no me ofende ni me aterra
La libertad completa
De todos los que amo
Os veo ir y venir
Y no deseo ya lo que no podéis darme

Me dejo ir y venir
Quizá mañana o pronto
Podré ser como el niño que ya fui
Y jugar con vosotros
Como jugaba él
Todos los juegos
Y hacer también un juego
De todo lo aprendido en el destierro

Aún un poco más tarde
Soltaré vuestras manos
Volveré a recogerme
En esa tibia luz
Que estuvo siempre en mí
Y que recuerdo ahora

-Madre
Mientras regreso
Empiezo a repetir
El canto sin palabras
Con el que tú me llamas-

12 Viene a la luz la sombra

Ahora que estoy ardiendo
Regresan a mi vista
Los restos desechados y negados
De todos mis temores
Exigen atención y me reclaman 
Una muerte más viva
Ser una chispa más en esta luz

13 Acabo de tirar la mochila

Acabo de tirar
La maldita mochila
No paraba de sacar cosas inútiles
Y nunca nunca quedaba vacía

14 Estuve desterrado

Estuve desterrado
Perdido entre mi gente
En medio de mis cosas

Como creía
Que un juez sabio me había condenado
Salí en su busca

Cuando lo ví
Solo era un niño
Que temblaba de frío y me llamaba

Ahora está dormido
Entre mis brazos

15 No soy estable

Comprendo que te extrañe todo esto
Porque prefieres un apoyo firme
Pero yo
No trato de sorprenderte
Es que no soy estable
Desconfío de todo lo que perdura
Me da miedo lo quieto
Parece que me acecha
Me gusta cambiar de opinión
De dirección
De música
No llevo cuentas de lo que hago

Y no es que no sepa descansar
-Llevo toda la vida practicando-
Pero al moverme permito que te muevas
Y eso te gusta tanto como a mí

16 Enemigos olvidados

En el tiempo reciente no hago planes
Así que lo que hago
Quizá obedece a planes tan antiguos
Que ya no los recuerdo

17 Rocas en el río

Hay rocas en el río
Son oscuras y firmes
Son calladas y serias
Pero tú 
No las dejas dormir
Con tu alboroto

Hay rocas negras
Como densos apoyos 
De tu danza

Voy junto a tí 
En tu júbilo
Tú me llevas
Me hundes en milenios de milenios
Me das a respirar en lo profundo
El aire transparente de tu boca
Y me quitas el miedo

Hay rocas en el río
Que quieren ir contigo
Disfruto viendo cómo las rodeas
Las acaricias
Cubres y socavas
Haciéndolas arena
Y las llevas
A cumplir su deseo

18 Cú Cú... ¿Quién soy?

El enemigo se equivoca
Dice saber quién soy
Y me lo explica

No me convence
Ese vampiro del espejo sucio
No se cansa de hablar
Pero yo sé quién es
Consigue disfrazarse con mi cara más seria
Y me suelta millones de respuestas
En todas se equivoca

Porque no necesito nada más
Ya tengo mi pregunta
Puedo esperar todo lo que haga falta

Es muy entretenido
Limpiar todos los días el cristal
Con mi hermosa pregunta

19 Mi cuerpo grita

Mi cuerpo dice
Que muerto de dolor
Me va buscando

20 Tiempo

La mariposa
Cruza el sol de noviembre
Buscando abril

21 Manteles blancos

Manteles blancos
Aunque solo has venido
A despedirte

22 Corazón de campana

Cantas adentro
Corazón de campana
Suenas afuera

23 Permite que me quede

Permite que me quede un poco más
Una parte de mí quiere un último abrazo

Sé que me voy a ir y sin embargo
Aún me llaman las cosas que se queman
Los seres que no pueden venir conmigo ya

24 Aire viciado

Abrí todo
Y entró la brisa fresca

Tan mal la amé
Que quise conservarla

25 El secreto

No lo sabía la casa
Ni la cueva
Ni el templo
Ni el camino

Cuando ya no pregunto
El aire de la tarde me lo dice
Y recuerdo
Que siempre lo he sabido

26 Todo el tiempo que existe

Escucha, corazón
Todo el tiempo que existe
Se está acabando

27 Me pesará el aliento

Cuando deje en el suelo
Todo lo que me pesa
Me pesará el aliento
Dejaré de esperar
Os miraré uno a uno
Para quedarme un poco
Mientras la luz se extingue
Abrazando a quien crea
Que acabo de morir

28 Inmóvil

Te imaginaba junto al ruiseñor
Amaba tu invisible cercanía
Y cantaba hacia tí 
Disparaba sin verte
Sin certeza
Por aproximación
Solo sabía que no estabas lejos

29 Primera despedida

Saludo y me despido de los que me reflejan
Y me hacen recordar 
Que en algún otro sitio Alguien me espera

Siento ternura por los que se acercan
Tal vez creyendo que me necesitan
Con suavidad los voy desengañando
Es mi forma de amar

Abrazo a los que se han ido
Y ya son míos para siempre
Celebro su libertad
Y enciendo para ellos mis lámparas de aceite

30 Segunda despedida

Me quedo junto a tí
-Nos vamos juntos-
Una mano será para la tuya
La otra para abrirla
Y no cerrarla más

Mira el suelo a tu lado
Dejo mis huellas para recordarte
Que vinimos buscando alguna cosa
Y encontramos Amor
Y no lo reclamamos como nuestro

31 Lo que no haré

No encenderé una lámpara
Para guiarte a tí

No daré un paso
Para llegar a tí

No llevaré las flores
Al mantel para tí

No te llamaré nunca
Para que me acompañes

No tocaré tus manos
Ni tu anhelo

No te esperaré
No creeré que estás 
O que no estás

No sufriré por tí
Ni para tí

No seré el que te cuida
Te enseña o te protege

No apagaré mi lámpara
No dejaré de andar
No olvidaré las flores
No callaré a mi alma
No soltaré el abrazo
No impediré mi gozo
No negaré el dolor

No estaré nunca lejos
No dejaré de amarte 

-Esta es mi profecía
Lo que sé de la vida
Sin entenderlo aún-

32 Atardecer

Cerca de mi ventana
Esperan los gorriones
Los restos de este día

33 En la línea del alba

Cansado de escarbar
En el sueño de la separación
Acompaño a mi alma hasta la gracia
Vuelvo a ser el que ríe y se desborda 
Vuelvo a ser el que cae y se equivoca
Como un niño pequeño me dejo levantar

Y cada día aprendo
A dar el primer paso
Hacia el abrazo

34 Se aleja del refugio

El se levanta y busca la salida
Se abre a sí mismo como a una puerta
Abandona el encierro
Se aleja del refugio 
Se abrasa en el aliento de la luz

Ya no es un esclavo ni quiere ser un rey
Ya no tiene descanso ni trabajo
No se detiene nunca
No cambia de lugar
Nunca se rinde
Y no se opone a nada

35 Memoria de un destello

El ciclo se ha cumplido
El periodo de ascenso
La breve exultación en el umbral del sol
Y demasiado pronto
La espiral de caída al fango del dolor
La sucia libertad que impide respirar

La triste espera
Quizá otra vez mañana
Pero por hoy
Se terminó el ensayo
Porque no hay fuerza para nada más

Ahora
La memoria del relámpago
Masticando despacio la esperanza
Pesa y ocupa el cielo
Como una torre oscura

36 En espera de algo

Primero hubo un revuelo  entre las hojas secas
Pequeños animales jugaron al amor 
en el alba irisada de esperanza

Después vino la calma
El sueño vacilante que soñé para tí
Conchas y piedras traídas por las olas

Al final -y aún no lo esperaba-
llegó el paquete devuelto con tu nota
Te quiero
Pero

Vino el invierno a derribar las fresas
No se salvó ninguna
Y solo crece el humus en la sombra

El fuego y el agua se conocieron en el altar del encuentro
pero no pudieron llegar a los acuerdos básicos

Y se estrecha la franja de calor
Y la luz fría crece
Sigue creciendo
Nos sujeta 
y nos mantiene lejos

Oh dios, lejos
En espera de algo 
que corre hacia nosotros

37 Ella visita la periferia

Ella ha venido 
Su gentil intención
Me ha visitado

Han venido las manos
Ha venido el cariño
La mujer medicina
Ha venido el cuerpo
El abrazo
Ha venido el plan de salvación
La enseñanza

Han venido los ojos
Atravesando el escudo de estrellas 
Porque ella está buscando
En sus alrededores
Y más allá en el reino del Corazón Alado

Trae sus cosas de siempre
Sus cosas nuevas
Su espejito de niña
Las flores de su falda
Su bolso de baratijas
De la Era de la Iluminación

Ella sonríe cantando
Cae su voz dorada
Y resiste un momento
Sobre la escarcha sucia del camino

Pero trae vacía
La jaula de su pecho
El hueco que dejó al escapar el pájaro
Que ya vive en la tierra luminosa
Y es parte de mí mismo

Siento el peso del pájaro
Los átomos dispersos en el aire
Ella no lo percibe y sufre sin defensa
Sus hombros caen
Sus vértebras se mueven
Temo por todo el edificio y sus cimientos
Mis brazos se preparan para sostener

Ella vuelve la vista
Y se acerca bailando
No para estar conmigo
Solo para ayudarme a renacer
Aún no ha llegado a mí
Y ya pasa de largo
Porque no existo
No existo
Tal vez Alguien le ha dicho que no existo

Medito estas cosas tiritando
Pero aún aferrado 
A los brillos salvajes del deseo
Que mi dulce maestra no sabe cómo hilar
Me lamento
Por los raros colores de mi alma
Que no se ajustan al orden del tapiz

Andando como en sueños
Como desnudo
Como en la cuerda floja
Cruzo los arrabales de la ciudad celeste
Donde no crecen muros
Y todo es una puerta que se abre
Al próximo cuerpo que habitaré
-Confieso que con ella
Si me es concedido-

38 No escucho profecías

No sé leer los signos de los tiempos
No estudio los eclipses 
No interpreto los posos del café
Ni escucho las solemnes profecías

No me preguntes, no sabría decirte
Hace mucho que imito a los tres monos
Me tapo los sentidos que sirven para eso

Muchos dicen que voy hacia el naufragio
Pero voy como siempre hacia el amor
Quizá sea lo mismo

Me advierten de la muerte
Pero yo solo veo una pregunta
que crece y que se cerca
Quizá sea lo mismo

39 Libertad en duelo

Soltar el equipaje no fue tan difícil
No era mío, solo lo había robado
-Ganado con esfuerzo, aciertos y mentiras-

Dejar de depender de mis amigos 
Tampoco fue tan duro
No eran míos, solo creí escogerlos
Poco a poco aprendí un poco de respeto

Dejar de comerciar con el tiempo es un inmenso alivio
No me gusta mi vieja economía de trueque
Amo la dirección única de la luz

Pero hay cosas más serias, por ejemplo
Abrirte -abrir- los brazos por completo
Separar las manos como el crucificado
Dejarte salir sin siquiera querer curar la herida
Recordar que no soy solo Costumbre 
No rechazar la pregunta sin respuesta
Detenerme y beber la sangre del instante
Mirar de frente al loco del espejo

Sé que andaré este camino, pero no sabré andar
Mucho menos podré soportar tu dolor
Que me lleva a la fuente del dolor

Afinaré el silencio hasta que cante
Preguntaré a quien vive en lo profundo
Si es posible deshacer lo que no ha sido hecho
Desconocer lo que se conoció
Desunir lo que es uno
Regresar al refugio
-Aunque no estás allí-

Presiento la respuesta
Porque si tengo que dejarte ir
Querría descansar en algo conocido
Desear sitios y ropas
Volver a vivir como creyendo en mí
Quemarme en esas cosas
Como cuando soñaba y no sabía 
Y podía dormir en el anhelo

Paseando por el filo del horizonte
Declaro todo esto para Nadie
Sé que me escucha y vive como quiero vivir

40 El asunto de la liberación

Oh dios
Oh maestro
Haz esto para mí
Que todos a mi alrededor se iluminen
Que todos mis hermanos y amigos sean santos liberados
Y ante todo, señor, mis enemigos

Así podría yo seguir viviendo
Como un embustero borracho lamentable
Gozar de la entusiasta compasión de todos

Volver a vivir como siempre
Engañarme a mí mismo con alguna mujer
O algún otro plan entretenido
Separar otra vez la vida de la muerte
Hacer como si esta vida esta muerte
Fueran cosas leídas en los libros

41 La campana lejana

Creo que fue real
El fuego del instante
Creo que nos sacó de las costumbres
Y engendró un cuerpo único 
Dime qué crees tú
Dime si fue real
O algo que quise creer
Y aún creo

Pegado a mi camisa como el humo y el pan
Queda el olor del día que fue hoy
Dime si hoy es suficiente para tí

Quisiera saltarme esa campana
Que el bronce no envuelva mi corazón
Que mi voz no se hunda bajo el hielo

Cántame amor con la luz de tus manos
Abre los ojos para mí
Como si aún no me conocieras

Déjame creer una mañana más
Que la campana está ahí
Que yo estoy aquí
Y que tú estás más cerca

Mírame en la oscuridad
Háblame a la distancia del aliento
Para que pueda seguir siendo un hombre vivo
Un hombre incompleto
Un hombre perdido
Un hombre con esperanza

42 Tal vez quieras descansar

Querido amigo
¿No se te enfría el té?
Has dado muchos pasos hacia mí
En consecuencia ahora estás muy lejos

Has sido un buen discípulo
Has considerado seriamente mis preguntas
Me has traído respuestas razonables
¿Aún no estás cansado de estos juegos?

43 Camino de la laguna

En el anochecer de la laguna
Supe que existe un cuerpo
Que mi alma comparte con la tuya

Habló para nosotros
Una voz que callaba para el planeta entero

Fuimos niños amantes como antorchas
En el cielo apagado
No nos pudo encontrar aquella tarde
El mar de muerte que nos perseguía
No había un sueño del que despertar

Cuando la noche se cerró por dentro
Solo quedó la luz latiendo entre las manos
No supimos qué hacer con esa luz
Nunca pudimos habitar en ella

Y nunca más he vuelto a estar contigo
En el anochecer de la laguna

44 Con la Vida y en tí

Con la vida sin tiempo
Estoy en cada vida
En mi tiempo de vida
Estoy solo contigo

45 Viento detenido

Entre la luna llena 
Y el ocaso
Se ha detenido el viento

46 Ligero

Cuando corté la tela de la noche
Tú viniste brillando a visitarme
Para que pudiera conocer la soledad

Desde entonces no puedo
Recordar dónde puse la botella
Ni regresar al mundo de los hábitos

Por eso voy andando
Y mi sangre se pierde
El camino desierto canta alegre
No sé adónde me lleva, pero canto con él

47 Qué pasó con las ideas

Me fumé casi todas las ideas
Y no importa
Las echo de menos muy poco

Me comí casi todas las certezas
Y no importa
Voy bastante mejor sin todo eso

Me bebí una gran parte del dolor
Pero de vez en cuando tengo sed
Y siempre llevo a mano una botella

48 Tendría que morir

Me despierto en la playa
Entre las otras cosas dejadas por el mar
Una concha vacía
Movida por el agua parece que respira
Anhelando que vuelvas a tocar
Con tus ojos su vida imaginaria

Debería dejar aquí el teléfono
Pues se ha tragado todas mis palabras
Y no han llegado a tí

Tendría que olvidar los poemas de Rumi
Con los que mantenía semivivo
Mi corazón en tu altar memorial

Debería cargar de arena mis bolsillos
Que tus manos de brisa no puedan levantarme
Que la tristeza no vuelva a convertirse en amor

Debería vivir ya solo en mí pero dónde viviría
Reconstruirme pero no tengo planos
Levantar nuevos muros pero qué proteger
Seguir las habituales normas de poder y de ausencia
Alimentarme y seguir siendo sólido
Aprender a fingir que podría afrontar un día más

Dado que ya estoy visto y olvidado
Imaginado, escrito y comentado
Y tu Genio del aire no puede conceder
Mi deseo profundo

Pero será mejor que todos vean
La puerta transparente
Y puedan decidir si vienen junto a mí
A vivir en el ancho vacío que me llena
Yo lo prefiero así
Y de cualquier manera
No tengo fuerza para nada más

49 ¿?

Si no tengo raíces
¿Qué hace aquí la nostalgia?
Si todo es soledad
¿A dónde va este anhelo?
Y si no te conozco
¿Por qué voy hacia tí?

50 En lo frágil

Sé bien lo que es
Ser vivo y fuerte
Vivir con gratitud
Mover lo que me es dado
Hacer y deshacer
Apoyando las manos en el mundo

Pero cuando me veo junto a tí
Suelto las riendas
Caigo y me abandono
Arraigo en lo más frágil
Crezco al revés
Y me atrevo a vivir lo que no sé

Bien dispuesto a morir
Acepto una ancha vida sin proyecto
En el vacío hago mi casa
Y no le pongo forma a lo que espero
Porque contigo voy

51 Mi maestra de vuelo

Tú sabes que conozco tus caminos
Por eso no me esperas
Danzas mirando al cielo
Como una garza joven
Que desea volar
Sabes que me abrazaré
Al aire que remueves

Y tu cuello se tensa
Tus alas 
Agitan en el aire su deseo
Tu mirada me ata a la ceguera
Y avanzo un paso más allá de todo

No sabes dónde vas
Pero sabes que te acompañaré
Hasta que hallemos una luz sin sombras

Me levanto contigo sobre el mundo
Y ya libre te entrego
Mis manos encendidas
Sabes que ya conozco tus caminos

52 Vuelvo al jardín

Hoy he vuelto al jardín
Y rodean mi cuello
Tus brazos que desean
El sol que traigo del desierto

Sediento y vivo
Entro para tejer 
Mi aliento con el tuyo

Y veo que tus ojos
Han hallado descanso
Porque ya estoy aquí

Lo que mi corazón 
No sabía pedir
En tu presencia se abre

53 Tercera despedida

La nube de palabras
Que venía conmigo
Va a deshacerse en lluvia

54 Tu presencia

Cuando este cuerpo duele
Tú estás en mi silencio
Permaneces abajo
Ordenando los hilos

Cuando este cuerpo llora
Y todo se deshace
Las ideas doradas
Las altas ilusiones

Y en esta piel se astilla
El corazón de hielo
Y la luz y las sombras
Parecen enemigas

Cuando este cuerpo sabe
Que va a morir y pide
Conservar por un día
La visión y el aliento

Cuando este cuerpo suelta
Las cosas que ha querido
Y va olvidando todo
Recuerdo que soy tú

O que no sé quién soy
Que no soy nada sólido
O que somos lo mismo
Que solo soy contigo

55 Llegar y darte gracias

Sin cantar Sin hablar
Solo cubrir tus pies
Con restos de color
Como las hojas secas

56 No hay hogar

No hay hogar permanente
No hay juntos
No hay contigo
Y tampoco hay camino
Pero hay un tenso anhelo
Que no deja dormir
Hay deseo de algo
Algo extraño Algo mío
Algo tuyo Algo en pie
Algo que está naciendo
Y echa a andar
Algo que nada sabe
Y no descansa

57 ¿Quién es este?

¿Quién es este que soy?
¿Quién es esta que espero?
¿Dónde está nuestro cuerpo?
¿Dónde está nuestra casa?

58 Sombra de mariposa

Es efímero el vuelo
Es cada vez más breve
El ciclo de pensar, recordar y cantar
Saltar al sol
Apreciar los colores
Las formas de las cosas
Unir la voz al flujo de las voces
Y enseguida
Aflojar y olvidar
Y caer en el río

Cada vez más ligero el movimiento
Menor la resistencia
A morir y nacer
Menos sólido el ser
Y más clara y presente
Esta conciencia de transformación

Hoy soy un poco más ajeno a mí
Así que veo más desde todos los ojos
Y sé que estoy desnudo ante vosotros

59 Esfuerzos inútiles

Me duele
Y me sorprende
Y ya no lo esperaba
El tiempo no ha pasado
Todo está como el día que me marché
Cuando quise comprar mi pequeño descanso.
Pagué con casi todo mi tesoro
Pero no he conseguido cambiar nada
Ni siquiera ha caído el polvo en esta foto
La luz no se ha comido los colores
Y estoy aquí, mirándola
Otra vez aquí
Siempre
Parado a media altura
Un gran copo de nieve
Cayendo sin llegar
Las promesas, La esperanza, La sangre, Todas las caras
 Todas las sonrisas. 
Los proyectos. Y toda la intención. 
Y toda la atención. Todo el deseo. 
Lo que hago. 
Y las personas que amo. 
Las personas que me aman. 
Este momento. Todos los momentos. 
Este momento, que ya estaba allí.
Lo que se derrama, lo que huye. 
Cada respiración desde el nacimiento hasta hoy. 
Están llorando. Claramente Llorando. 
Se oye todo ese llanto por debajo del ruido.
Y las puertas se callan y se duermen, 
Las ventanas se oscurecen, 
Los metales se oxidan, 
Los ojos callan. No saben nada. No preguntan nada. 
No tienen nada para mí. 
Este es mi premio. 
Este silencio que oprime  y cierra el corazón del mundo.

60 Ella lava su sonrisa

Ella está sonriendo como todos le piden
Ocupa el sitio que le asignan
Reina triste cubierta de brocados
Quizá se siente mal
Se hace algunas preguntas
Pero recita los salmos aprendidos

Aún sujeta el espejo que le han puesto en las manos
Para que tenga presente su pecado
Se siente en deuda con todos porque le permiten vivir
Y el miedo es como tiza en sus mejillas

No quiero ver esa sonrisa pálida que no es suya
Quiero verla reinar pero en su vida
Oír su voz de llamas plateadas resonar en los bosques
Su voz fuerte guiando el canto de los lobos

No tengo en cuenta esta pérdida de sangre
Prometo que abriré las cerraduras
Y estaré siempre cerca para amar sus invisibles lágrimas
Solo me alejaré para arrojar mi muerte sobre sus enemigos

61 A ningún precio

Caminaré contigo
Hasta que se termine 
Todo lo que me pesa

No lo conservaré
Lo perderé a tu lado
Nada quiero ganar

Mi libertad será
Tu libertad 
Hasta el último paso

62 Te extraño

Te extraño. Veo caer
La pátina del tiempo
Sobre la herida azul

63 Llegas hasta la orilla

Llegas hasta la orilla de mi cama
Y me dices que no existe la muerte
Eso significa algo para tí
Pero a mí no me dice nada
En eso no te veo
Con eso no disfruto

Estaba esperando que intentaras cruzar
Que quisieras morir nadando hacia mi soledad
Pero seguramente estás segura
De que la soledad tampoco existe

Es difícil decir algo que llame la atención de un moribundo
A menos que renuncies a clavar tus pies en el terreno
Y abras todos los ojos menos los que miran
Todas las manos menos las que hacen
Y te entregues al aire que te quiere llevar
Justo a donde no quieres

64 El río

Yo siempre estoy aquí
Pero no como el agua
Ella sabe fluir en la presencia

Llegar, estar, marcharse nada significan
No se detiene nunca
No hay tiempo para ella 

Nada quiere alcanzar
De nada huye

Por miedo a la sed de otros días
Quisiera retenerla para mí
Pero cuando lo hago
Oigo su grito de dolor
Y se me abren las manos

65 Si fueras solo tú

Si fueras solo tú
No dolerían tanto
En mi espalda 
Las llagas de tu espalda

66 En tu calma descanso

¡Me alegra tanto tu alegría!
¡Me pone tan alerta tu dolor!

Pero más hondo aún
Debajo del origen
En tu calma descanso

67 Duermes

El árbol que te sueña
Te conoce en el agua
Que le lleva el sabor de tus raíces

El animal que duerme junto a tí
Va fundiendo en tu mano su cabeza
Su tibieza se extiende como un rastro

El ángel que te mira desde el fulgor azul
Es quien pone en tus ojos la sonrisa
Sabe que pronto volarás con él

Aún no ves al amado que te espera
En tí misma, en el centro de tu luz
Te llama aunque sois uno desde antes del principio

68 No voy solo

El río va callando poco a poco
La luz del sol es cada vez más clara
Y la barca está lista

En lucha contra tí he llegado a la orilla
Queriendo algo de tí
Deseando vencerte
Pues no podía ver que me bastaba
Conocerme en tus ojos

Eres una conmigo
Y no voy solo
Nunca estuve solo

69 Cuarta despedida

Ahora voy a partir
Solo queda el deseo 
De recordar tus ojos
Y encontrarte de nuevo

70 Celebración diaria

Por la mañana sube con esfuerzo las cuestas hacia el sol
Por la tarde se suelta en las aguas ligeras del torrente
Por la noche descansa en el camino
No son sus enemigos los que vienen y van

Hace las cosas que la vida quiere 
Comparte lo que hay
Disfrutando con gozo que no es suyo
Llorando con tristeza que no es suya

No hay nada que sea su cuerpo
Nada que sea su alma
Nada que sea su espíritu
Nada es que se pueda conocer

Si aún es algo, es un ligero velo
Que rodea y contiene la gratitud vacía
Y espera el viento que se lo llevará

Celebra que no tiene nombre 
Y por eso
Todos sabéis quién es

71 Limpios

Limpio de expectativas
Abro ante tí mis manos
Sin saber para qué las necesitas

Llena de confianza
Abres las manos
Sin saber lo que ofreces

72 Aunque voy solo

Me acercaré hasta el mar

73 Te veo sonreir

Sonríes en medio de la noche
Y no lo sabes
Te sorprende cuando te lo digo
No te puedes mover -atada a tu dolor-
Pero estás sonriendo

Preguntas -pero aún no a gritos-
Cómo puedes salir de tu prisión
Y yo no puedo darte la respuesta
No consigo decir que bastaría
Dejar caer los remos y abandonar la barca
Que impide que te ahogues en un mar de alegría

Yo sin temor espero 
A que a través del agua puedas verme
Y en la noche que avanza
Te veo sonreir

74 He guardado unas gotas de silencio

De los espacios entre las palabras
He guardado unas gotas de silencio

Son demasiado pocas
Querría un poco más

Tal vez una infusión de flores de cerezo
En una tarde amable

O sin tiempo tus manos
Dormidas en las mías

75 Sigo siendo del aire (canción de la frontera)

No me quedo
Entro y salgo
Me muevo entre las cosas
Sigo siendo del aire

Fue para despedirnos?
Fue para conocernos?
Quizá fue para nada
Pero quizá no importa

Eres tú la que viene?
Es tu sangre mi sangre?
Ni cantar ni callar
Alivian mi esperanza

Este pueblo es el mío?
Es mi gente esta gente?
No me puedo quedar
Como me piden

El aire es mi maestro
Me muevo con el aire
Y cuando el aire quiere
Acaricio la tierra

Sabiendo que no hay modo
De arraigar

76 Un vagabundo crea los desiertos

Crees que soy un viejo peregrino
Pero ya no es así
Yo soy un verdadero vagabundo
Y no quiero llegar a ningún sitio

Vienes a verme al borde del camino
Porque sabes que he vivido tanto
Vienes a oír un canto sabio y dulce
Para tu corazón que quisiera olvidar sus heridas
Viejas historias llenas de hallazgos y emociones
Que completen lo que traes y hablen de tí
O te ayuden a verte como crees que eres
O te muestren cómo has de vivir

Pero en lugar de eso
Hoy le quito la música a mi canto
Voy a cantarte el humo que sube a mi garganta
El trazo del cometa que a cada vuelta olvida su camino
La añoranza imposible de lo que desconozco
El ácido sabor que me desvela y me mantiene andando
La frontera del sueño y la vigilia
-Ya que has amado, escucha
El rumor de avalancha que rompe mis entrañas-

No me queda otro canto que cantar
Y todo lo que estaba dormido en suelo fértil
También se ha levantado y va conmigo

Todo lo que he dejado
Los asuntos de hacer y deshacer
De temer y querer 
De afirmarse o cambiar
De matar o morir y germinar
De ser feliz o hacer feliz a alguien
De curar y enfermar 
De parar y seguir
De ganar y perder y compartir
De querer olvidar y recordar
De aprender y saber y enseñar
De buscar y encontrar

Las mujeres amadas, los amigos, los hijos
Que avanzan y se buscan solos en la tormenta
Los muertos de mi vida -mis propias vidas muertas-
Las trampas que solía confundir con refugios
-También quienes se acercan a mí como a un refugio-

Lugares que quedaron congelados
A pesar de mi esfuerzo y mis hogueras
Puedo cantarlos ya porque no estoy allí
-He alcanzado esa meta
A cambio de no estar en ningún otro sitio-

Soy cualquier vagabundo
Voy por cualquier camino como este
Y soy lluvia de arena que desfigura estatuas
Y desmorona templos

Y si es verdad que escuchas
Se romperá tu corazón
-Porque duelen las alas-
Y serás vagabundo 
Sin remedio

77 Cuando sales de tí

Cuando sales de tí
Yo que ya estoy desnudo
Me alegro de abrazarte

78 Vendrás

Traerás en tí misma
Ese fuego que buscas
Y yo sabré quién eres
Y me quemaré en tí

Y quedarás vacía
Te llenarás de todo
Irás alegre y simple 
A cumplir tu deseo

79 Marzo

El vendaval se lleva las flores del cerezo
La lluvia hace brillar el tronco negro

80 La casa

1
Un hombre salió de su casa.
Sabía adónde iba
Pero no encontró nada
Volvió deprisa -estaba arrepentido-
Pero ya no tenía coartada
Ya no podía amar
Ese solar vacío entre los muebles
Y lloró su desgracia

2
Un hombre estaba ahogado
Dio fuego a sus costumbres y se fué
Iba por ahí aprendiendo a respirar
Se lavaba los ojos en los torrentes
Trataba de no oír los ecos de las cosas
Y buscaba muy lejos algo desconocido
Lo dio todo por ese bien lejano
Sabía
Que le sobraba todo si no tenía aquello
Y no lo consiguió
Pero murió ligero

3
Un hombre se sentaba al pie del árbol
En la tarde tranquila
De un impulso la rana se hundía en el estanque
Los trinos de las aves eran parte del aire
Y la campana estaba allí sin acercarse
Miró las brasas de la hoguera: eran brasas 
Miró el humo: era humo
Puso más atención
Se acercó la campana
En las brasas y el humo
Había una sonrisa sin propósito
Se levantó 
Hizo un té 
Puso dos tazas aunque estaba solo
Y se sentó otra vez al pie del árbol

4
Un hombre ya no estaba
La tarde estaba sola

81 Carta de despedida Para Alberto

Vivías con esfuerzo
Para poder hacer las cosas más sencillas
Ponías atención en cada aliento
Seguir latiendo era la batalla sin tregua
A veces por pudor disimulabas
Querías ocultar tu frágil corazón
En certeras palabras
Que nos herían con su lucidez

Pero te conocíamos
Habíamos visto lo que te asediaba
Y te amábamos
Nos importaba más tu corazón sin límites
Que el corazón que se moría en tí

Muchas veces sabías y callabas
Casi siempre 
Lo  que mejor hacías
Era callar
Tu silencio
Hacía resaltar
La torpeza de todas las palabras

Apreciaba 
La lucidez de ese silencio tuyo
Que me inquietaba a veces
-A veces
Habría preferido que fuera de ignorancia-

Ahora no sabemos dónde estás
¿Estás en esa cumbre y nos esperas
Silbando el aire del atardecer
-Hablando el soplo del conocimiento-
Con tu flauta de caña?

¿Aún te mueves despacio?
¿Con tus pasos compruebas
Las proporciones de la casa eterna?
¿Tienes esa sonrisa divertida
Y medio borde? 
¿La fe de siempre?
¿Te impacientan nuestras vacilaciones
Y el ritmo lento de nuestras ideas?
¿Estás en las hormigas y en los gatos?
¿Escuchas?
¿Duermes aún?
¿O ya proyectas
Lo que vas a pintar 
En tu pequeña parte del tapiz
Cuando vuelvas aquí?

Bien quisiera saber cómo decirte adiós
Cómo reconocerte 
En futuros jardines o batallas
Cómo cantarte bien, sin ofender
A tí y a quien te llora

No lo tengas en cuenta 
Pasa por alto
Que no pueda decir lo que mereces
Está tu muerte demasiado cerca
Y de tu vida real -la cotidiana- solo sé unos detalles 

Acaso un poco más
Del amor y la alquimia del color
Los números y el orden del misterio
El respeto a tu cuerpo
Y a los distintos templos de la Vida
La cerveza y el vino en vasos de amistosa intimidad

Y la fidelidad y la ternura
El compromiso de abrir e iluminar
Los espacios en que nos encontrabas

Y esas palabras
Que alguna vez nos llevaban a alturas excesivas
O nos ensombrecían un momento

Pero sé que conozco lo esencial
Ese brillo en lo oscuro de tus ojos 
Esa forma consciente de respirar la vida

Te conozco y te añoro
-Serio, lúcido, alegre-
Ya desde que tu chispa ha vuelto al fuego
Y no puedo volar con ella sin quemarme

Igual que me sucede con todos los que amaba y que se han ido
Te has llevado un pedazo de carne de mi carne
Y has dejado un remiendo en estas alas 

82 Tu nombre tan pequeño

Además de tu nombre de paloma
Tan frágil y pequeño
Qué me queda 
De lo vivido ayer
Que no se haya llevado
El río de la vida

Qué pocas cosas quedan
Además de tu nombre
Despojado de sílabas
Vacío de carne
Hecho
De distancia y renuncia

Flor de paz en el miedo
Diminuto refugio
Caverna para el fuego
Que respetan las fuerzas
Que me atacan

Pequeña luz 
Que ya no significa
Nada sino yo mismo
El vacío del alma
Que casi ya no abraza
La existencia

Además de tu nombre
Qué querría decir
Cuando ya todo canta
Desde lejos

(Cuando el molde de llamas
De la vida
Se enfría
Y veo este brillante 
Y silencioso cielo
De sincolor azul
Como el recién nacido zafiro
De tu nombre)

83 Cogiste el autobús

Tú soltaste el abrazo
Cogiste ese autobús 
Que espera en todas partes
Con el motor caliente
Para alejarnos de lo insoportable

Solo estuve un momento
Escuchando el temblor
Y seguí este camino que habíamos pactado
-Hermanos en el alma-
Con una sola norma de amor 
Que en esos días llamábamos
Respeto

Las etapas
Eran y son confusas 
La meta, clara:
Hasta el finisterre

Volví a andar sin mi luz
Y sin criterios
Solo quedó como suceso guía
Sentir
Que disminuye el peso 
Que llevo a las espaldas
Y que tu voz me llega más ligera y más limpia
Cada vez que la oigo por teléfono

Aunque lo olvide todo
Aunque no sepa ya muy bien quién eres
Ni quién soy yo
-¿Debo desconocerte
Y volverte a encontrarte?-

Aunque no llegue nunca
Aunque llegue a cansarme 
Y se borre la meta
Y deje de esperar 
que me estés esperando 
en algún sitio
-¿Estás donde yo estoy 
Y aún no puedo verte?-

Aunque mi corazón
Por fin limpio
Se muera o vuele
Y no te necesite
Algo seguirá andando hacia el abrazo

Aunque toda mi obcecada visión
Sea un error
Y ya seamos uno desde antes del principio
Y el mundo ya se haya consumido hace tiempo
Y solo sea preciso
Detenerse un momento
Reajustar los sentidos
Recuperar la fe
Y abismarse otra vez
Al lado de las almas huérfanas
Que se acercan

84 Canción de la frontera

Durante mucho tiempo no lo ví
Pasé de largo y tuve que volver tantas veces
Andaba para huir
Hacia un país distinto
Donde no llegarían las sombras 
Y no habría agonía

Cuando me despertaba en el mismo lugar
Trataba de entender en qué había fallado
Y volvía a buscar

Pero el camino es este solo paso de ahora
Y no miles de pasos pasados o futuros
Y la frontera ya no es una línea en el suelo
Sino el lugar eterno y espacioso
Donde voy a vivir

85 A punto de beber

A punto de beber 
He recordado
Que soy yo mismo el vino

86 Paradoja

Soy muy hábil para dar lecciones
A cambio de este don
Me resulta difícil distinguir la verdad
-Aún la más pequeña-

87 Hoy recuerdo tus ojos

Entre las algas
Dos peces que se buscan
Mueven el agua

88 La llave

Es todo muy sencillo
Tú pasas junto a mí
Y yo te reconozco
Sé que me traes algo
Que necesito

Al principio
Me confunden tus ojos
Tu sonrisa
Tus manos
Eres
Tan familiar
Tan mía desde siempre
Que no entiendo el pasado
Ni el futuro sin tí

Y entonces pasan cosas
Cosas que disfrutamos
Y cosas que nos hieren
Las que deben pasar
En el templo sin muros
Donde nos compartimos

Pasa todo en el tiempo
Pero el tiempo a tu luz
Se deshace de planes y cadenas
Se limpia
Muestra horizontes simples
Y cercanos

La luz que traes
Es tan blanca que duele
Y al principio
Solo se ve el dolor
Pero tu llave ardiente
Abre
Mi sombrío equipaje
Y da fuego a la ropa vieja
Que ya es inútil

Y en el fondo de todo
Entre cenizas
Brilla
El oro de mi llave
Que es ya toda mi carga

Empiezo a andar ligero
Como está escrito y quieres
Dejando que me vean
Todos los que temía
Y la misma llamada tuya
Canta en el aire
Y ellos me la cantan

A la voz del misterio que nos mueve
Se han acercado muchos
Y ahora que no tengo
Nada que defender
Y que ya no estoy solo
Es todo muy sencillo

Ahora más que nunca
Te reconozco en mí
Hago tus cosas
-Es decir, mi trabajo-
Cantas mi canción
-Por nombrarla: Tu gozo-
Y a nuestro paso
Todo se despierta

89 Sábado Santo (canción de la frontera)

Algunos días son Sábado Santo
No digo Víspera de la Luz
Sino temblor de pájaro
Herido en tierra helada

Algunos días calla la esperanza
Y te quedas ahí con el fracaso
Algunos días rompen los espejos
Y la soledad es lo que te nombra

No ayuda la memoria
-Tantas muertes pasadas
No suavizan la muerte de la última ilusión-

La confianza crece a un lado de la vida
Al otro lado aumenta 
-Con simetría que te desconcierta-
El archivo de lágrimas
Las aguas movedizas de todo lo negado

Algunos días
Si no duermes, contemplas estas cosas
Si tienes fuerzas para no escapar
Rescatas estas cosas 
Las traes ante tí
Las ves de cerca

Mientras dura
Este sábado negro
Este día que no cierra su herida
Y que se lava con su propia sangre
Tú compruebas que no te has conocido
Que no vives la vida que deseas
Que finges muchas cosas
Que te has mentido 
Y has mentido mucho
Que te has querido poco
Y has hecho daño
Y no te lo perdonas
Que eres pequeño y frágil 
Que te avergüenzas hasta de tu nombre
Que no sabes vivir
Y no te lo mereces

Aunque has aprendido
Que nada es permanente
Y algunas otras cosas
Que ayer te consolaban
Y recuerdas el lunes y el domingo
Ahora todo eso son palabras
Y te juras que nunca
Nunca más
Confiarás en ellas

Pero nunca se cumple lo que juras
En el Sábado Santo
Porque este día tiene
Gran resistencia a entrar en el recuerdo
Y la luz de la aurora lo quema en un instante
El prefiere esconderse
Debajo de las piedras del desierto
Y volver a morderte el talón por sorpresa
Después de cualquier viernes

90 Mi amada y yo (canción de la frontera)

Mi amada fluye en mí
Y yo me extiendo en ella
Como una frontera que se ensancha 
Como un río 
Que se desborda y pierde las orillas

Ella respira en mí
Yo bebo en ella
Como penumbra y luz
Como desierto y agua

Me rescata del aire
Me trae lo que es mío y despreciaba
Y descanso en el suelo que temía hasta ayer

Yo le muestro su cielo
Le canto las canciones que perdió
La pongo ante sí misma 
Y ella se reconoce

Entre los dos
Ensanchamos la tierra
Entre los dos 
Se cumple el plan que amamos
Y no es nuestro

91 Fin de la tarde

Me quedo solo.
Del leño que resiste entre las brasas
brotan pequeñas gotas.

92 Voy a seguir cavando

Quiero mirar más hondo en mi desierto
Saber si de verdad 
Fluye en lo oscuro un río
Y es la llamada de sus aguas
El canto que me acuna

93 Luz que juega en tus manos

Juego en el aire
A remover las hojas del castaño
La luz me arrastra
Bailando con las sombras
A lo recién nacido de  tus manos

94 Soñé que habíamos sido separados

Había salido a tumbarme en la noche y ver el cielo. Estaba solo, lejos de mi casa y te necesitaba. 

No me sentía bien. Creía que mis piezas no estaban bien unidas. Que entre los dos tenemos solo un alma que no sabe crecer en tierra firme y un cuerpo dividido en ciudades distintas.

Que así, estando tan lejos, no íbamos a saber vivir. Que así, con estos ojos, no podríamos vernos nunca más. Que Alguien nos condenaba a vivir como estrellas separadas en las esquinas de la oscuridad.

Creí que era real la estrella peregrina que se quema cantando como la fruta abierta. Que era real también la pálida, paralizada estrella que no puede responder a la llamada, pero tampoco puede irse a otro cielo (porque le gusta tanto ser amada).

Era noche cerrada. Nada más se veía.

Creí que estaba dividido, que estaba solo, lejos de mi casa y te necesitaba.

Soñé que decidía despertarme. Y esa parte del sueño aún no sé muy bien cómo soñarla. Aún no la he soñado bastante.

95 La distancia

Para que sean amados
Estos seres que habitan la distancia
Estás lejos de mí

96 Colores en el agua

Está brillando aquí
Tan cerca
Lo rodean mis brazos
Un pequeño ataúd
Lleno de flores blancas
Y de lágrimas rojas
La tierra negra aún no lo conoce 

[A mezclar los colores viene el agua
Para hacer todo uno está lloviendo]

Hoy crees que estás sola
Abrázame en la lluvia 
Que nos aleje de las llamas frías
Y que nos lleve adonde va esta carne

Abrázame en el agua
Que está arrastrando todos los recuerdos

[Para el abrazo está cayendo el agua
Para el corazón seco está lloviendo]

Con prisa te guardamos 
En la pequeña caja
Para que no te vayas

No sabemos qué hacer con la certeza
De que estás ya muy lejosl

[Para guiarte está cayendo el agua
Y para acompañarme está lloviendo]

¿No me pondré la túnica del río?
¿Seguiré aquí flotando donde ya no te espero?
¿Podré dar otro paso más allá de este pozo?
¿Habrá más tarde paz? ¿Habrá risa? ¿Habrá fuego?
¿Encontrarán las aves ramitas para el nido?
¿Seguirá viva la danza sembradora?

[Para la paz perdida está cayendo el agua
Para la vida ausente estás llorando]

El pequeño ataúd era una barca alegre
Con vela de guirnaldas 
Hecha para llegar al cielo de los niños

Un vendaval de dudas la ha dejado
Varada en las arenas de mi pecho

[Con tu cuchillo cortas la nube blanca
En cada gota siembras corazones de estrella]

Manos de sombra excavan en la sombra
Atraviesan el cuerpo que duele y se deshace
Más hondo aún hacia la luz que espera

La mirada sin ojos reconoce a los suyos
En cada ser que toca

[Llueve la claridad sobre las almas 
El agua lava el rostro de los muertos]

Entregarás las últimas defensas
Dejarás que el silencio
Cierre los labios de esta herida
Y guardarás su voz en tu palabra
Para seguir al lado de los que vienen
Aturdidos aún por el fragor del agua

[Agua del río antiguo
Que se mueve debajo de mi fuego
Para llevarte a donde quieres ir]

97 Campanadas

Primera campanada
Te despertó la sombra
Del callejón azul

Salías de algún sitio
Ibas a alguna parte
Yo solo caminaba
Me puse junto a tí
Donde estaba sonando
La campana

Segunda campanada
Ya no amabas la casa
Pero querías amar
Dudabas a la puerta del jardín
Pero querías descanso
Y el sol quemaba el suelo 
Pero querías andar

Así que te llevé 
Por los surcos del aire
Y las lluvias del aire
A regar tus deseos
Que ya estaban sembrados

Campanada tercera
Dentro y fuera de tí
Tormentas y desiertos
Están ante tus ojos
Y tú los atraviesas
Aunque duelen

Amo ver tu valor
Y ver tus manos 
Que han soltado los muros de la casa
La sombra del jardín
La imitación del recordado amor
Y esperan ya
La cuarta campanada

98 Oyes mi alma

Canta el alma al oído
Tú -tan lejos- despiertas

99 Tú que esperabas sola

Hoy que vuelvo despierto
Veo que has sido libre desde siempre
Y libre me esperabas
Para que yo supiera que mi nombre es Amado

Te encontraba encerrada
Bebiendo y rellenando
Grandes vasos de sombra
Esperabas mi vuelta
Y solo yo podía abrir las cerraduras
Pero temía tanto
Recordando
La doble noche de mi rendición

Yo descansaba un poco
Olvidaba quién eres
Y salía a buscarte
En todas las fronteras
Pero siempre volvía 
Más herido y más débil
Más loco y empeñado
En afilar las armas

Hoy he vuelto despierto
Y soy libre y amado
Y no recuerdo nada real 
Ni quiero nada

100 Las palabras

Las palabras solo hablan de sí mismas
No de cosas reales o gente verdadera
Rápidas y vacías se deslizan
Invaden los sentidos
Y parece que se enroscan en todo

Yo creía decir lo que veía
Pero hablaba de mí
(de las palabras en que aprendí a ocultarme)

Qué poco me apetece hablar de las palabras
Adiós
Con esto es suficiente

101 Te sabes la canción

Yo no paro de hablar
Y sin embargo me conoces bien
Te sabes la canción
Que yo no sé escribir

102 Esa parte de mí que no es una palabra

Esa parte de mí
Vive fuera de mí
En el fondo de mí
Como una luz que vé

Sin intención alguna
Se extiende y se disuelve
Canta desde las ramas
Sube desde la hierba

Camina por lo eterno
Sin mirar dónde va
Su paso marca el ritmo
Del corazón del mundo

Cuando lo sé, lo pierdo
No significa nada
No puedo recordarlo
Ni apresar su consuelo

La alegría que siembra
Deja sangre en mis ojos
La muerte que me trae
Los convierte en sonrisa

103 Noche

Los pájaros que duermen
Incuban en sus nidos
El esplendor del día
Como una gema oscura

Seguiré caminando
Aún lejos de tí
Cayó la noche

104 Están inquietos

Están inquietos
Hoy se mueven mucho
Todos los seres que hay entre tú y yo
Como cuando se acerca
Una tormenta
Un despertar
O un beso

105 Me pregunto

Decía algunas cosas
Y me callaba otras
Ahora me pregunto
Por qué me parecían diferentes

106 Cara y cruz

Si estás confuso y quieres elegir
O si otros te obligan a apostar
Mira bien la moneda
Cara y cruz
Comparten corazón

107 Parece que se van

A veces las cosas parece que se van
A veces nos parece que dejamos las cosas
Cuando esto sucede cientos, miles de veces
Parece que las cosas están mucho más cerca
Parece que nos hemos unido con las cosas
Añadir poema